un cura rockero que va y viene entre templos y escenarios

Al compás de Dios y ... ¡del rock!

El padre César logró armonizar su vocación por el sacerdocio y la música moderna con un mensaje espiritual.
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Como dos caras de una misma moneda, el padre César Scicchitano es cura y rockero a la vez. Su último disco “Volvé … está saliendo el sol”, con su banda “El padre César y los pecadores”, incluye covers de Pappo, Facundo Cabral, Alejandro Lerner y la  participación especial de Pity Álvarez.
“Estas dos vocaciones pueden parecer  contradictorias, pero con los años fueron fusionándose en mi vida”, dice el padre César  a Valores Religiosos. Hoy reconoce que, si una u otra le faltara, no podría ser feliz.
 “El rock que conocí en mi adolescencia, que coincidía con la época de la dictadura, no  era diabólico -dice-, sino una filosofía de vida que estaba contra ciertas imposiciones sociales y que hablaba de la libertad del hombre”. Y recuerda que, en ese tiempo, sus influencias musicales eran Charly García, León Gieco, David Lebón, Spinetta y Pastoral. “Toda esa gente no me hablaba de destruirme la vida, al contrario, hablaba del amor, de estar de cara al sol, de la libertad interior”, afirma.
En esa época César era  curiosamente muy crítico con la religión, hasta que, a los 21 años, un amigo lo invitó a tocar con su banda a beneficio de los inundados en una parroquia. “Ahí me encuentro con un trabajo solidario muy lindo –dice César- y me doy cuenta de que lo único que yo hacía era hablar, o sea, que no hacia nada”.
Sin más se largó con el grupo de jóvenes a  misionar a Santiago del Estero. Allí, en el medio del monte, conoció gente que le   cambiaría la vida. “Me di cuenta que a la música le faltaba esa otra parte espiritual y yo quería participar, acompañar más de cerca la vida de las personas y hacerlo  también desde el altar”, explica el padre César. A la vuelta ingresó al seminario y por 8 años dejó de lado su vocación musical. Sin embargo, antes de concluir sus estudios, uno  de sus superiores le habló nada menos que del recordado padre Jesús Segade -coautor de la Misa Criollaque, según lo evoca el padre César, fue uno de los tesoros que conoció dentro de la iglesia. “Me ayudó a que vuelva a estudiar piano, me dejó participar en el coro que dirigía y me permitió ir aprendiendo obras tan maravillosas de Bach, Mozart, Kodálly”, recuerda. Hasta que después, de a poco -cuenta-, volví a conectarme con lo  que había dejado atrás, la música del adoquín: el rock”. Hoy reparte sus horas en  colegios de dos barrios porteños, las misas, sus clases de piano y canto, los conciertos y los ensayos con su banda. Asegura que no se siente más sacerdote cuando está en el templo que cuando sube a un escenario porque tocar en bares o pubs le permite llegar  con su mensaje a mucha gente. Compositor nato, su copiosa discografía incluye 3 discos de rock: Acariciando el dolor, Bajá un cambio y Volvé … está saliendo el sol. Además de villancicos, canciones a advocaciones a la Virgen y a santos, y -próximamente- un disco con las primeras oraciones para chicos de 2 a 5 años. Afirma que su maestro es Jesús y quiere seguir sus pasos. “Su misión era sembrar el amor en el corazón de la gente; yo trato de hacerlo a través de la música porque es el don que Dios puso en mí”, concluye.