Miércoles 13.12.2017

JUDÍOS

Isaías, el profeta de la paz

Fue uno de los mayores visionarios del Pueblo de Israel, que anticipa el triunfo de Dios y, por tanto, el fin de la guerra.
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-- Por Tzvi bar Itzjak --

El ritual de la tradición judía indica que durante el servicio matutino de los sábados, después de leer una sección de la Torá leemos un párrafo de algún libro de los Profetas. Según los intérpretes bíblicos, esta costumbre surgió como respuesta al decreto que prohibía la lectura del Pentateuco, establecida por el conquistador helenista Antioco Epifanes (215-164 a.e.c.).

Durante las próximas semanas, se estará leyendo al profeta Isaías, hijo de Amotz, quien vivió durante el siglo VIII a.e.c. y fue uno de los mayores visionarios. Su mensaje sereno lo convirtió en uno de los libros más populares. Su concepción monoteísta resulta notable, tomándose como modelo para las 3 religiones monoteístas, cuando expresa de manera preclara «Yo soy el primero, y yo soy el postrero, y fuera de mí no hay Dios».

Vivió en una época en la que Israel se encontraba aprisionada entre Babilonia y Egipto, las dos grandes potencias en decadencia en el mundo antiguo. Fue un período en el que en Israel se había constituido una poderosa clase social de nuevos ricos, propietarios y latifundistas. Y como era de esperarse, el exceso precipitó una crisis de idolatría. Era el reinado de Ajaz e Isaías narra cómo este soberano, agobiado por las amenazas de varios ejércitos aliados, despreció el auxilio del Todopoderoso, motivo por el cual fue castigado severamente.

El libro comienza exponiendo que existe un plan que se realizará en el «Día de Dios», en el que Jerusalén se convertirá en el centro del mundo. Ese día todas las naciones vendrán a Sion (Jerusalén) para recibir instrucción, pero primero la ciudad debe ser escarmentada y limpiada del mal. Se invita a los israelitas exiliados en la Babilonia opresora a unirse a este plan, cuenta cómo Dios hará regresar a los exiliados redimidos, habla de la fidelidad a Dios por parte de Ezequías (quien destrona a Ajaz) y señala que la restauración de Sion estará ocurriendo porque El Creador del Universo, ha designado al monarca persa Ciro como el mesías prometido y el constructor del Templo. Continúa con una exhortación a Israel a mantener el pacto y termina ordenando justicia mientras suceden las etapas finales del plan, incluyendo la peregrinación de las naciones a Sion y la realización del reinado de Dios.

El mensaje profético de Isaías resulta trascendente, porque predice de manera esperanzadora, que más allá de la oscuridad de los siglos, en una mañana despejada, toda la Gloria Divina cubrirá la tierra. “Y será en ese momento que el hombre convertirá su espada en elementos de arado y, eternamente, nadie más se preparará para la guerra”. Que su lectura nos inspire a abandonar la violencia y mejorar nuestra convivencia.