en los suburbios de roma

Cómo es la comunidad que intenta curar a sacerdotes pederastas

Se llama Monte Tabor y recibe a clérigos que son enviados por diversas dificultades, entre ellas, acusaciones por pedofilia. Están allí mientras no reciban condena civil. Se los trata con terapia, vida comunitaria y se busca la sanación espiritual.
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Se llama comunidad del Monte Tabor y es vecina al santuario romano del Divino Amore, en los suburbios de la capital de Italia. Es uno de los pocos centros de terapia psicológica de la Iglesia que recibe curas y monjas con distintos problemas serios, entre ellos la pedofilia. Paolo Rodari, vaticanista de La Repubblica lo visitó y entrevistó al diácono permanente Ermes Luparia, de 69 años.

Don Ermes explicó que son los obispos los que mandan a los responsables de abusos sexuales a menores “para que los curemos”.

“Somos una unidad terapéutica a todos los efectos”, dijo a La Repubblica. Llegan cuando las acusaciones son públicas pero los procesos civiles no han llegado a una conclusión”.

El diácono Luparia dijo que “vienen a curarse para comprender a través de un camino terapéutico qué los llevó a cometer crímenes inaceptables”.

Ninguno es aceptado sin el consentimiento de las autoridades civiles. “La policía conoce nuestro comportamiento correcto”, aclara el diácono.

Don Ermes señaló que los obispos italianos los mandan “para evitar que cometan otros abusos”.

Todos llegan por obediencia a la voluntad del obispo. “Hacemos un primer coloquio de evaluación para saber si detrás de la obediencia existe una conciencia del crimen cometido. De las primeras respuestas hacemos un pronóstico que es útil para seguir la terapia”.

El centro, explicó Luparia “es una fraternidad sacerdotal”. La vida comunitaria exige a los internados la misa matinal y a cada uno se le asigna un deber. En la cocina, en el mantenimiento del huerto y otra actividades. “El nuestro es un camino global. Terapia y vida en comunidad”, señaló.

Quienes viven en el centro del Monte Tabor deben seguir las reglas o son denunciados al obispo que lo envío a curarse. Por ejemplo, la oración no puede ser eludida. “Es necesaria una vida de un cierto tipo para sanar ciertas heridas”.

Cuando el proceso civil concluye, si la sentencia comprende la cárcel “el sacerdote pedófilo es acompañado a la prisión. En la mayoría de los casos a este punto tienen ya una conciencia nueva”.

Pero no hay garantías de que ciertos crimenes se vuelvan a presentar. “Nosotros hacemos todo lo posible para que ciertos comportamientos sean definitivamene dejados de lado”. Don Ermes destaca que “solo la Iglesia propone este camino”.

El terapeuta Luparia se lamenta de que son pocos los obispos que visitan el centro para alentar y controlar a los pedófilos allí internados. “Sería positivo que vinieran con más frecuencia”, dijo al vaticanista Rodari.

Las sesiones terapéuticas se realizan dos veces por semana.

La Repubblica preguntó si todos los que son acogidos pueden también irse cuando quieren. La respuesta fue: “Depende. Algunos sí, otros no”.

Y si alguno de lo sacerdotes pedófilos pueden ser un peligro, ¿qué hacen?

“Tenemos el deber, incluso por los principios que regulan nuestro trabajo y la relación con los obispos, de informar enseguida al superior, invitándolo y aconsejándole a que tome medidas”, respondió el diácono.

Don Ermes concluyó que “el peligro de vida y el peligro de escándalo, son como una liberatoria de los principios de la privacidad”.

Fuente: Clarín