OPINION - AUTOR: Mons. Luis Rivas

Como leer los evangelios

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Hay tres etapas en la investigación sobre los problemas históricos referentes a Jesús: La primera se ubica en los siglos
XVIII-XIX, cuando el racionalismo rechazó lo que los Evangelios refieren sobre los hechos de Jesús, el “Cristo de la fe” creado por la Iglesia, y buscó un “Jesús histórico” que estaba oculto bajo ese manto. En el siglo XX se presentó una segunda etapa: los Evangelios fueron escritos desde la fe en Jesucristo, y los hechos relatados en ellos carecen de valor histórico. Pero se encuentran elementos históricos en las palabras puestas en boca de Jesús. Despreocupándose de los hechos de Jesús, se estudiaron sólo sus palabras. Hacia finales del siglo XX se abrió paso una tercera etapa. Situando a Jesús dentro de los parámetros del judaísmo de su tiempo, se pregunta por lo que significó su predicación y su actuación para sus contemporáneos. Según se reconstruya el judaísmo de la época y los personajes con los que Jesús es comparado, surgen diferentes imágenes hasta ahora inconciliables: un predicador itinerante, un filósofo cínico, un apocalíptico, un carismático, un exorcista, un revolucionario ... Algunas de estas conclusiones pueden ser aceptables para los creyentes, pero otras no tanto. Los autores de los Evangelios tomaron datos de la historia de Jesús y los narraron de manera que los lectores supieran quién es el Cristo de la fe: no hay un “Jesús histórico” y un “Cristo de la fe”, sino que es uno y el mismo. * Profesor de Sagradas Escrituras de la UCA