EL SERVICIO DE LA ASOCIACIÓN CATÓLICA GRÁVIDA

Con el cuidado de la vida como premisa

Por: María Montero

Lejos de los juicios de valor, una institución informa y acompaña a embarazadas en riesgo o luego de un aborto.
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“Llegué a Grávida con 13 años, embarazada, a punto de abortar. Me ayudaron en lo médico y lo económico, pero especialmente escuchándome. Tener a mi hijo fue una bendición, no me separé más de él. Tengo una vida normal, estudio, salgo con amigas y vengo a ayudar a otras chicas en lo que pueda.” Este testimonio es sólo una muestra de lo que se escucha en los Centros Grávida. Sin ir más lejos, el año pasado, asistieron a 1094 embarazadas en riesgo social y acompañaron los procesos post abortos de muchas de ellas.
La asociación, que se define como un centro de asistencia a la vida naciente, tiene su sede central en San Pedro y funciona con voluntarias que enfatizan en la valoración de la vida desde el seno materno, para transformar el futuro de los bebés por nacer mejorando el presente de las mamás.

“No debatimos sobre el aborto ni tratamos de convencer a nadie –explica Diana de Castillo, directora nacional de Grávida-, sino que orientamos y acompañamos a las madres, especialmente a las de sectores más vulnerables, porque creemos que ante el desafío de un aborto está la posibilidad de multiplicar la ayuda desde la sociedad. Se podría definir como una alternativa de ayuda y acompañamiento fundada en el amor”

El objetivo principal de la asociación es llegar cada día a más gente para anunciar desde el servicio el valor de la vida desde la concepción. Para ello dictan programas de concientización en escuelas y organizaciones juveniles, brindan cursos de crianza para embarazadas, talleres en distintas disciplinas como cocina, confección de ajuares, souvenirs en porcelana fría y sostienen micro emprendimientos para la inserción laboral de las madres. Además de un programa de sanación para mujeres que sufren las heridas de un aborto.

Diana asegura que Dios y la Virgen le confiaron el servicio de caminar la realidad poniéndose al lado de las embarazadas en riesgo con su embarazo, para ofrecerles una alternativa. “Grávida recrea la pedagogía del amor y la misericordia –dice- para salir al encuentro de jóvenes víctimas de violaciones, discapacitadas, casos de violencia familiar, bebés con pocas posibilidades de vida, enfermedades terribles y también de padres, que bus- cando el bien para sus hijas, piensan que un aborto es la solución”.

Cada centro está formado por voluntarios, sacerdotes y un equipo interdisciplinario. Antes de sumarse, los voluntarios y auxiliares reciben un entrenamiento teórico-práctico de 15 horas a cargo del padre Bernardo Ruiz Moreno, asesor de Grávida, de la directora de la institución y de profesionales del equipo técnico.

“Ayudar es una forma de dar lo mejor de uno”, sostiene una de las voluntarias y asegura que en esta sociedad tan violenta el fortalecimiento del vínculo materno infantil es la mejor prevención porque “con los conocimientos y el estímulo necesario una mujer puede ser mejor madre y un niño puede tener una infancia más saludable y feliz”.

“Es un servicio muy delicado y silencioso –afirma Diana-, pocas palabras, pocos gestos y mucho compro- miso de no revelar ni denunciar ninguna situación; de ahí que nuestra espiritualidad tome a la Virgen como modelo de mujer, madre y discípula”.

En el 2003 la Asociación comenzó un período de expansión a través de Jornadas de Capacitación para el Ser- vicio a la Vida, con la acreditación de nuevos voluntarios y la apertura de centros en otras diócesis del país.