Miércoles | 8.9.2010
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¿Se viene ahora el debate de una ley del aborto?

Autor: Sergio Rubín


Una gran interrogante atraviesa los medios eclesiásticos después de la sanción de la ley de matrimonio gay, que convirtió a la Argentina en el primer país de América Latina en legalizar el casamiento entre personas del mismo sexo: ¿Se viene ahora la despenalización del aborto? Es que el resonante triunfo que lograron los sectores que cuestionan las posiciones católicas en cuestiones de moral sexual y bioética y la cierta debilidad en que quedó la Iglesia tras el revés en el Senado, llevó a pensar, con toda lógica, que los promotores de la interrupción del embarazo se envalentonarían y procurarían enancarse en la ola para lograr su objetivo.


No es una mera especulación. A la semana de la aprobación de la ley, fue subida a la página web del ministerio de Salud una antigua guía para los médicos -que, se decía, había alcanzado el rango de resolución- sobre el modo de proceder ante los casos de abortos no punibles que, cuando se presentan, suelen quedar atrapados en un laberinto judicial. Pero el instructivo iba más allá y constituía una flexibilización de los requisitos establecidos en el Código Penal. Porque "autorizaba" el aborto en todos los casos de violación -no solo cuando la sufrió una mujer demente- y con la sola presentación de una declaración jurada.


El ministro del área, Juan Manzur –un católico maronita práctico- se apresuró a negar haber firmado la supuesta resolución. Y se declaró contrario al aborto. Dicen que su rápida reacción se debió a una llamada telefónica de la presidenta Cristina Kirchner, quien habría olfateado una operación en sus propias filas para avanzar en el tema. Por si quedaban dudas, la propia mandataria reiteró públicamente su oposición al aborto. Con todo, en los medios eclesiásticos se interpretó la jugada como un intento de ir creando un clima favorable al aborto. Lo cierto es que la resolución sigue expuesta en la página web del ministerio.


En verdad, el año había comenzado movido en la materia. En marzo, 50 diputados presentaron un proyecto para la interrupción voluntaria del embarazo hasta las 12 semanas de gestación. En abril, el Comité para los Derechos Humanos de la ONU presionó en el mismo sentido ante "los abortos clandestinos que ponen en riesgo la vida de las mujeres". Y en junio hubo una audiencia pública sobre el tema en la comisión de Justicia y Asuntos Penales de la cámara de Diputados. Luego vino la supuesta resolución ministerial y, finalmente, un pronunciamiento del Consejo Superior de la UBA.


Nunca antes se habían acumulado tantas movidas en dirección a la despenalización del aborto. Actualmente hay dos proyectos en la cámara baja favorables a la interrupción voluntaria del embarazo, siempre dentro de las primeras 12 semanas de gestación. En el Senado, hay cuatro, pero sólo para interpretar los casos no punibles que fija el Código Penal. Con todo, los observadores independientes creen que difícilmente estos proyectos se traten antes de fin de año por las diferencias dentro de los bloques y porque las comisiones de legislación penal están abocadas al tema de la inseguridad.


Desde esta perspectiva, su tratamiento sería cuestión de tiempo. ¿Podría entonces tratarse el año que viene? Para responder a esta pregunta hay que volver sobre la oposición de Cristina Kirchner y la gravitación que pueda tener sobre su tropa legislativa. En la Iglesia hay quienes creen que ella podría terminar apelando a la libertad de conciencia de su tropa. Sobre todo si su marido saca cuentas y, de cara a las elecciones presidenciales de 2011, considera que una ley del aborto –con su consecuente enfrentamiento con la Iglesia- le sirven a su objetivo electoral.


En el Gobierno hay opiniones encontradas. Los que más conocen a la Iglesia presienten que un debate sobre el aborto llevaría la tensión a niveles más altos que a los que se llegó por el matrimonio gay. Recuerdan, además, que las encuestas dicen que, si bien hay una mayoría favorable al aborto en ciertas circunstancias (violación), también es mayoritaria la oposición a su total despenalización. Otros miembros del oficialismo creen, en cambio, que la sociedad "está madura" para debatir el tema y que ya se vio que la Iglesia no es imbatible.


Sea como fuere, la Iglesia debería ir abriendo el paraguas. La inquietud que se observa en sus filas puede tomarse como un apresto. Pero lo primero que debería hacer, antes de cualquier movida, es estudiar bien como actuó ante el proyecto de casamiento gay, si bien no se trató de una cuestión exactamente igual. Ver en qué se equivocó para no repetir los mismos errores. Es fundamental hacer una correcta lectura para no tener que lamentarse después. Sobre todo porque es mucho lo que ahora está en juego.

 
 
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