Viernes | 24.5.2013
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Francisco ilusiona e incomoda en España

Autor: Laura Moreno Marrocos


“Un Papa que reza en español”, ha subrayado la prensa local apenas conocida la noticia de la elección del cardenal Jorge Mario Bergoglio como obispo de Roma. La adopción del nombre y el modo de presentarse en el balcón de la Logia de las Bendiciones provocaron, en España como en gran parte del mundo, una acogida entusiasta, cordial y esperanzada.
Compartir la lengua asegura proximidad en la cosmovisión cultural y teológica entre el Papa y los católicos españoles. Pero sobre todo remite a la encrucijada entre fe, lengua y culturas del continente latinoamericano, y a lazos de siglos entre España y la Argentina, algo ríspidos en los últimos tiempos a causa de los vaivenes políticos.
Se aprecia en el conjunto de la sociedad española, creyentes y no creyentes, un interés altamente favorable respecto de Francisco. Ello se manifiesta en las amplias y continuas coberturas informativas y redes sociales. Libros escritos por Bergoglio y otros publicados en tiempo récord sobre el pensamiento o la vida de Francisco llenan las librerías, son boom editorial, con tiradas de hasta doce mil ejemplares. También los obispos españoles se apresuraron a editar el libro “En Él solo la esperanza”, con textos de los ejercicios espirituales que el entonces arzobispo de Buenos Aires les predicara en 2006.
Los gestos y acciones del Papa, su pasado como jesuita y arzobispo, son motivo de cientos de columnas de opinión y de conversaciones en los más diversos foros. Se multiplican las cartas abiertas al obispo de Roma para expresar el entusiasmo por la elección y señalar los retos del gobierno de la Iglesia católica, particularmente en la curia romana y en el viejo continente, donde la práctica religiosa ha sufrido un notorio descenso. La sociedad europea, según la intuición de Gianni Vattimo, vive “una fe débil”, cada vez más individual y desestructurada, “confeccionada a medida”, y atrapada en un “eurocentrismo”, incapaz de reconocer signos de vitalidad provenientes de otras fronteras.
Según el barómetro de marzo del Centro de Investigaciones Sociológicas, dependiente del Ministerio de Presidencia en España, la población se define católica en el 71.4%. Mientras que la asistencia a misa u otros oficios religiosos, se produce “casi nunca” en el 59.4% de los consultados; “varias veces al año” el 13.1%; “alguna vez al mes” el 9.6%; “casi todos los domingos y festivos” el 14.3% y “varias veces a la semana” el 2.3%. El problema se agrava porque muchos de los que se reconocen practicantes están próximos o superan la edad de la jubilación (65 años). Sólo el 14% de los jóvenes se definen a sí mismos como creyentes. El número de vocaciones para el sacerdocio, la vida religiosa o el compromiso laical, en los últimos años, es mínimo.
Referentes de las órdenes y congregaciones religiosas se muestran esperanzados ante un Papa que los conoce y considera, después de décadas de sentirse desplazados en el seno de la Iglesia por “nuevos movimientos” encumbrados en la curia romana y en la sede arzobispal de Madrid. Ha sido muy aplaudida la designación del ourensano (Galicia) José Rodríguez Carballo, ministro general de la Orden de los Frailes Menores Franciscanos y presidente de la Unión de Superiores Generales, como secretario de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.
En sectores progresistas se valoran los gestos de cercanía y austeridad de Francisco y su decisión de continuar viviendo en la casa de Santa Marta. Se pasa revista a una agenda de temas pendientes, como “abordar la nueva evangelización”, clave del último Sínodo, y se insiste en la necesidad de desplegar el potencial del Concilio Vaticano II. Pocos reparan en que Bergoglio es un obispo post conciliar y que en América se han intentado experiencias de colegialidad episcopal, creatividad y comunión eclesial, selladas por las Conferencias Generales del episcopado de América latina y el Caribe. La última en Aparecida, Brasil.
Para algunos analistas, como el director de la revista Vida Nueva de España, Juan Rubio, este país puede ser un “dolor de cabeza” para el pontífice, al ser considerado un “laboratorio de laicismo” por la rapidez y profundidad del proceso de secularización.
Las primeras críticas a la actuación del Pontífice jesuita llegaron por parte de grupos tradicionalistas. Añoran mayor boato papal y denuncian un error litúrgico el lavar y besar los pies a dos mujeres (una musulmana) durante la liturgia del Jueves Santo, celebrada en el instituto penal para menores Casal del Marmo.
La categoría “pueblo de Dios”, reconocida por el obispo de Roma desde su proclamación y acuñada en la teología pastoral del continente, con las cada vez más apreciadas aportaciones de teólogos como Lucio Gera, Rafael Tello o Gerardo Farrel, no ha sido pensada suficientemente y menos puesta en práctica. Excepto en la acción social donde la presencia de Cáritas, Manos Unidas y otras organizaciones católicas ofrecen respuestas eficaces ante la profunda crisis económica que vive España.
La creatividad y cordialidad evangélicas del nuevo Papa contrastan con un estilo más bien distante y el gesto algo hosco del presidente de la Conferencia Episcopal Española, cardenal Antonio María Rouco. Mientras el jefe del gobierno, Mariano Rajoy, y el Papa hacían un llamado al diálogo durante la audiencia que habían mantenido, Rouco, al inicio de las sesiones de la Asamblea Plenaria de obispos, arremetía contra los periodistas, la clase política y, especialmente, las legislaciones sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo, el aborto y la educación.
Cierto es que en el futuro inmediato se deberán renovar dos sedes episcopales de enorme peso para la Iglesia española, Madrid y Barcelona: ambos titulares han superado la edad ordinaria. Para muchos es importante que el Papa reciba información fidedigna y plural sobre la realidad; para otros es fundamental que cambie el actual eje de poder entre Roma y la Iglesia local. En este sentido la sintonía de un Papa que probablemente sepa cómo hacerse con el conocimiento para desentrañar las necesidades de una Iglesia querida y valorada como la española, puede ser esperanza para unos y amenaza para otros. Por ello el estilo pastoral y de gobierno de Francisco, aunque admirado, podría resultar algo incómodo.


 
 
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