Viernes | 10.9.2010
UNIVERSIDAD DEL SALVADOR
PORTADALA ASOCIACIONSECCIONESNUMEROS ANTERIORESDESCARGACONTACTENOS ENGLISHESCRIBANOSIR A CLARIN
|

ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA. AUTOR: PBRO. GUILLERMO MARCO

La riqueza de anunciar a Jesús

Con la llegada de las vacaciones de invierno, muchos jóvenes deciden ir a misionar a lugares desfavorecidos del interior, pero con habitantes abiertos y muy generosos. Una experiencia que permite crecer en la fe y el amor.

Pbro. Guillermo Marcó


Se acercan las vacaciones de invierno, si bien desde que empezó el mundial el clima general fue de distracción de la rutina cotidiana. La opción para muchos jóvenes  estudiantes no es el descanso, sino encarar una actividad distinta: la apostólica. Emplear  su tiempo libre en ir a misionar, en llevar con la palabra y las obras el Evangelio a un lugar alejado del que viven.


Siempre me llamó la atención  esta experiencia desde que estando en la parroquia  porteña de San Benito, hace 22 años, fui a misionar por primera vez a la provincia de La Rioja, siendo aún seminaris ta. Y me llamó la atención por varias razones. En  primer lugar, quien misiona conoce el interior de su país no como turista, sino como  protagonista. Hay lugares que uno nunca visitaría, casas a las que jamás sería invitado,  sino fuese misionero.


En segundo lugar, misionar constituye un intercambio existencial impresionante: salir  de las comodidades a las que estamos acostumbrados. Por caso, tener que dormir en el  piso duro y frío de una escuela. Además, circunstancias como compartir la preocupación de los lugareños por la escasez del agua, ver reflejada la se quía en los surcos agrietados  de la tierra, hace que uno aprenda a valorar un recurso que tantas veces derrocha. En el  Chaco, donde venimos misionando en los últimos años con 48 universitarios, la gente solo cuenta con el agua de lluvia para beber, bañarse, dársela a los animales o regar su  huerta. De los pozos se extrae agua salada que no sirve para nada.


Pero esa escasez es inversamente proporcional al derroche de su alegría. La gente sabe  reírse y lo hace con ganas, con esa risa contagiosa, inocente que brota de una vida ajena  al clima de agresión que reina en las grandes ciudades. Sobre  todo, disfrutan casi con el  único bien que tienen: sus hijos. Los pobres saben de generosidad a la hora de tenerlos,  y no porque no sepan de anticonceptivos, sino porque saben que la vida es un valor y hay que darla, aunque materialmente posean muy poco.


En la misión nos levantamos temprano para desayunar y hacer la oración de la mañana.  Después partimos de dos en dos para visitar las casas y, como no es un pueblo, sino  chacritas dispersas por el monte, a veces hay que caminar más de una hora para llegar.  Ya en las casas, la gente deja lo que está haciendo para recibirnos. No están corriendo como nosotros porque son ricos en tiempo. Nos invitan a sentarnos y en  algunos lugares son tan pobres que improvisan asientos con un bidón, un cajón o un tronquito, que nos sirven para armar la ronda. Es que valoran mucho la visita.


Al compás del mate, que pasa de mano en mano, nos ponemos al día de qué fueron sus  vidas y las nuestras y terminamos leyendo la palabra de Dios, que le da sentido a  nuestras vidas y nos sirve para crecer juntos en el amor a Dios. Al mediodía  almorzamos juntos y, luego de la “sagrada” siesta, nos disponemos a recibirlos en la  escuela. Allí los chicos van por un lado, los jóvenes por otro y los adultos tienen su  espacio. Cada día tiene algún tema motivante sobre el que se conversa y se comparte puntos de vista. A eso de las cinco participamos de la celebración de la misa. Ellos  inician después la vuelta a su casa y nosotros evaluamos el día, cocinamos, comemos y, a la luz de las estrellas, con fogón de por medio, hacemos nuestra oración de la  noche.


La fe se fortalece dándola. El amor crece compartiéndolo. Lejos, muy lejos de la rutina  cotidiana, esta experiencia sigue atrayendo a muchos jóvenes y sacerdotes que regresan con las manos vacías, pero el corazón lleno, sintiéndose un poco más cerca de Dios

|

Haga click en la foto para verla en tamaño real.

 

Diseño y Desarrollo www.INCORPORATE.com.ar