Domingo 21.07.2024

JUDIOS. EL PATRIMONIO CULTURAL DE LA PALABRA

Dos lenguas, una identidad

El ladino y el idish son idiomas distintivos de cada judío. Ambos produjeron piezas artísticas de carácter universal. Y sobrevivieron al Holocausto.
Comparte

- Tzvi bar Itzjak -

Existen dos lenguajes, entre otros, que atesoran perlas de sabiduría antigua y moderna, y que se manifiestan de manera universal. Ellos son el “ladino” y el “idish”. Ambos idiomas, encantadores, motivan a cada judío a rememorar canciones, palabras, dichos, cuentos y poemas que forjan la más tierna identidad. Proveniente de la península ibérica, el ladino o judeo-español es una antigua lengua romance que sigue poseyendo muchos adherentes.
Según los investigadores fue un idioma que se expandió por todo el Imperio Otomano. Contiene no solo vocablos en castellano sino también en hebreo, árabe, arameo, portugués, catalán, y dialectos diversos. Es uno de los lenguajes más ricos del llamado judaísmo sefardí; aquel que tuvo su origen en la zona de España, divulgándose a toda Europa y países árabes.
Su bella y suave pronunciación sigue siendo usada en poemas, plegarias y expresiones de profunda sabiduría. Su literatura fue y es escrita, tanto con caracteres latinos así como hebreos. La radio oficial de Israel, transmite programas e informativos en dicho idioma.
El idish es el lenguaje perteneciente a las comunidades del centro y este europeo, llamadas ashkenazies. Contiene palabras del idioma alemán y el hebreo indistintamente. Su escritura utiliza de manera exclusiva el alfabeto hebreo.
Así como el ladino, el idish es un idioma ciertamente antiguo cuya literatura sigue publicándose hasta la actualidad.
A pesar de que el efecto devastador de la Shoá (el holocausto) produjo que la población que la utilizaba se reduzca notablemente, existe un movimiento cultural que despierta interés para que se siga enseñando en el presente en universidades como la de Oxford y La Sorbona. Dos premios Nobel de literatura vieron en ambos lenguajes sus raíces.

Elias Canetti, nacido en Bulgaria, encontró en la cultura sefaradí y en el ladino gran parte de su inspiración al escribir entre otras, su novela “Auto de fe”. Isaac Bashevis Singer, nacido y criado en el barrio judío de Varsovia, plasmó toda su obra exclusivamente en idish.
Estos idiomas, produjeron diversas variantes artísticas, y llevaron a que obras de teatro y comedias musicales sean sustento de atracción en grandes escenarios del mundo. El famoso “Violinista en el Tejado” estrenado en Broadway en 1964 y también representada en Buenos Aires, está basado en el libro “Tevie el Lechero”, del escritor idish Sholem Aleijem.