Religión vs Evangelio

Por: Felipe Medina

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Durante muchos siglos la humanidad intentó comunicarse con Dios o con un ser trascendente y superior, como diría la murga de Agárrate Catalina, en su tema Dios y el Diablo, “es una obsesión del ser humano, tantos siglos intentando hablar con Dios”. Varios monumentos, torres, columnas, pirámides, etc., construidas durante siglos,  se mantienen hasta nuestros días y son el testimonio de las  diversas culturas y comunidades humanas con éste afán. Intentaron con rituales similares y diferentes a la vez,  a lo largo y a lo ancho del planeta;  religiones animistas, religiones de libro o simples tradiciones orales que mostraron un denominador común, el hombre es un ser religioso que sublima sus preocupaciones, libera sus angustias y proyecta su vida en función de la eternidad.   El testimonio más emblemático y nunca  encontrado es la Torre de Babel, narrado con detalles fantásticos en las Sagradas Escrituras. El anhelo de vida en el alma humana es tan intenso que no se comprende el misterio de la muerte con una vida tan breve y volátil frente a millones de años del hombre en la tierra.  Pedro, el apóstol, describe en la Carta a los Hebreos, en el primer capítulo,  de manera contundente la novedad del evangelio de Cristo.

El Evangelio de Juan presenta un relato muy elaborado y marcadamente simbólico. En su prólogo presenta a Cristo como el Logos o Verbo que se hizo carne. Acentúa el carácter divino de Jesucristo y su Encarnación como hombre verdadero. La primera propuesta del cristianismo, y que se afianzó para convertirse en auténtica transformación cultural en el mundo, fue la de un evangelio que superó el hecho religioso puramente humano. Todo el esfuerzo del hombre para llegar a Dios, variadas construcciones religiosas con un sistema de creencias, intentos vanos por dialogar con Dios o atribuirle el manejo de las leyes de la naturaleza fueron interrumpidos con el maravilloso mensaje de un Dios que responde en primera persona. Dios se hizo hombre, y se entregó a una muerte injusta para mostrar su amor infinito y fue resucitado dejando un anuncio que se resume en el amor, el amor humano en su dimensión más trascendente y a la vez, simplemente concreta, humano tan humano, casi divino. Como recordaba el Obispo Pedro Casaldáliga, "La Tierra es el único camino que nos puede llevar al Cielo".

En este sentido podemos decir que el Evangelio es la superación de la Religión, entendida como un hecho humano, un esfuerzo por llegar. Sin embargo, para mucha gente, Religión y Evangelio son dos palabras y dos hechos que se refieren a lo mismo; aunque al fin de cuentas, para quienes piensan así, el Evangelio es uno de los elementos de la Religión.

Los relatos bíblicos y los escritos históricos sobre la vida de Jesús de Nazaret  nos muestran a un Mesías y Profeta enfrentado con los hombres de la Religión y sus instituciones, el templo, los jerarcas, sacerdotes, leyes litúrgicas y  los fariseos, fieles observantes de las normativas. Y esos relatos dejaron en evidencia que Religión y Evangelio son incompatibles, pues fue el Sanedrín quien condenó a Jesús a muerte. Evangelio y Religión no son sinónimos, no deben ser confundidos. La Religión es sinónimo de  poder y dinero, estructuras burocráticas y máquinas de impedir, en casi todos los casos, un modo de  manipular las conciencias contra los dos conceptos básicos del Evangelio de Cristo, “perdón” y “libertad”. Dos conceptos que llevan en su esencia el amor y la alegría. La Religión como estructura vacía fue matando la humanidad.  El Evangelio es buena noticia para los pobres y los enfermos, los que sufren la falta de humanidad.

La Iglesia a lo largo de la historia fue cediendo a la tentación del poder absoluto y entendió que la “plenitudo potestatis” se la daba la riqueza y el poder, lo que hizo posible el colonialismo de Europa en casi todo el mundo, por ejemplo, en 1454, el papa Nicolás V le regaló al rey de Portugal, Enrique IV de Castilla, todos los reinos de África. Y además hizo, a todos los habitantes de ese continente, “esclavos” del rey (Bularium Rom. Pont. Vol. V). Pero no todo ha sido negativo en la Iglesia. Ni mucho menos. La Iglesia nos ha conservado y transmitido el Evangelio, que aporta a este mundo, lo que es más decisivo que el dinero y el poder. La Iglesia ha hecho posible que llegue hasta nosotros la seducción y la fuerza del Evangelio. En este momento, la cultura que se impone no es el “poder opresor”, sino el “poder seductor”. La “horizontalidad” está derrotando a la “verticalidad” (Peter Sloterdijk).
Por eso, la tarea urgente de la Iglesia, en este momento, consiste en darse cuenta de que el mayor disparate, que ha cometido en su larga historia, ha sido fundir y confundir el Evangelio con la Religión. San Francisco de Asís ha sido el hombre más genial que ha tenido la Iglesia porque se dio cuenta de este disparate. Y le puso el remedio que él podía ponerle. No se centró en ortodoxias y autoritarismos, sino en la ejemplaridad del Evangelio. Y el Concilio Vaticano II vino a poner luz sobre tanta sombra acumulada a lo largo de los siglos. Abran las puertas y ventanas reclamará de manera enérgica el papa Juan XXIII y en la post guerra llamó a los cristianos a trabajar en unidad por el hombre concreto, sus problemas y vacíos existenciales. Pablo VI continúo la labor en medio de una tempestad de conflictos internos. Pero será, Francisco, el Papa de los pobres y de la unidad, el Papa de la madre tierra, el evangelizador de las periferias existenciales, quien reclame con su propia vida la ejemplaridad del Evangelio para toda la Iglesia. No conforme con eso convocó a todos los cristianos a un Sínodo multisectorial 2021/2023, que pretende tomar el pulso a la iglesia  en el mundo, intentando desterrar el clericalismo. 

Y  en un mensaje dirigido a la prensa en Roma, hace unos días,  refrescó algunos conceptos fundamentales; decía el Papa "Y, por favor, recuerden también que la Iglesia no es una organización política que tiene dentro derecha e izquierda, como sucede en los Parlamentos. No es una gran empresa multinacional con gerentes que estudian en la mesa cómo vender mejor su producto. La Iglesia no se auto-construye sobre la base de su propio proyecto, no saca de sí misma la fuerza para seguir adelante y no vive de estrategias de marketing. Cada vez que cae en esta tentación mundana  su obra se debilita, y para nada sirve”.

El gran desafío de la iglesia es dejar de ser una religión más para dejarse convertir por el Evangelio y ser de verdad, Cristo vivo hoy. En Europa, muchos jóvenes, educados en el ateísmo teórico y otros en el ateísmo práctico o indiferentismo religioso, se volcaron con entusiasmo al llamado del Papa Francisco a comprometerse por y con los pobres y el cuidado de la tierra, para edificar un mundo más humano, más fraterno, donde fluya el amor, lejos de las pesadas estructuras de siglos anteriores.

*Lic. en Ciencias Religiosas

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