Domingo 21.07.2024

MUSULMANES

El aporte de intelectuales a la convivencia interreligiosa

Por: Ricardo Elía

Destacados escritores y filósofos ofrecieron puntos de encuentro para las personas de los distintos credos.
Comparte

Gotthold Ephraim Lessing (1729 - 1781), el escritor alemán más importante de la Ilustración, escribió a los doce años en un ensayo escolar que “hay que tener tolerancia con los musulmanes porque entre ellos hay personas justas como entre los cristianos”. En este espíritu de la tolerancia, Lessing trabajará durante toda su vida.

En su obra “Rescate de Cardano”, dedicada al médico, matemático y filósofo del Renacimiento italiano Gerolamo Cardano (1501-1576), Lessing demanda: “En los tiempos modernos la religión del Islam debe ser vista con tanta justicia como imparcialidad, y estudiosos de confianza deberían considerar necesario concedérselas”.

El filósofo, lógico, matemático y jurista alemán Gottfried Leibniz (1646 - 1716), en su “Teodicea” (1710) exalta al Profeta Muhammad por no haberse desviado en nada de la religión natural cuyos grandes preceptos fueron establecidos por Abraham, Moisés y Jesús. Era por cierto, un gran reconocimiento por parte de Leibniz hacia el Islam y los musulmanes. En 1720, Leibniz publicó anónimamente un opúsculo muy provocativo para la época intitulado “Muhammad no es impostor”, también llamado “Una defensa de Muhammad”.

Como Leibniz, Lessing encontró en el Corán todos los elementos esenciales de la religión natural, destacó el acuerdo con el dogma cristiano en la doctrina de un Único Dios, y –como el arabista inglés George Sale (1697 - 1736)- evaluó los preceptos éticos del Corán de tal forma que muy bien éstos podrían recomendarse a un cristiano.

En su famosa obra “Natán el Sabio” (1779), Lessing habla de la estrecha y fraternal relación de musulmanes y judíos en Palestina. El relato está ubicado en el año 1192, durante la Tercera Cruzada. El sultán Saladino ha recuperado Jerusalén en 1187 y ha invitado a los judíos a retornar a sus hogares en la ciudad. “Natán el Sabio”, que no es una comedia, ni un drama ni una tragedia, intenta reconciliar a judíos, cristianos y musulmanes a través de la reflexión y el respeto mutuo como creyentes monoteístas. Los personajes centrales son el sultán Saladino, Natán, un comerciante judío, y un caballero templario que coinciden en lo esencial. Fe y Razón se unen y vinculan todos los lazos y relaciones de la historia. La obra fue representada en el Teatro Döbbelinsches de Berlín en 1783.

Al igual que Natán el Sabio y Saladino, que en la obra aparecen jugando al ajedrez, Lessing y el filósofo judío alemán Moses Mendelssohn (1729 - 1786), padre de la Haskalá (Ilustración judía), y abuelo de los célebres compositores Fanny y Felix Mendelssohn, solían jugar juntos a dicho entretenimiento. La amistad entre Saladino y Natán, la profunda admiración hacia la sabiduría de los judíos por parte de los musulmanes y viceversa, evoca la amistad entre estos dos grandes hombres nacidos en el mismo año y la admiración de Lessing hacia las ideas revolucionarias de su amigo.

En su parábola de los tres anillos es donde Lessing mejor ha demostrado la interacción entre el Judaísmo, el Cristianismo y el Islam. Se trata de una narración que Lessing obtuvo de una tradición medieval. Habla de un padre que tiene tres hijos igualmente virtuosos y por los que siente la misma predilección. Entonces ordena hacer dos anillos iguales al que posee de manera que no es posible distinguirlos del auténtico. Llama a continuación por separado y en secreto a cada uno de sus hijos y les da un anillo. Al morir el padre se encuentran los tres hijos siendo poseedores de un anillo sin saber cuál es el verdadero. Estalla la querella entre ellos porque ninguno piensa que el padre pueda haberle engañado y llevan el asunto al juez quien decide que puesto que el anillo verdadero tiene la propiedad de hacer grato a Dios y a los humanos, que aquél de los hijos que consiga atraerse la benevolencia de Dios y de los humanos, cosa no posible de conseguir si no es imitando el amor incorruptible y libre de prejuicios del padre, será el poseedor del anillo verdadero, o sencillamente que el padre quiso terminar con la exclusividad del anillo único porque los amaba por igual y quería que los tres fuesen igualmente virtuosos. Es decir, las tres religiones tienen la posibilidad de ser verdaderas, todo depende del comportamiento ético. Serán tanto más aceptables, más agradables a Dios y a los humanos, cuanto mejor sea su praxis del bien. Lessing apela a la frase bíblica “por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:16). Esta es, en esencia, la moraleja de la parábola.