Domingo 03.03.2024

ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA

Acerca del pecado y el pecador

Por: P. Guillermo Marcó

Con su decisión de facultar a los sacerdotes para levantar la excomunión, sin requerir la autorización del obispo, de quienes confiesan un aborto, el Papa enfatiza la misericordia de Dios. Pero también, la gravedad de esa práctica.
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Causó revuelo la decisión del Papa, de extender el permiso para absolver el pecado del aborto a todos los sacerdotes. Es importante aclarar que, cuando un sacerdote es ordenado por un obispo, recibe el sacramento del orden sagrado. Para poder ejercer el ministerio, hace falta que el sacerdote reciba también un nombramiento, o autorización, por parte del obispo, lo que implica un lugar donde ejercer su ministerio.

El derecho canónico autoriza a los sacerdotes a absolver los pecados y reserva a la delegación del obispo ciertos casos por la gravedad del pecado cometido. Hay que tener en cuenta también -como lo enseña Santo Tomás de Aquino- que todo pecado tiene tres componentes: objeto, fin y circunstancias. El objeto es sobre la materia que versa, acerca de lo que se cometió: el aborto está considerado un crimen; el que sea cometido contra un inocente que no puede defenderse, es un agravante. La circunstancia también lo es, porque quienes atentan contra su vida son las personas que naturalmente están llamadas a defenderlo: sus padres y el médico. Todo ello ha llevado a que pese la pena de excomunión sobre quien comete el pecado del aborto y los que lo facilitan.

En el plano práctico, la excomunión pueden perdonarla sólo los obispos y a los sacerdotes que estos deleguen. En la arquidiócesis de Buenos Aires, como en otras jurisdicciones eclesiásticas del país, los obispos han optado desde hace tiempo por conceder el permiso a todos sus sacerdotes de absolver el pecado del aborto y levantar la ex-comunión merecida por tal hecho. En la Ciudad de Buenos Aires, esta autorización la dio el cardenal Antonio Quarracino, hace años.

En aquellas diócesis donde el permiso no ha sido extendido por su obispo a la totalidad del clero, los especialistas consultados coinciden en señalar que la mayoría de los párrocos tienen este permiso, y quien no lo tuviera sabrá de todos modos cómo acompañar en su camino de reconciliación al pecador arrepentido que quiere volver al seno de la Iglesia.

Por lo tanto, la novedad de la de- cisión del Papa radica en hacer extensiva esta autorización a todos los sacerdotes. Pero hay que aclarar que no levantó la pena de excomunión que pesa sobre los que lo cometen o colaboran en su concreción. Esta decisión, además, se vincula con algo que muchas veces habíamos conversado los sacerdotes en Buenos Aires referida a que, cuando una mujer se acerca al confesionario arrepentida, carga sobre sí un gran dolor; si la iglesia es el rostro de la misericordia de Dios, debe acompañarla para que ella también pueda perdonarse -como la ha perdonado Dios-. Por lo tanto, es importante que en ese momento quien la escucha tenga la capacidad de absolverla y no deba derivarla a otro sacerdote autorizado para hacerlo.

El fin con el que se realiza un aborto es lo borroso. Tantas veces no se tiene conciencia de lo que se va a hacer. Otras, las circunstancias por las que se decide suelen ser de extrema necesidad, lo cual atenúa la culpabilidad de la persona. Cuando Jesús habla sobre el adulterio es sumamente duro: “El que miró a una mujer deseándola ya cometió adulterio en su corazón”. Sin embargo, cuando le acercan a una mujer adultera, a la que la ley ordenaba apedrear, no toma la piedra más grande para tirársela por la cabeza. Es importante entender que la Iglesia, fiel a su maestro, sea dura con el pecado, pero misericordiosa con el pecador.