Viernes | 24.5.2013
UNIVERSIDAD DEL SALVADOR
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El peligroso avance sobre la justicia

Autor: Jesús María Silveyra*


No puede haber verdad sin justicia, ni justicia sin verdad. Nuestro Señor Jesucristo nos dijo: “la verdad los hará libres”. Elijo estas palabras para una breve reflexión sobre la pretendida “democratización de la Justicia” y el veloz avance de los proyectos recientemente enviados por el Poder Ejecutivo al Congreso Nacional. Está claro que sin verdad no puede haber justicia, ya que ésta, para esclarecer, discernir y fallar, debe procurar conocer antes la verdad de los hechos. Sin verdad, todo proceso judicial queda oscurecido por la mentira.
Sería bueno rescatar las palabras que en este sentido le envió el flamante Papa Francisco al presidente de la Corte Suprema de Justicia, doctor Ricardo Lorenzetti, dando respuesta a una misiva con felicitaciones enviadas al Santo Padre con motivo de su elección. En la parte central de la carta, le decía: “A Dios le hablaré de usted y del importante quehacer que desempeña y le diré que le ayude en su ardua labor, y que asista con su luz y su gracia a cuantos imparten Justicia en los distintos Tribunales de ese amado país. Administrar justicia es una de las más insignes tareas que el hombre puede ejercer. Ciertamente no es fácil y, a menudo, no faltan dificultades, riesgos o tentaciones. Sin embargo no se puede perder el ánimo. A este respecto es de gran utilidad tener siempre presentes los bellos ideales de ecuanimidad, imparcialidad y nobles miras que caracterizaron a los grandes magistrados que han pasado a la historia de la humanidad por la rectitud de su conciencia, los conspicuos valores que los distinguían y la irreprochabilidad con que llevaron a cabo su servicio al pueblo. Éste va unido a la búsqueda de dar en todo momento a cada uno lo que es debido. Se trata de respetar el orden, derrotar el mal, tutelar la verdad. Los que se dedican a ello han de estar adornados de virtudes humanas, en particular grandeza de espíritu, prudencia, sabiduría, integridad y fortaleza. Se requiere asimismo diligencia y abnegación en el desempeño de las propias obligaciones, pues cuando la justicia llega tarde o no llega, se engendra mucho dolor y sufrimiento, la dignidad humana queda lastimada y el derecho postergado".
No vale la pena agregar mucho a estas sabias palabras de Francisco. Quiera Dios iluminar a nuestros gobernantes para que tomen conciencia del daño que están haciéndole a la democracia y a la República y rectifiquen o abandonen los proyectos que quieren aprobar. Quiera Dios también que los ciudadanos en forma pacífica pero decidida podamos defender la Justicia, que no es otra cosa que defender la verdad que nos hace libres. Caso contrario, nos espera la esclavitud de una Justicia sojuzgada por el Poder Ejecutivo, que navegará en las confusas aguas de la parcialidad, la inecuanimidad, la imprudencia, la pequeñez de espíritu, la ignorancia, la debilidad y la mentira.

(*) El autor es escritor. Su último libro publicado es “Tengo sed. Tras los pasos de Teresa de Calcuta” (publicado por Lumen).


 
 
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