El análisis de Sergio Rubin

El perdón sin olvido, como eje de la reconciliación en Colombia

Por: Sergio Rubin

El paso de Francisco provocó un enorme entusiasmo y con sus gestos y palabras tocó el corazón de muchos colombianos. El Papa Bergoglio hizo una catequesis sobre el perdón en varias entregas, acompañada por el testimonio de vidas conmovedores.
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Parece prematuro evaluar los resultados del viaje del Papa a Colombia respecto del proceso de paz. O qué consecuencias tendrá su visita en una dirigencia y una sociedad profundamente dividida sobre los maltrechos acuerdos de paz entre el gobierno y las FARC, luego de que el año pasado en un referéndum ganara ajustadamente el rechazo a ellos.

Lo que sí puede afirmarse es que el paso del pontífice provocó un enorme entusiasmo y con sus gestos y palabras tocó el corazón de muchos colombianos. Ver ayer el fervor de los habitantes de Bogotá que se volcaron desde muy temprano a las calles para despedir a Francisco que en papamóvil iba al aeropuerto para viajar a Cartagena –la última escala del periplo- impresionaba.

En ese contexto, Jorge Bergoglio hizo -dicho en términos religiosos- una catequesis sobre el perdón en varias entregas, acompañada por el testimonio de victimarios que pedían perdón y víctimas que perdonaban, que conmovían. Pero el principal opositor a los acuerdos, ex presidente Alvaro Uribe, se mantiene en sus trece, si bien asistió a la misa que el Papa ofició en Medellín, sus pagos. Pero no a la cita con la sociedad civil, en Bogotá, donde se hubiese encontrado con el gran impulsor de esos acuerdos: el presidente Juan Manuel Santos.

Acaso el primer fruto de la prédica del Papa -gran promotor del proceso de paz- a favor de la reconciliación en el país sea la sorprendente carta que el líder de las FARC, Timochenko, le envió esta semana pidiéndole su perdón. Pero para el Papa el proceso de paz tendrá futuro en la medida en que el espíritu reconciliador embargue a toda la sociedad.

“Los caminos de pacificación, de primacía de la razón sobre la venganza, de delicada armonía entre la política y el derecho, no pueden obviar los procesos de la gente. No se alcanza con el diseño de marcos normativos y arreglos institucionales entre grupos políticos o económicos de buena voluntad”, dijo ayer.

Un espíritu que ciertamente debe alcanzar a víctimas y victimarios porque en sus casos el dar el perdón y la disposición a recibirlo es personal. También lo dijo ayer Francisco: “Este camino de reinserción en la comunidad comienza con un diálogo de a dos. Nada podrá reemplazar ese encuentro reparador; ningún proceso colectivo nos exime del desafío de encontrarnos, de clarificar, de perdonar”.

“Las heridas hondas de la historia precisan necesariamente de instancias donde se haga justicia, se dé posibilidad a las víctimas de conocer la verdad, el daño sea convenientemente reparado y haya acciones claras para evitar que se repitan esos crímenes. Perdón, no olvido”, completó. ¿Una utopía? Sólo el tiempo dirá si este viaje inauguró una era de paz en Colombia. Algo es seguro: Francisco introdujo el valor del perdón en una sociedad que no hablaba de perdón.