un aporte a la formacion

Educar con el ejemplo

Por: María Montero

Los jóvenes asimilan los valores en la medida en que los ven encarnados en los mayores. Por eso, la Vicaría de la Educación porteña destaca modelos de vida premiando a personalidades ejemplares.
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A pesar de la crisis de valores de la que tanto se habla, continúan apareciendo referentes que educan con su testimonio o su profesión desde el esfuerzo cotidiano, la búsqueda de la verdad y la preocupación por el otro. De eso da cuenta el número de hombres y mujeres galardonados a lo largo de los años por la Vicaría de Educación de la  arquidiócesis de Buenos Aires con los premios Juntos Educar. Según el padre Juan  Torrella, titular de la Vicaría, la entrega tuvo siempre el sentido de “explicitar y promover modelos denuestra sociedad para acercarlos a los niños y los jóvenes”. Y  firma que quiso ser también “un signo de gratitud y reconocimiento al esfuerzo en el cultivo de los dones y talentos que Dios regala, para ponerlos al servicio de los otros y del bien común”.
Los valores no se pueden inculcar en la escuela. Para que sean asimilados hay que mostrarlos en la vida, sobre todo porque la juventud es muy crítica de los discursos que no se encarnan. Quizás por eso, veinte siglos después, el mensaje de Jesús, entregando su vida por amor, sigue conmoviendo a tantos jóvenes.
Se dice que los defectos o virtudes que se ven en los hijos, no son fruto de lo que se les quiso  enseñar, sino de lo que vieron ellos mismos en sus padres. El malejemplo es muy poderoso, pero aún lo es más el bueno.
Uno de los premiados fue el locutor Juan Alberto Badía, recientemente fallecido, quien recordó a su padre como educador de su vida y le dedicó el galardón a la memoria de su maestro de la infancia, el padre Edmundo Michels. En esa oportunidad, Badía dijo que en su formación como persona y profesional lo había marcado la virtud de sus padres y de los maestros que lo orientaron. “Mis padres me educaron con valores imposibles de corromper –afirmóy
luego los docentes del colegio Emaús de Palomar, pero especialmente le debo mucho de lo que soy al padre Edmundo”.
Según sus palabras, con el tiempo, esto lo lleva a trabajar en la comunicación. “Aparece la posibilidad de comunicarme con el prójimo, y ahí entendí –admite- que el prójimo es el próximo, el que está al lado, por eso siempre me gustó mirar a la gente a los ojos, porque aprendo escuchando para después poder transmitirlo”. Para el neurocientífico Facundo Manes, otra de las personalidades premiadas por la Vicaría, la educación es una responsabilidad y un gran honor. No sólo la instrucción formal, sino aquella que se va transmitiendo en el contacto con el otro. “Estoy convencido -subraya-que la riqueza y el potencial de un país se miden únicamente por el valor del capital humano y, por supuesto, por la educación, la ciencia y la tecnología, como pilares fundamentales del desarrollo total de una sociedad”.
 Desde el año 2000, en que se celebró el Año Santo jubilar, la Vicaría destinó el premio a reconocer, promover y alentar a personalidades e instituciones que contribuyen con emprendimientos destacados al desarrollo de la cultura y la educación en el país. Entre los galardonados en estos años se cuentan el presidente de la Academia
Argentina de Letras, Pedro Barcia; el economista Bernardo Kliksberg; el padre Mamerto Menapace; el humorista Luis Landriscina; el ex futbolista Gabriel Batistuta; el rabino Abraham Skorka; el pastor Emilio Monti, y la filósofa Paola del Bosco.