Entrevista al nuevo presidente de la CEA

"Hay un deseo de poner al Papa a uno de los costados de la grieta"

Lo dijo monseñor Oscar Ojea, considerado muy cercano al Papa. Por otra parte, consideró que la reforma previsional es impopular y lamentó que no haya tenido más consenso. No obstante, dijo que lo obispos se sintieron escuchados en la reunión con Macri.
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Sergio Rubin


-¿Usted era el candidato del Papa para la presidencia del Episcopado?


-Yo me enteré de que era candidato cuando a unos meses de las elecciones vinieron a verme algunos obispos amigos y me lo pidieron con el argumento de que era un hombre de consenso que podía hacer una gestión equilibrada. Entonces manifesté mi disposición para lo que quisiera la asamblea de obispos.

-Se decía en ese momento que el Episcopado no estaba acompañando con intensidad las líneas del pontificado de Francisco…

-Muchos de nosotros pensamos que el magisterio del Papa hay que profundizarlo y que eso nos lo debemos como Iglesia en la Argentina. Pero creo que la mayoría del Episcopado anhela ir a una efectiva plenitud de lo que el Papa propone.

El Gobierno tiene que estar preocupado por su elección?

-Yo no me asusté…

-Lo que pasa es que en el Gobierno ven al Papa como crítico de Macri y pueden pensar que como usted tiene gran sintonía con Francisco, tendrá también una actitud crítica…

-Creo que para entender al Papa hay que leer su magisterio. Y hay que leerlo bien. Pienso, sinceramente, que el magisterio del Papa en el país no está lo suficientemente leído. La figura del Papa está afectada en la Argentina en particular por algunos medios que, sobre todo, se detienen en anécdotas sobre Francisco. Si sonríe o no sonríe, si entrega un rosario o no lo entrega, si recibe más a políticos de un sector y no de otro… Llegó a ser identificado como partícipe de una línea interna de un partido de la Ciudad de Buenos Aires. Pienso que ese modo de tratar al Papa fue esmerilando su figura en algunos sectores e hizo difícil que se lea bien su magisterio.

-¿O sea que se lo redujo a lo político y, más aún, a lo partidario?

-Creo que en la Argentina hay un deseo de ubicar al Papa en uno de los costados de la grieta para dañar su figura.

-¿No faltó acaso que la Iglesia en el país explicara sus gestos? Por ejemplo, ¿cuándo recibió a Hebe de Bonafini, por lo que tanto se lo criticó, no debieron los obispos haber hablado del perdón?

-Creo que opinar acerca de a quién el Papa debe recibir y a quién no, responde a una especie de alma autoritaria de los argentinos. Tenemos que respetarnos más. Si el Santo Padre recibe a una persona o recibe a otra, seguramente lo hará por una cuestión pastoral.

-Hay quienes dicen que el Papa es peronista y que, por eso, no lo quiere a Macri.

-Considero que esa interpretación es errónea. Es desconocer lo que el Papa está proponiendo y está diciendo. En esto puede haber también errores nuestros de comunicación, que es fundamental, en cuanto a hacer entender su palabra, a hacer accesible su magisterio. Lo que le está diciendo al mundo.

-Hay muchos que están molestos porque recibió tantas veces a Cristina Kirchner.

-Supongo que tenemos que tener la capacidad de no mirar como una ofensa el hecho de que el Papa reciba a alguien que para algunos sectores puede ser considerada como adversario político o como queramos calificarla. De lo contrario, es negarle al Papa la posibilidad de reunirse con quien cree necesario…

-Se dice que Francisco la recibió varias veces como un modo de apuntalarla ante el temor de que no terminara su mandato…

-Es probable que sí.

-¿Cómo les fue a los obispos en la reunión del martes con el Presidente?

-El diálogo con el Presidente fue franco y cordial. Nosotros pudimos exponer cuáles eran nuestras preocupaciones y nos sentimos escuchados. Lo primero que le dijimos es que no somos ni técnicos ni políticos, sino pastores y que, desde ese lugar, queríamos señalar algunas cosas. Entre ellas, la reforma previsional. El presidente y sus ministros dieron algunas respuestas.

-Parece que a ustedes no les gustó la reforma previsional. Dijeron al salir que el mayor esfuerzo lo deben hacer los que más tienen…

-En realidad, le dijimos que la Iglesia tiene una gran capilaridad y por eso estamos en contacto en nuestras parroquias con muchísimos centros de jubilados, con grupos de la tercera edad, que abundan en las parroquias. Nuestros sacerdotes, nuestros obispos saben perfectamente que esta ley es impopular porque así fue entendida por muchísima gente. Habrá que ver si esto más adelante se revierte.

-Pero cuando ustedes se lo dijeron la reforma ya era ley…

-Lo que pasa es que la reunión estaba programada desde hacía tiempo y terminó cayendo el día después de la sanción. Por eso, en un comunicado anterior dijimos que hacían falta consensos amplios, porque así lo exige un proyecto de ley que puede afectar a los más vulnerables, que puede tocar una sensibilidad tan profunda. Cuando decimos amplios consensos no nos referíamos solamente a los consensos políticos o parlamentarios, sino con organizaciones de la sociedad civil que estaban profundamente interesadas en el desarrollo de esa ley y que también podían aportar lo suyo. Eso le dijimos al Presidente.

-¿Y qué les respondió el Presidente?

-Que él tenía sus tiempos. Y que ése era el tiempo que se habían fijado en el Gobierno para poder sacar la ley.

-Los expertos dicen que con el nuevo sistema de calcular los aumentos, cuanto menos durante los primeros meses de vigencia de la ley, los jubilados perderán ingresos…

-El Presidente nos dijo que él confiaba en que con el tiempo iba a mejorar la situación de los jubilados.

-¿No cree que algunos sectores de la oposición quisieron aprovechar eso para promover un caos y hacer tambalear al Gobierno?

-Nosotros no vamos a renunciar a nuestro deber de decir desde el Evangelio y desde nuestra lectura de la realidad, más allá de que por decir alguna cosa podamos ser utilizados. Eso ya no depende de nosotros.

-Las protestas derivaron en mucha violencia…

-Una violencia atroz. Yo estuve dos horas viendo la televisión y era realmente impresionante: los cascotes, las piedras… La cantidad de gente herida, los policías heridos, todo eso fue una cosa horrenda. Frente a esto nuevamente diría lo que dice nuestro magisterio de los años ’70: la violencia no es cristiana ni evangélica. Tenemos que encontrar caminos alternativos.

-¿Usted cree que todo fue espontáneo u organizado?

-No sabría decir. Simplemente sé lo que vi por televisión…

-¿Y qué opina del desempeño de las fuerzas de seguridad?

-Nosotros pensamos, y se lo dijimos al Presidente, que es fundamental cuidar mucho la formación de nuestras fuerzas de seguridad respecto al modo de responder a las situaciones de violencia. Que esto es algo sumamente delicado y que con el modo de hacerlo podemos irritar a la población.

-¿Qué le provoca decir que tengamos un 30 por ciento de pobres y que la mitad de los chicos menores de 14 años sean pobres?

-Como decía (el cardenal de Buenos Aires, Mario Aurelio) Poli en el Tedeum del 25 de Mayo de este año, de tanto acostumbrarnos a mirar la pobreza desde los números nos olvidamos de lo que es la pobreza. Y nuestro deber de pastores es acompañar esas situaciones. En los años 70 hablamos mucho de los pobres, pero estuvimos poco con ellos. A mí me parece que lo que tenemos que hacer ahora es estar mucho más con los pobres y hablar menos de ellos.

-El Papa y la Iglesia en el país están muy cerca de los llamados movimientos sociales y populares. ¿Por qué?

-El acercamiento se explica por una auténtica lectura evangélica de la realidad. En América latina ha ido creciendo la cantidad de hermanos nuestros que no trabajan, no estudian, no tienen posibilidades… Hermanos que no están asociados a ningún sindicato, que están desprotegidos. Entonces, que de alguna manera la Iglesia no escuche, no aborde la situación de estos hermanos sería estar en contra del Evangelio.

-La semana pasada ordenaron al primer cura villero y los propios villeros, en un hecho inédito, lo sacaron en andas de la catedral porteña…

-Tuve el privilegio de estar en esa ceremonia y ser co-consagrante de monseñor Gustavo Carrara. Nunca había visto en la catedral tanta presencia de nuestra villa con una gigantografía del Papa Francisco que era una maravilla. A mí me pareció una ceremonia muy festiva y al mismo tiempo muy religiosa.

-A propósito, la Iglesia habló mucho en las últimas décadas de la corrupción y ahora hay unos cuantos presos por esa acusación. ¿Qué piensa?

- Nosotros abominamos de todo lo que es estafar al Estado, al pueblo argentino. También reconocemos que necesitamos una Justicia verdaderamente independiente y que no responda a una agenda política. En gran parte de la población se cree que la Justicia está atada a una agenda política y esto tenemos que revertirlo y debemos ayudar a revertirlo. La falta de confianza en la Justicia es enorme. Entonces, frente estos casos, la población se divide. No se piensa en la corrupción en sí misma, sino solamente si se está de un lado o se está del otro.

- Imposible terminar sin preguntarle sobre la visita del Papa al país. ¿Está más cerca?

- No sé. Nuestro deber es instalar que no es tan importante la visita del Papa en comparación con poder encarnar su magisterio, que tiene una fuerza impresionante. El magisterio de Francisco lo va sobrevivir. Y si viene es para que el Evangelio pueda ser vivido mejor por su pueblo.

- ¿Qué le dice a la gente que cree que no viene porque no lo quiere a Macri?

- El Papa nos quiere a todos de verdad. Me consta por conocerlo personalmente en profundidad cómo considera a su pueblo. El va a venir cuando lo crea conveniente. Mientras tanto, preparemos la visita viviendo más hondamente la palabra de Dios.

- Pero desde la propia Iglesia se dice que el principal escollo es la tensión, la grieta, porque podría empañar su visita…

-De nuevo: él va a ver cuál es el mejor momento. Confiemos en que venga.


De un cantito peronista a la Biblia de madrugada
Oscar Ojea se topó con la grieta de su tiempo cuando por su edad aún no tenía cabal consciencia de ella. Es que, como su niñez y adolescencia las pasó en el Barrio Norte de Buenos Aires, con frecuencia se cruzaba a jugar al fútbol con los chicos de los conventillos lindantes con la avenida Alem. Y un día, al volver a su casa, dejó estupefactos a sus padres con un cantito revelador de la antinomia de la época: “Los bigotes de Palacios sirven como escobillón para barrerle la vereda a Juan Perón”.

Pero no fue la política lo que terminó enganchando a Oscar Ojea, sino la religión. Fue a partir de los 15 años cuando accidentalmente cayó en sus manos una Biblia (pese a que era miembro de la Acción Católica, el clero de aquella época no ponía en manos de los fieles las Sagradas Escrituras). Y se pasó casi toda la noche leyendo un tramo del Evangelio que lo atrapó al punto de desoír el clamor de su compañero de cuarto, uno de sus cinco hermanos, para que apagara la luz de una vez. Poco después estaba ingresando al seminario porteño.

Hijo de un médico descendiente de gallegos con varias generaciones en el país, Ojea -de 71 años- lleva 45 años de cura desde que fue ordenado en 1972. Un tiempo en el que pasó por varias parroquias de Buenos Aires hasta que el entonces cardenal Jorge Bergoglio lo eligió en 2006 como uno de sus obispos auxiliares. En 2009 pasó a ser obispos coadjutor con derecho a sucesión de la relevante diócesis de San Isidro, en reemplazo de Jorge Casaretto, quien estaba llegando a la edad límite de 75 años.

Inicialmente, Ojea no la tuvo fácil en San Isidro. Un grupo de padres de un colegio acusaban a un sacerdote de la diócesis de gran trayectoria de conductas impropias con alumnos y clamaban por su apartamiento, mientras que otros defendían su inocencia. El nuevo obispo no dudó: siguiendo el protocolo diseñado en la última década por el Vaticano ante delitos sexuales, lo suspendió y abrió el camino para un juicio eclesiástico que terminó encontrándolo culpable y disponiendo su expulsión del ejercicio del ministerio sacerdotal.

Además, de su labor en la diócesis de San Isidro -una vasta zona que abarca de Vicente López a Tigre, con grandes contrastes sociales-. Ojea se desempeñó en los últimos años como presidente de Cáritas Argentina, la gran organización solidaria de la Iglesia, con más de 30 mil voluntarios.

Hombre de diálogo y búsqueda de consensos, dice que le duelen particularmente las divisiones políticas que lo retrotraen a su niñez. Por eso, cree que la Navidad es un tiempo privilegiado para avanzar en la amistad social. “El Papa dice que la Virgen María es la única que puede transformar una cueva de animales en la casa de Jesús con unos pobres pañales y una montaña de ternura”, dice. Y completa: “Los argentinos, mirando a la Virgen, debemos transformar nuestras familias y nuestra vida social con esa montaña de ternura”.


Fuente: Clarín