Vacaciones. El arte de detenerse y reflexionar

Por: Miguel Pastorino

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Uno de los problemas que se plantean permanentemente en la vida de muchas personas es el equilibrio entre la vida laboral, la vida familiar y el tiempo personal. Pero en la mayoría de los casos la raíz del asunto está en la incapacidad para priorizar lo realmente importante, especialmente el cuidado de la propia vida.

Y es que cuando algo es realmente importante para nosotros, encontramos tiempo para ello. ¿Cuánto tiempo nos dedicamos?

Normalmente lo importante suele postergarse por las urgencias, y así se resiente la salud y nuestras relaciones con los demás.

De hecho es la familia quien suele pagar el alto precio del desgaste de sus integrantes. ¿No sería necesario parar de vez en cuando? ¿No será que hemos olvidado la importancia de hacer pausas en la vida cotidiana? ¿Habremos olvidado el arte de detenernos?

Podemos creer que rendimos bien en nuestro trabajo y que logramos nuestros objetivos, pero en el camino nos vamos olvidando de cuidar la vida que sostiene todo lo demás.

¿Cómo cuidarnos mejor y no caer en un desenfrenado activismo?

La recomendación desde los antiguos filósofos, hasta los expertos en medicina laboral, es aprender a hacer pausas en el día a día. Es una antigua y sabia costumbre hacer una pausa en medio de cualquier actividad y tiene sus grandes beneficios.

Filón de Alejandría (siglo I d.C.), entendió el descanso como una actividad sin esfuerzo, como un hacer creador en un estado de calma. Para el filósofo judío solo el hombre irracional está agitado, mientras que el sabio sabe descansar para entrar en contacto con su propia creatividad.

El arte de detenerse

La palabra pausa en su origen griego (anapausis) remite a “reposo”, “interrupción”, “descanso”. En la antigüedad se entendía la pausa como un hacer creador, como una interrupción sanadora.

Específicamente es interrumpir lo que se está haciendo para hacer algo totalmente diferente.

Si bien hay muchos ejercicios que pueden realizarse para descansar psicológica y físicamente, la pausa siempre debe incluir lo opuesto de lo que se hace en el trabajo.

Si hemos estado sentados frente a una computadora, la pausa no puede ser un video juego, sino ponerse en movimiento. Si hemos estado hablando mucho, la pausa debe ser el silencio. Si hemos estado leyendo mucho, la pausa no es leer otra cosa, sino hacer algo distinto.

Los que trabajan con un gran desgaste físico, su pausa es la quietud. Quienes están trabajando solos, su pausa tal vez requiera el contacto con otros y si es al revés, que se trabaja con mucha gente, la pausa será de un rato de soledad reparadora.

En muchos trabajos quienes no respetan las pausas, son quienes aumentan los riesgos de accidentes, además de volverse menos eficientes en su tarea y con más descuidos.

Muchas empresas empezaron a incorporar tiempos de meditación o de relajación, debido al estrés que sufren muchas personas durante todo el día.

Sin lugar a dudas que el contacto con la naturaleza, con sus sonidos y armonía es un excelente remedio para interrumpir nuestra vida saturada de tecnología, por eso a la hora de elegir las pausas largas (vacaciones o un fin de semana), es importante no ir a un lugar similar al que vivimos siempre, porque seguiremos sobre-estimulados.

* Sacerdote uruguayo.
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