Miércoles 19.12.2018

EN MEDIO DEL DEBATE DEL PROYECTO EN EL SENADO

Gestos de Cambiemos a la Iglesia para bajar la tensión por el aborto

A título personal, varias figuras que se oponen a la legalización se mostraron tendiendo puentes para cuidar el vínculo. Entre ellas se contaron la gobernadora Vidal y el jefe de Gobierno porteño, Rodríguez Larreta. El análisis de Sergio Rubin en Clarín.
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Pese a que Jaime Durán Barba le habría asegurado al presidente Mauricio Macri cuando habilitó el debate en el Congreso sobre la legalización del aborto que, según sus famosos focus groups, la Iglesia perdió en los últimos años predicamento en la sociedad y que no había que temer una confrontación, varios conspicuos miembros de Cambiemos no sólo están preocupados por el estado del vínculo sino que vienen haciendo gestos para bajar la tensión.

Con todo, esos gestos –protagonizados por figuras que se oponen a la iniciativa legal y que tienen una histórica buena relación con la Iglesia y el propio Papa Francisco- son a título personal, no por un pedido de Macri, pudo establecer Clarín. De hecho, uno de los primeros de esta saga, el viaje el mes pasado del secretario de Culto de la Nación al Vaticano, Santiago de Estrada, para reunirse con el pontífice, fue por iniciativa propia, según aclaró el funcionario.

El lunes pasado, al salir de la catedral de La Plata tras asistir al tedeum por el 9 de Julio, la gobernadora María Eugenia Vidal se fotografió con un pañuelo celeste, el emblema de quienes se oponen a la legalización del aborto, junto a un militante “pro-vida”. En junio, Vidal se había reunido también con el Papa junto con la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, pero en sus cercanías se aseguró que no se trató el aborto, sino la asistencia social.

A su vez, en el tedeum en la catedral metropolitana y delante del arzobispo de Buenos Aires, cardenal Mario Poli, el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, tuvo una fuerte actitud religiosa, al consagrarse "al Sagrado Corazón de Jesús por medio del inmaculado corazón de María". "Quiero presentarme ante Dios –dijo- como Jefe de Gobierno consagrando mi vida, mi gestión y la Ciudad de Buenos Aires al cuidado del Sagrado Corazón de Jesús”.

Este miércoles, más de 20 diputados del oficialismo y de la oposición que votaron contra la legalización del aborto –entre ellos Carmen Polledo, Ezequiel Fernández Langan, Karina Molina, Juan Aicega, David Schelereth, Lucas Incicco, Pedro Pretto, Cornelia Liermann Schmidt y Jorge Enríquez, de Cambiemos- concurrieron a la sede del Episcopado, convocados por los obispos, que querían agradecerles su voto.

La semana pasada, la ministra Stanley había aceptado en una reunión con los movimientos sociales, por pedido de estos, la presencia del obispo de Merlo-Moreno, Fernando Maletti, pese a que días antes, en un encuentro organizado por la Pastoral Social, su presidente, monseñor Lugones, había cruzado a Vidal durante un panel. En aquella ocasión, la gobernadora dijo que en materia social “hay que estar y hacer” y Lugones le retrucó: “Y también sentir”.

La actitud de Lugones disgustó al Gobierno y determinó que varios obispos se comunicaran con Vidal y otros exponentes del oficialismo para disculparse. De todas maneras, la gobernadora asistió al tedeum en La Plata, mientras que la vicepresidenta Gabriela Michetti hizo lo propio con el que se celebró en Tucumán, no así el presidente. Otro oficialista que buscó tender puentes fue el senador Esteban Bullrich, al igual que el jefe de su bancada, Federico Pinedo.

El malestar de la Iglesia con el Gobierno, y en particular con el presidente, fue especialmente porque habilitó el debate de la legalización del aborto sin haberlo planteado en la campaña electoral. Y porque consideran que no fue prescindente durante la votación en Diputados, cosa que la Casa Rosada niega de plano. Pinedo asegura que en una reciente reunión, Macri le aseguró que de ninguna manera va a influir en la votación en la cámara alta.

La catarata de declaraciones de los obispos de los últimos días evidenció que la Iglesia salió a jugar fuerte ante una votación que se presenta muy reñida. Si finalmente se aprueba la ley –el Gobierno ratificó esta semana que no la vetará-, habrá que ver si las gestiones de los oficialistas para distender permitirán restañar las heridas.

Fuente: Clarín y VR