La monja argentina Lucía Caram culminó su viaje número 42 a Ucrania, país al que ya llevó casi 200 ambulancias. En la última misión llevó más vehículos sanitarios y de apoyo, producto de las donaciones que consigue. A su regreso se reunió con el Papa en Roma.
La religiosa que insiste en que seguirá con las misiones al país europeo mientras sea necesario y lucha para que la guerra no quede en el olvido. “He venido de Ucrania con el alma herida”, expresó después del último viaje. “He vuelto de constatar, una vez más, que la guerra es un infierno. Un infierno real, concreto, que tiene nombres, rostros, cuerpos mutilados y corazones desgarrados”, puntualizó.
Sin embargo, también destacó otra perspectiva: “Pero también he visto algo que nadie podrá destruir: la resistencia de un pueblo que ama a los suyos, que abraza a sus hijos con una ternura infinita y que lucha —sí, lucha hasta el extremo— por la libertad. No por ideologías, sino para que sus hijos y las futuras generaciones no sean rehenes del imperialismo ruso, para que puedan crecer en dignidad y en esperanza”.
“Después de tocar ese dolor, he pasado por Roma. Y allí he tenido un encuentro con el Papa León XIV”, mencionó al introducir sus impresiones sobre la reunión.
“He encontrado a un hombre con el corazón abierto”, afirmó. “Un hombre profundamente preocupado por la paz, pero no por una paz retórica o diplomática, sino por la paz que nace de la justicia, de la verdad y del respeto sagrado a la dignidad humana”, escribió en sus propias palabras.
“Sus criterios son evangélicos al cien por cien. Un Evangelio que se conmueve ante el sufrimiento y que no pasa de largo. Un Evangelio que confirma en la fe y fortalece en el servicio a todos aquellos que luchan por un mundo más justo, más humano y más fraterno”, añadió.
Al mencionar su conocido cariño y amistad con el Papa Francisco, a quien visitó esa misma mañana en la Basílica Santa María La Mayor, expresó: “He podido constatar el cariño, el respeto profundo y el amor sincero que el Papa León tiene hacia él”. Ante esto, puntualizó: “No se trata de hablar de continuidad como si fuera una estrategia humana. Se trata de algo mucho más simple y más radical: uno y otro siguen el Evangelio”.
Haciendo hincapié en esta diferenciación y a la vez punto en común, explicó: “Francisco siguió el Evangelio y lo encarnó con su estilo profético, cercano y valiente. León sigue el Evangelio y lo continúa con su propia sensibilidad, con su modo de estar, de escuchar y de acompañar. No es una cuestión de nombres, sino de fidelidad”.
Sobre el trato del Pontífice, la religiosa argentina destacó su cercanía. “He visto en él una sonrisa generosa”, destacó y añadió también: “Una escucha atenta que no es diplomacia, sino compasión. Una empatía que va más allá de la cortesía y se convierte en presencia orante, en una mirada que abraza y en una preocupación real por los pueblos que sufren”.
Mencionó que la visita del Papa a España, a mediados de año según se estima, y sobre el viaje afirmó: “Creo sinceramente que vale la pena disponer el corazón. Prepararnos interiormente. Abrirnos a escuchar su palabra y dejarnos confirmar en la fe, en el servicio y en el compromiso concreto con nuestros hermanos, especialmente con los que más sufren”.
Al puntualizar qué se podría esperar del Pontífice, compartió su perspectiva: “No esperemos del Papa un discurso político, partidista o ideológico. Su misión es otra. No viene a alinearse con banderas ni a reforzar trincheras. Viene, seguramente, a ofrecernos luz. A ayudarnos a purificar la mirada y a disponer el corazón para hacer opciones verdaderamente humanas y humanizadoras”.
En este punto insistió: “Opciones que no utilicen a las personas ni por la derecha ni por la izquierda, que no las conviertan en instrumentos de estrategias o de poder, sino que las pongan en el centro. En el centro para cuidarlas, para trabajar juntos, para reconstruir lo que está roto y para rescatar esa dignidad sagrada que toda persona merece, independientemente de su raza, de su condición social o de su color”.
Al finalizar su mensaje, escribió: “Hoy quería compartirlo y dar gracias porque nuevamente he constatado que tenemos un Papa profundamente humano. Y tal vez esa humanidad tan palpable nace precisamente de su contacto vivo con el Evangelio. Es un hombre de oración. Un hombre de fe. Un hombre de compromiso”.
Y lo cierra con un mensaje inspirador: “Y en tiempos tan duros como los que estamos viviendo, eso no es poco. Es esperanza activa y es fuerza”.
Fuente: RD