A cinco años de su elección

Opiniones antagónicas sobre por qué no vino aún el Papa a su país

Desde el Vaticano se afirma que se debe a la grieta ideológica que divide a los argentinos, que enturbiaría la visita. En cambio, muchos simpatizantes del macrismo dicen que es porque "es peronista y no lo quiere a Macri". ¿Nadie es profeta en su tierra?
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Sergio Rubin

¿Quién podría haber imaginado aquel histórico 13 de marzo de 2013 que cinco años después de haber sido elegido Papa, el argentino Jorge Bergoglio todavía no visitó su país? ¿Y que la posibilidad de que nunca lo haga, al menos como pontífice en funciones, se robustece día a día? La gran pregunta que sus compatriotas se hacen es por qué no viene. Las respuestas son diversas.

Desde el Vaticano dicen que la grieta que divide a los argentinos es el gran escollo, ya que sometería el paso de Francisco a tensiones entre quienes buscarían sentirse respaldados por él, como los movimientos sociales que critican al gobierno, y quienes leerían todo lo que diga o haga como un ataque al oficialismo. Esto ocurriría no en Medio Oriente o Chile, sino en su propia patria.

Muchos macristas, en cambio, consideran que el Papa no viene porque “es peronista” y “no lo quiere a Macri”. Algo parece seguro: el debate sobre la despenalización del aborto que dispuso el presidente –y, sobre todo, su eventual aprobación- alejan aún más la demorada concreción de su visita.

Lo cierto es que después del impacto y emoción de muchos argentinos por la elección de Jorge Bergoglio –primer Papa latinoamericano y jesuita- sus gestos de cercanía a la entonces presidenta Cristina Kirchner disgustaron a sus críticos.

El argumento de que quería asegurar que la ex presidenta cumpliera su mandato y evitarse una salida abrupta para que el país no se sumiera en una nueva crisis, no los conformaron. También les causó malestar que recibiera a tantos conspicuos -y muy cuestionados- kirchneristas. Tampoco los convenció que a la par recibiera a otros muchos macristas.

La foto con su gesto adusto al recibir a Macri en el Vaticano tuvo un impacto enorme. Ninguno de sus críticos tuvo en cuenta que durante su toma de posesión se ocupó de ubicarlo a Macri en la primera fila en al Plaza de San Pedro, pese a que Cristina lo había excluído de la delegación oficial. O que permitió que Juliana Awada, a pesar de ser la esposa en segundas nupcias de un presidente católico, entrara junto con Macri a la famosa audiencia rompiendo el protocolo vaticano.

En fin, muchos en el Gobierno dicen que Francisco no tuvo un solo gesto a favor de Macri. Mientras que Esteban Bullrich le adjudica haber hecho el milagro de la sanación de una hija suya y Horacio Rodríguez Larreta, que su mujer haya quedado embarazada cuando parecía imposible. Menos explicable desde la fe y más desde la política, es la ayuda clave que la Iglesia dio a María Eugenia Vidal para triunfar en la provincia de Buenos Aires –con Francisco detrás- por el rechazo eclesiástico a Aníbal Fernández, sospechado de vínculos narcos.

Sea como fuere, ni con Cristina ni con Mauricio, el Papa vino todavía a su país un lustro después de aquel inolvidable anuncio de que un argentino era Papa.

Quizá la respuesta esté en el Evangrelio: Nadie es profeta en su tierra.

Fuente: Clarín y VR