El vínculo del Papa Francisco con Argentina

Por: Arturo E. Bas

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“El Papa ha muerto”. La noticia estremeció al mundo. El 28 de septiembre de 1978 Juan Pablo I, el pastor de Venecia, el Papa de la sonrisa, luego de 33 días de pontificado yacía muerto en su cama. Había sucedido al papa Pablo VI, quien condujo y culminó el Concilio Vaticano II ideado por su antecesor, San Juan XXIII.

Con una sonrisa despidió Juan Pablo I su peregrinar por este mundo y el espíritu de universalidad y adecuación que pregona el Concilio Vaticano II se ha visto reflejado en forma primaria en la sucesión de tres papas no italianos, hecho inédito en la historia de la Iglesia. Las discusiones de Pedro y Pablo en el primer Concilio en  Jerusalén han confluido en la consolidación de una Iglesia para todos, con un irrevocable destino de preferencia hacia los pobres y afligidos tal cual nos lo enseña el Concilio Vaticano II, que según se advierte entró con Francisco en su etapa de consolidación definitiva.

Convocados al Cónclave, los cardenales eligieron al cardenal polaco Karol Wojtyla, primer Papa no italiano desde que Adriano VI, de origen holandés, accedió al trono de Pedro en el año 1522. Gobernó la Iglesia durante 27 años siendo el tercer pontificado mas largo de la historia. Le sucedió el cardenal alemán Joseph Ratzinger, quien ejerció su papado hasta el 28 de febrero de 2013, fecha en la cual, manifestándose sin “vigor tanto del cuerpo como del espíritu”, renunció en un hecho inédito que no sucedía desde el año 1415 en el cual dimitió Gregorio XII; y luego el 13 de marzo de 2013 un argentino, el cardenal. Jorge Mario Bergoglio fue elegido entre sus pares para ocupar el trono de Pedro.

Cada uno según sus tiempos y características impuso su impronta al pontificado. San Juan Pablo II, el Papa viajero, llevó a los confines de la tierra su mensaje evangélico invitándonos a no tener miedo. Supuso que a otro le cabría ordenar la casa porque entendía que no podría hacerlo ya que se había abocado con énfasis a pisar con su santo coraje todos los sitios del orbe. Benedicto XVI, hoy Papa emérito, quien había sido un hombre de su extrema confianza, fue el encargado de procesar teológicamente al “huracán” polaco. Pero fue también a ordenar la casa. Enfrentó a los escandalosos casos de pedofilia en la Iglesia con firmeza e intentó también investigar las finanzas. Cuando llegó a conclusiones, que a ciencia cierta solo conoce Francisco, pero que deducimos lo enfrentaron con realidades de extrema gravedad, se sintió sin fuerzas y en un acto santo, heroico y de extrema humildad puso en manos de Dios su pontificado añorando que quien lo sucediera, entre otras urgencias y lineamientos pastorales,  saneara la casa. Llegó entonces como en todos los casos que se elige un pontífice, por obra del Espíritu, el Papa Francisco quien con mano firme enfrentó y avanzó en reformas para el saneamiento intramuros. Además nos fue mostrando que si bien realiza viajes llenos de simbolismos, lo que le interesa es viajar por nuestros corazones invitándonos a dejarnos bañar por la misericordia de Dios y llevarla a nuestros hermanos. 

Estos tres pontífices extranjeros post conciliares no olvidaron nunca su tierra natal. Ya desde el balcón, cuando se presentaron al pueblo romano, manifestaron el amor por su patria, fijando en ella un ancla y refiriéndola explícitamente. “Han elegido un Papa de un país lontano”, decía un tímido Wojtyla; “han elegido un Papa del fin del mundo”, sorprendía un cálido Bergoglio; y también el cardenal Ratzinger, casi un romano, que se presentó como un “servidor de la viña del Señor”, consolidó en su accionar el vínculo con su patria.

Y así Karol Wojtyla fue un luchador incansable contra el sistema comunista. En silencio pero con una presencia activa instó a sus compatriotas polacos a luchar por la libertad. Vio con alegría como su amigo Lech Walesa, a través del sindicato Solidaridad, embistió al mundo comunista en Polonia y este hecho político se extendió hacia todos los países donde este imperaba. No olvidemos sin embargo que un breve tiempo después, al igual que el Papa Francisco, fue al centro del poder mundial y dijo abiertamente a los norteamericanos que su sistema capitalista planteado sin contemplar rostros humanos, también descartaba personas y afectaba su libertad. El papa Benedicto XVI asombró a todos por su acercamiento a la canciller de Alemania, hija de un pastor protestante, Ángela Merkel; y la Alemania hitleriana que avergonzó al mundo con sus atrocidades tuvo increíbles gestos samaritanos y de apoyo a los refugiados, convirtiéndose además como nunca antes en una nación de referencia política y económica a nivel mundial. Pero en ambos casos quedó de manifiesto que fueron los ciudadanos comunes de ambos pueblos quienes empatizando con el Santo Padre gestaron la Polonia libre y  la Alemania solidaria.

¿Qué avizoramos entonces para nuestro país durante el papado de Francisco? ¿Qué le diremos a las próximas generaciones? ¿Cómo podremos aprovechar la luz de este argentino que guía la Iglesia universal desde Roma? ¿Cómo empatizaremos con él? ¿Podremos transformar de su mano y entre todos a la Argentina? Primero reflexionemos sobre la hora actual. Desde la anticipada entrega de la presidencia de Raúl Alfonsín la Argentina ya mostraba estadísticas que la situaban en posiciones de búsquedas de consensos y acuerdos; y desde muchos años antes a la pandemia, después de décadas de decadencia, cualquiera sea el signo político de los gobiernos, los números reales eran y son propios de un estado de guerra. La historia moderna es pletórica en mostrarnos ejemplos de acuerdos que permitieron a los países y a sus ciudadanos salir de estados de postergación y pobreza. No hay otra forma. No se trata de un deseo ni de una estrategia para imponerse sobre otros; se trata de una verdad empírica, demostrable con innumerables ejemplos y que en los países ha tenido un enemigo común en aquellos que amparándose en sus privilegios resistieron hasta el límite el progreso de todos. Y así, ya que los patrones son comunes a lo largo del orbe, en la Argentina  la casta del privilegio no es solo política, hay muchas oligarquías a la vista de todos y otras algo ocultas, que bregan hace muchos años por conservar el statu quo.  

No hay dudas de que el Santo Padre tiene entre sus características la visión de un estadista. En su reciente libro de reflexiones de cercanía, escrito en plena pandemia, titulado “Soñemos Juntos”, si bien se aboca a lineamientos pastorales y de índole espiritual, nos aproxima también, al hablar de la sociedad civil, a la necesidad de buscar consensos, a partir del equilibrio en su razonamiento de conducción socio-política de los encuentros colectivos modernos. Y  toma una posición equidistante acerca de formas de gobierno predominantes, que bien podríamos atesorar en la búsqueda de un encuentro superador como sociedad en el futuro. Dice en este libro textualmente (pág.115) “san Juan Pablo II hablaba de economía social de mercado; al incluir el término social, abría el mercado a la dimensión comunitaria”  y en otro apartado nos dice (pág. 123):” En nombre del pueblo, el populismo niega la justa participación de los actores que lo conforman, dejando que sea un determinado grupo el intérprete auténtico del sentir popular.” “El pueblo deja de ser pueblo y se convierte en una masa inerte manipulada por un partido o un demagogo”.

Francisco nos conoce a los argentinos tanto como al mate y aunque juegue a las escondidas es seguro que no hay día en que no sueñe un futuro venturoso para todos nosotros. Les cabe a todos quienes ocupen posiciones de poder, a todos los actores políticos, religiosos y sociales y a todos nosotros, ciudadanos comunes, la grave tarea de encontrar los mecanismos y los puentes de encuentro para que hagamos nuestras sus enseñanzas acerca de los acuerdos que pregona en todos los países que pisa, y que estos nos proyecten al futuro; y para eso el principal desafío es comprenderlo sin prejuicios. No solo sus palabras, sino fundamentalmente su accionar. En un plano religioso y humano las religiones monoteístas son contestes en afirmar que el orgullo y la soberbia son la raíz de todos los males. Hemos visto en el padre Jorge a un hombre que desde joven con humildad combate a estos impostores. Esta le servirá también para encontrar los puentes y las personas indicadas para que podamos atesorar su papado y proyectarlo en beneficio de todos. Los acuerdos y consensos que nos llevarán a un futuro venturoso llegarán en un tiempo breve y no hay duda de que el santo Padre desde Roma o desde donde sea jugará un rol decisivo.

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