ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA

Aborto: La ciencia reemplazó a la fe

Por: P. Guillermo Marcó

Paradojas del debate. En el pasado la Iglesia intuía que había vida desde la concepción hasta que los estudios científicos le dieron la razón. Quienes defienden la despenalización se basan en suposiciones.
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Hay algunas paradojas que franca- mente me cuesta entender. En el debate sobre el aborto todas las que lo defienden lo hacen desde la fe. En cambio, quienes nos oponemos lo hacemos desde la razón. Veamos.

En el pasado la Iglesia intuyó durante siglos que la vida comenzaba desde la concepción. Lo hacía movida por la fe. La ciencia no podía aún confirmar sus argumentos. Hoy la ciencia sabe que en la unión de un óvulo y un espermatozoide se intercambia el código genético de cada uno para dar a luz un nuevo ser, que es único e irrepetible. Toda la información sobre las características de esta nueva vida está ahí. Lo que la Iglesia intuía ayer la ciencia lo confirma hoy.

Los que están a favor del aborto dicen que se puede practicar hasta las 14 semanas porque todavía el embrión no es persona. Ser persona es un concepto filosófico, mientras que fijar el límite para el aborto en 14 semanas, un argumento de fe que carece de sustento científico.

Las mujeres invocan el derecho de decidir sobre su propio cuerpo. Ahora bien, si una mujer está embarazada de otra mujer ¿cuál de las dos decide? A una menor no se le puede vender alcohol, pero ahora podrá abortar sin que se enteren sus padres, si se aprueba el proyecto de ley.

Se habla de 500.000 abortos por año. Sin embargo, según el ministerio de Salud, las muertes de mujeres asociadas a problemas por aborto fueron 46. Es decir que hubo 499.954 abortos practicados con éxito. Así, tendríamos la tasa de aborto clandestino más exitosa del mundo.

Con frecuencia se invoca que las principales víctimas del aborto clandestino son las mujeres pobres -y no dudo que en muchos casos puede ser así-, pero no querer tener a un hijo suele ser más un problema de mujeres de clase media. Los pobres tienen muchos hijos y, en general, valoran tenerlos, no son sólo consecuencia de la falta de educación.

La gente con mejores posibilidades económicas critica a los pobres porque tienen muchos hijos y no tienen como mantenerlos. Entonces uno creería que son los ricos quienes deberían tener más hijos porque ellos si pueden mantenerlos y educarlos. Pero en Europa los ricos tienen mas- cotas porque los hijos son una molestia, o alquilan un vientre para implantar lo que dicen que no es nada, pero cuando se lo deja crecer es el hijo que después dicen adorar.

Se quiere aborto libre y gratuito invocando que en los países más modernos es así y que con su despenalización la tasa de muerte ha disminuido. Eso posiblemente sea cierto en los países desarrollados. Habría que recordar el estado de nuestra salud pública y su carencia de insumos, y que no hace mucho la periodista Debora Perez Volpín murió en una elegante clínica privada por someterse a una endoscopía que en el mundo tiene una tasa de mortalidad del 0,004 %.

Hoy estar a favor del aborto es políticamente correcto. Seguramente algunos políticos harán un sondeo de opinión para ver cómo votar. Otros lo harán a favor o en contra por sus principios. Ojalá todos podamos -aún en las redes sociales- disentir con res- peto porque entiendo que hay dos valores en pugna: defender la vida de la mujer y amparar el desarrollo de un ser independiente que carece del poder de decidir sobre su futuro y si verá la luz algún día. Me conmueve el dolor de una mujer que tiene un embarazo no deseado, pero también la vida que se gesta en sus entrañas.