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Islam y bioética: ¿Qué dicen las normas jurídicas?

El Centro Islámico de la República Argentina difunde los principios que rigen para los musulmanes en los temas concernientes al principio y al fin de la vida.
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En aras de dilucidar la mirada islámica en lo que concierne al tema bioética e Islam, de cara al debate sobre el aborto en la Argentina, el Centro Islámico de la República Argentina difunde los siguientes puntos.

La base del Islam es el monoteísmo absoluto: Dios uno, único e indivisible; es el «Absoluto, Creador y Señor». La fe islámica es «genuina y original». No es una reforma de una doctrina religiosa preexistente en la península arábiga, ni una filosofía importada de otras civilizaciones adaptadas a los requerimientos del lugar y del momento histórico, sino, más bien por el contrario, toda una ruptura con los moldes reinantes en otros lugares o épocas hasta la llegada del último Mensajero Muhammad donde se establece finalmente todo el Islam.

Lo más característico de la fe islámica es su rechazo a toda mitología, leyenda, tradicionalismo, superstición y mitificación de la persona, sea esta quien sea. El Islam no pone los milagros al servicio de la predicación porque no considera al milagro como una evidencia intelectual.

La doctrina islámica no es ni racionalismo científico y puro, ni fideísmo ciego, ya que adopta una actitud racional en todo lo que concierne a las dificultades de la vida y una actitud transracional en lo que concierne al más allá.

Tampoco es una doctrina idealista utópica ni, por supuesto, realista condescendiente y sometible a situaciones adversas e impuestas, ya que no se mueve en el horizonte del realismo teórico, sino en el del realismo práctico compatible con la esfera de los principios y valores del Islam.

Uno de los fundamentos de la fe islámica es creer firmemente en la Resurrección universal (cuerpo y alma) y en que el designio de Dios, en lo que a la muerte se refiere, es un hecho real en el lugar y el momento previamente designados. Por lo tanto, estamos requeridos a prepararnos para la muerte en cualquier momento, con optimismo y resignación. No obstante, esta actitud no debe alterar en ningún caso nuestra tarea principal: trabajar para vivir y hacer vivir en las mejores condiciones. Según aconseja un conocido hadiz: “Trabaja para este mundo como si no murieras nunca y trabaja para el mundo venidero como si fueras a morir mañana mismo”.

El ser humano está dotado por lo tanto de una inteligencia que le capacita para concebir la realidad y de una voluntad que le otorga la libertad de escoger el camino que desee. No obstante, esta libertad de acción determina la responsabilidad y la imputabilidad de la propia persona y de las autoridades competentes (responsabilidad compartida), o sea, sólo el conocimiento y la libertad hacen del hombre un ser responsable de sus actos en la medida en que ambos se realizan voluntariamente.

“Dios no exige a nadie más de lo que puede llevar a cabo.
Pero para cada cual, el bien adquirido y contra cada cual, el mal cometido”. (Corán 2.286)

El hombre, al ser responsable solamente de sus actos, puede cometer (no contraer) errores. Sin embargo, tiene el camino abierto, sin intermediarios, para corregir voluntariament, su conducta y reparar los daños causados a sí mismo o a un tercero. Pero, en caso de que no lo haga voluntariamente, no se le deberá permitir eludir la justicia institucionalizada y, en el supuesto de poder eludirla, de ningún modo podrá eludir la Justicia Final.

La Salvación está íntimamente vinculada, única y exclusivamente, a la obra personal de cada uno, de modo que la pertenencia a una religión, etnia o clase social no representa ningún crédito para la Salvación.

Para nosotros, los musulmanes, a excepción de la buena obra personal, ningún rito religioso (circuncisión, bautismo, etc.) tendrá validez para inclinar la balanza de la justicia divina a favor de una persona, sea quien sea.

“Que la retribución de cada cual depende de su propia obra y que su obra será expuesta ante Él y que Él procederá a retribuirle lo justamente merecido.” (Corán, 53. 39‑41)

Tampoco creemos que sea posible que una persona interceda a favor de otra. No habrá ni intercesor (excepto con el permiso de Dios) ni redentor fuera de la obra personal realizada en vida.

“Guardaos del día en que nadie podrá hacerse cargo de lo que haya cometido otro, ni se aceptará rescate ni intercesión alguna. Nadie podrá ser socorrido entonces.” (Corán, 1. 123.)

De este modo se enfatiza en que la justicia es el valor supremo de la doctrina islámica.

El derecho islámico, como se ha aludido anteriormente, antepone el interés y el derecho del vivo al del muerto e incluso al del potencialmente vivo, como es el caso del embrión o feto. De esta base jurídica derivan las normas legales desarrolladas por los juristas islámicos sobre la deontología y la bioética medica –entendida esta última como la disciplina que estudia los problemas éticos que se plantean en las investigaciones biológicas médicas: una especie de ejercicio de razonamiento jurídico‑científico colectivo–.

Lo más importante en la jurisprudencia islámica es conocer a fondo el por qué, o sea, el fin que el científico pretende conseguir a través de sus investigaciones.

Si el fin es noble, si no se pretende perjudicar ni agredir los derechos naturales del ser humano, la jurisprudencia islámica le da vía libre para seguir su tarea.

Así, de los principios jurídicos sobre los cuales se fundamentan las interpretaciones jurisprudenciales concernientes a la bioética, es digno de mención los siguientes:


1) El derecho y el interés del ser viviente prevalecen sobre el derecho del potencialmente vivo (nascitura, «que está por nacer») y sobre el del difunto. [EL gran Muftí de Egipto. Ali Yumá. Fatawa Asrya. p. 311 Ed. Dār al‑Salām. El Cairo, 2007.]

2) La licitud de los actos constituye la base y el punto de partida de la legislativa, mientras que las disposiciones prohibitorias son excepciones que deben ser  documentadas y bien definidas. [«Al‑Aslu fi al‑ashiá al‑ibaha». Enciclopedia de la Jurisprudencia islámica. TI p.130; TII p. 623.]

3) En ausencia de una legislación, la licencia es implícita. [«Al malkia fi al shari'a al islamiya». Al Abbadi.]

4) Lo verdaderamente imprescindible se da por  lícito.

5) La necesidad apremiante (fuerza mayor) despenaliza los actos vedados. [«Al‑dharurat tubih al mahzurat». «Al sihah» AI‑yohari TII p. 634.]

6) La fuerza mayor implica disposiciones legales excepcionales. [«Al dharura laha ahkamll». Introducción a la jurisprudencia. Al Zarqa TII, p. 996.]

7) Si hay que consentir forzosamente uno de dos perjuicios, se escoge el menos dañino. [«Ikhtiar ahwan al sharrén». Al maymuá al zahabya: Al asqalani y Principios de la jurisprudencia. Al Nadawi p. 277.]

8) Evitar un daño se antepone a salvar un bien. [«Dar'u al mafased muqadam ala yalb al masaleh». Ibn al Qayyim. lIam al Muaquíín TIII, p. 147.]

9) No es reprobable consentir un daño menor para evitar otro mayor. [«Al dharar al ashad yuzal bi al akhaf». Al Nawawi. Sharh muslim, TIII, p. 191; Los principales principios de la jurisprudencia. Saleh al Sadlán. Dar Valencia, p. 1.427.]

10) Los casos insólitos o excepcionales no son jurídicamente estimables (no son legislativamente edificables). [«Al nader lá yubna alayh». Al Qaradawi.]

11) La certeza no es refutable por la incertidumbre. [«Al yaqin la yazul bel shak». Al yaqin la yazul bel shak. Dar al ma'aref. Líbano. TII, p. 116; Ali Yumá. Fatawa Asrya. p. 313 Ed. Dār al‑Salām. El Cairo, 2007.]

12) Los especialistas representan la referencia primordial para los legisladores islámicos. [«Fa Isalá ahla al dikiri in kuntúm la tálamun». Corán 16.43.]

Del conjunto de estos principios se puede llegar a un criterio marco que engloba las disposiciones islámicas en todo lo referente a la bioética.



Fuente: CIRA