Vivir sin Dios: ¿los argentinos son cada vez menos religiosos?

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Por: Sergio Rubin

Cabe preguntarse si un mundo, y un país, menos religioso sería mejor o peor. ¿La Argentina será mejor o peor en la medida que cada vez prescinda más de Dios, de un dios?

La revolucionaria década del ‘60 dio paso a un proceso de enormes transformaciones culturales en el mundo. Las religiones no escaparon a semejante zarandeo.

Los cuestionamientos a las creencias empezaron a estar a la orden del día de la mano de una sociedad que apostaba más a la razón y al desarrollo científico, a la vez que se satisfacía a medida que alcanzaba un mayor bienestar económico. Y que prefería ver el quehacer religioso relegado al interior del templo, sin proyección en la vida pública (lo que se llama secularismo), una actitud en ciertos casos como reacción a una invasión indebida de lo religioso en el campo civil.
En un reciente artículo en el diario Clarín la prestigiosa socióloga argentina Marita Carballo -presidenta de la consultora de opinión Voices!- dice, sin embargo, que los sondeos de la periódica encuesta mundial del World Valúes survey desmintieron las proyecciones de una deserción masiva de fieles de las religiones (entre las que se contaron las del propio Vaticano, que en 1965 pronosticó “un número creciente de abandonos”).

Más aún, en los ‘90 varios expertos hablaron de un resurgimiento religioso. “Pero en la última década se produjo un nuevo y bastante fuerte descenso de la religiosidad”, señala Carballo.
Es cierto que el Pew Researcht Center -la reputada encuestadora norteamericana- viene vaticinando que la cantidad de personas religiosas en el mundo acompañará el crecimiento demográfico en los próximos cincuenta años (con cristianos y musulmanes a la cabeza y a la par), aunque con notables contrastes geográficos, ya que en Europa viene experimentando una fuerte baja, mientras que en Estados Unidos es por ahora leve.

Pero Carballo dice que el sondeo de World Valúes survey revela en la última década un fuerte descenso de la religiosidad en 43 de los 49 países relevados.

La Argentina no escapa a este fenómeno. El censo de 1960 -el último que consultó sobre la filiación religiosa- arrojó que apenas el 1,53 % se declaraba “sin religión”, mientras que según la encuestadora Voices! de Carballo en 2022 se define así el 22 %. Casi uno de cada cinco argentinos.

La disminución de católicos es notable: eran el 90,05 % en 1960, el 65 % en 2019 de acuerdo con la encuesta del CONICET y varias universidades nacionales, y el 52 % hoy según Voices! El salto lo dieron los evangélicos, que de un 1,54 % % en 1960 pasaron a ser actualmente el 12 %.
En línea también con una tendencia mundial, la práctica religiosa entendida como la concurrencia al templo es baja y la disminución se acentuó en los últimos años (pasó del 38 % que va al menos una vez por mes en 2006 al 27 % en la actualidad).

Está claro -apunta Carballo- que la religiosidad “no se expresa necesariamente en la asistencia a los servicios religiosos, sino que la gente optó por otro tipo de prácticas que implican un vínculo más fuerte y directo con la espiritualidad, como la oración o la meditación, ambas en expansión (43 % la práctica hace diariamente).

No se trata solo de “tener teléfono directo con Dios”, sino de no acatar o directamente diferir con aspectos de la doctrina. “En los últimos años (…) detectamos una mayor aceptación y justificación de conductas que difieren claramente de las enseñanzas eclesiásticas, particularmente aquellas vinculadas con la sexualidad, la vida familiar y los tipos de familia, pero también en cuestiones sociales y cívicas”, sostiene Carballo.

Además, subraya que “las denuncias de corrupción y los escándalos sexuales a nivel global afectaron marcadamente a la Iglesia”.

En un contexto de baja consideración de las instituciones en general, hoy solo el 31 % de los argentinos dice confiar en la Iglesia católica, mientras que en 2017 eran el 52 %, según Voices!

En tanto, el Papa Francisco cuenta con una mejor valoración con el 52% de opiniones favorables, aunque también registra una caída, ya que en 2017 era del 62 %, señala Carballo. Obviamente, las críticas al pontífice por sus posiciones políticas -reales o supuestas- en el contexto de la grieta que divide a los argentinos lo afecta.

De todas maneras, todavía la mayoría de la población argentina se declara religiosa, sobre todo en el interior. El 56 % se define hoy como religiosa y más de seis de cada diez argentinos afirman que Dios es importante en sus vidas.

Pero este aspecto viene en baja desde 2006, cuando lo era para más de ocho de cada diez. Carballo concluye que el desinterés por lo religioso tanto en el mundo en general como en el país en particular se aceleró en los últimos cinco años.
Cabe preguntarse si un mundo -y un país- menos religioso sería mejor o peor. ¿La Argentina será mejor o peor en la medida que cada vez prescinda más de Dios, de un dios? No es un interrogante abstracto.

Lo religioso tiene gran influencia en la vida de los pueblos y de las personas. Algo es seguro: a los argentinos hoy por hoy no nos sobra nada. Más bien estamos muy necesitados. Por eso, la mano de Dios -si este existe- no nos vendría nada mal.

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