Donar órganos es un gesto de amor

Por: Felipe Medina

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“Tenemos que explicar que donar órganos es un gesto de amor, pero entrar en una espiral de comercio y venta es un crimen”. Papa Francisco-

La Iglesia Católica  parte de la sentencia bíblica del libro del Éxodo 20,13 “No matarás” para tratar cualquier tema que tenga que ver con la dignidad de la persona humana, defendiendo la vida desde la concepción y todo el desarrollo embrionario, pasando por las conductas sociales derivadas de la cultura de la muerte, hasta la muerte natural de la persona humana. Siempre defiende la vida, pero también, exige el respeto de  toda investigación científica –dentro de los criterios éticos-  con la vehemencia que defiende la vida.

La donación de órganos y el trasplante de los mismos son visto como legítimos por la iglesia católica, tanto en los documentos pontificios como en los discursos papales. Juan Pablo II nos recordaba que “la donación de órganos realizada de una manera éticamente aceptable, con la misión de ofrecer una oportunidad de salud, o incluso de la vida misma, a los enfermos, los cuales algunas veces no tienen otra esperanza, es plenamente lícita” (EV, 1995)

El trasplante de órganos es conforme a la ley moral y puede ser meritorio si los peligros y riesgos físicos o psíquicos sobrevenidos al donante son proporcionados al bien que se busca en el destinatario. Es moralmente inadmisible provocar directamente para el ser humano bien la mutilación que le deja inválido o bien su muerte, aunque sea para retardar el fallecimiento de otras personas.

Los trasplantes “son legítimos –moralmente- por el principio de solidaridad que une a los seres humanos y de la caridad que dispone a donarse en beneficio de los hermanos sufrientes” (Consejo Pontificio para la pastoral de agentes sanitarios). La donación de órganos es un modo de realizar nuestra vocación al amor, ofreciendo una parte de nosotros mismos para dar una oportunidad de salud y de vida a nuestros hermanos. El criterio ético fundamental es la defensa y la promoción de una vida integral para el ser humano, de acuerdo con la dignidad única que le corresponde en virtud de su humanidad y que se nos revela con la encarnación, la muerte y la resurrección del Hijo de Dios.

La condición ética necesaria es que los órganos vitales únicos en el cuerpo, sean removidos solamente después de la muerte; es decir, sólo una vez que conste con certeza que el individuo ha muerto. “Actuar de otra manera representaría causar la muerte del donador intencionalmente para disponer de sus órganos”, nos lo recuerda el Papa Juan Pablo II.

En este sentido, se debe tener claro cuando se puede afirmar que una persona está muerta para realizar la ablación de los órganos, ya que debido a la desproporcionada relación entre la demanda de órganos y la disponibilidad de los mismos, se corre el riesgo de promocionar los trasplantes sin criterios éticos, lesionando la dignidad humana. Estas conductas adquieren formas de tráfico de órganos y un comercio ilegal, gravemente inmoral y violador de la dignidad de la persona humana. Los órganos humanos no son ni deben ser objetos de intercambio comercial. Peor aún si, aprovechando la situación de extremada pobreza se pretende herir la dignidad de las personas con un comercio infame.Otra conducta que hay que rechazar es la manipulación y experimentación con embriones humanos ya que la dignidad humana exige que nunca usemos a una persona, aunque esté en etapa embrionaria, como medio para la salud de otros.

La Iglesia promueve la donación de los órganos y sus trasplantesya que los mismos ofrecen la oportunidad de salud y de vida. Es necesario, más allá de las leyes crear una verdadera cultura dela donación de órganos entre nosotros.

* Lic. en Ciencias Religiosas

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