Miércoles 28.10.2020

En un artículo

Destacan las tres etapas filosóficas en la vida del padre Ismael Quiles

Lo hace el secretario académico de la Facultad de Filosofía de la USAL, Jorge Martín, al referir al libro “Autorretrato filosófico”, en el que el religioso jesuita las revela: racional, in-sistencial y sintetizadora del pensamiento de Oriente y Occidente.
Comparte

El doctor Jorge Martín, secretario académico de la Facultad de Filosofía, Letras y Estudios Orientales de la Universidad del Salvador (USAL), destaca en un artículo las tres etapas filosóficas del sacerdote jesuita Ismael Quiles.

El filósofo detalla los tres momentos que el religioso revela en su libro “Autorretrato filosófico”: racional, in-sistencial y sintetizadora del pensamiento de Oriente y Occidente.

En este sentido, Martín aclara que estas etapas “no se excluyen unas a otras, sino que por el contrario se van complementando y enriqueciendo progresivamente”.

Texto del artículo
En su libro Autorretrato filosófico, el Padre Ismael Quiles (1906-1993) nos cuenta que pasó por tres grandes etapas filosóficas en su vida. Pero es preciso aclarar que las mismas no se excluyen unas a otras, sino que por el contrario se van complementando y enriqueciendo progresivamente. Son las siguientes: la racional, la in-sistencial y la sintetizadora del pensamiento de Oriente y Occidente.

La primera, la racional, se desarrolló entre 1938 y 1948. Aquí, su pensamiento se movió dentro del horizonte básico de la filosofía escolástica. Como es sabido, las principales órdenes religiosas leen a santo Tomás desde sus propios intérpretes, y por eso el Padre Quiles se aproximó a él desde la óptica de Francisco Suárez. Esto significa que, ya en esta primera etapa filosófica, él reivindicaba un realismo moderado, pero destacando el valor de lo individual como objeto de la ciencia. Dicho en otras palabras, ya aquí se vislumbra su rechazo a construir una filosofía basada en puras abstracciones. Es decir, que en este primer período él adoptó un modelo escolástico-suarista, lo que implicaba a su vez la presencia velada de elementos agustinianos y escotistas que iban a eclosionar en la etapa siguiente, la in-sistencial.

Este segundo momento se desarrolló entre 1948 y 1960. Es claro que en esta etapa él trascendió aún más el intelectualismo escolástico a raíz del diálogo que entabló con el existencialismo y la fenomenología. De la primera tendencia, rescató el enfoque centrado en la existencia concreta humana, pero no en su línea atea e irracionalista, sino en la de la apertura a la trascendencia (siguiendo a autores como Marcel y Lavelle); de la segunda, la necesidad de una descripción metódica de nuestros hechos de conciencia. Podemos afirmar que el in-sistencialismo recurre al método de la interioridad de san Agustín para lograr el objetivo fundamental de la filosofía, que es el autoconocimiento. Y es esta intuición metafísica de nuestro centro interior el camino que hay que desarrollar, porque lejos de encerrarnos en un idealismo solipsista, nos permite abrirnos al conocimiento experiencial e inmediato del ser, del mundo, del prójimo y de lo Absoluto.

La tercera etapa es la de la síntesis entre Oriente y Occidente (a partir de 1960). Para entender esta apertura del Padre Quiles hacia el diálogo con las filosofías y religiones orientales, debemos recordar qué es lo que estaba sucediendo en los ámbitos teológicos católicos a mediados de siglo. Después de la Segunda Guerra Mundial, se percibe por parte de muchos estudiosos un movimiento de retorno a las fuentes del cristianismo, sobre todo a los Padres de la Iglesia. Es en este contexto que se desarrolló la nouvelle theologie, que iba a conducir al aggiornamento del Concilio Vaticano II. Teniendo en cuenta este marco histórico, no extraña que él reivindicara en numerosas oportunidades la renovación conciliar. De los diversos documentos conciliares, el Padre Quiles solía hacer mención a la Declaración Nostra Aetate sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas (que incluye referencias al hinduismo y al budismo).

Para concluir con esta breve presentación, me gustaría recordar que Henri Bergson sostenía que, en el origen de toda obra filosófica, hay una intuición fundamental. En el caso del Padre Quiles dicha intuición fue la captación de la esencia del hombre y de su destino. Como buen jesuita del siglo XX, para desarrollar su antropología filosófica buscó con osadía fuera de los caminos habitualmente transitados, siempre aspirando a armonizar la tradición y el progreso, la vida contemplativa y la vida activa, en el contexto de una visión optimista del mundo, y todo, absolutamente todo, ad majorem Dei gloriam.


Fuente: USAL