Adultos mayores: no hay edad para aprender y cambiar

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Los vínculos sociales, y la vida de los adultos mayores se vieron traumáticamente afectados por la pandemia del COVID-19 por ser consideradas personas de riesgo y estar confinadas mucho tiempo dentro de sus hogares. Pasaron de tener una vida independiente y activa, a padecer una situación de dependencia respecto de sus hijos, u otros adultos que los asistieron para cuidarlos del contagio.

Si bien esto los hizo sentirse queridos y protegidos, les significó implicarse en la categoría social de “viejos”. Vieron truncadas sus actividades familiares, culturales y sociales. El temor a la enfermedad y la muerte se hizo presente como una amenaza en sus vidas.

Desde 1990 la Organización Mundial de la Salud explicitaba que nuestra sociedad tenía una mirada peyorativa hacia el “viejismo” y que esto influía en la calidad de su vida. Por este motivo se planteó un cambio de paradigma: la edad cronológica es un proceso gradual que se desarrolla a lo largo de toda la vida.

No todos los adultos mayores atraviesan las mismas situaciones, por lo que no podemos hablar de vejez sino de vejeces, es decir, cada uno vive esta etapa de una manera diferente. Muchos de ellos, al no estar sometidos al cumplimiento de obligaciones laborales y/o familiares, lograron la libertad de elegir actividades placenteras, ser personas activas e independientes con muchos proyectos, que fueron truncados por la pandemia.

Los alumnos de la Licenciatura de Psicología (UADE) realizaron encuestas de opinión voluntarias y virtuales, para conocer cómo les afectó psicológicamente la situación epidemiológica que vivió el mundo. A partir de ellas y de mi experiencia clínica, observé que, en un primer momento, padecieron tristeza, trastornos del sueño y de la alimentación, irascibilidad, etc. Pero muchos de ellos, en vez de encerrarse en una nostálgica depresión, lograron una conducta resiliente: aprendieron a utilizar dispositivos electrónicos para interactuar con su familia y amigos, o comenzaron a realizar cursos por internet.

Esto significó atravesar situaciones de duelo por la cotidianeidad anterior a la pandemia y la reconstrucción de una vida presente que les permitió verse motivados para comunicarse con otros y continuar activamente sus procesos de aprendizaje.

La conducta resiliente posibilita disminuir el sufrimiento sin negarlo y volver a sentir que pueden ser protagonistas activos de esta época histórica que les tocó vivir. Esto les posibilitó, poco a poco, volver a sentirse independientes, con una rutina de horarios marcada por sus acciones.

Los aprendizajes y cambios pueden venir a pesar de la edad, que es algo circunstancial. La resiliencia y la flexibilidad son características que tienen algunas personas, lo cual les permite ser protagonistas de su propia vida, y aceptar su edad como un proceso natural. De esta forma, pueden encarar nuevos proyectos y actividades.

Dra. Diana Barimboim
Docente de Psicología - UADE