ISLAM - AUTOR: Fethullah Gulen

El camino hacia la perfección espiritual

Para vivir más plenamente en Dios y para Dios, el Corán llama a dar de aquello que más apego se tiene. Ser justos, incluso con los injustos; humildes, y hacer el bien a los demás eleva y permite hallar la paz.
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El fin del mes sagrado de Ramadán llama a reflexionar sobre el papel de la vida espiritual en el ser humano. Una forma de perfeccionar la espiritualidad y el acercamiento a Dios es la ayuda al prójimo. Es el momento también de la contribución social obligatoria para todo musulmán, llamada “zakat al fitr”. La palabra sadaqah  deriva de “sidq” que significa “verdad” y es usada en el Corán para referirse a aquello que la persona otorga a otra por la causa de Dios, lo que conocemos como caridad. Este  acto está íntimamente vinculado con la misericordia divina y con la purificación del ser humano. El Corán dice: “No lograréis alcanzar la piedad y la virtud hasta que no gastéis de aquello que amáis. Cualquier cosa que gastéis, no cabe duda que Dios posee pleno conocimiento de ello.” (3: 92). ¿Por qué Dios nos llama a gastar justamente aquello que  más amamos? Porque hacerlo ayuda a perfeccionarnos espiritualmente, convirtiéndonos en aquella persona que vive una vida plenamente espiritual en Dios y para Dios. La vida real transcurre en el nivel espiritual. Todos somos viajeros en este mundo, al que fuimos enviados para incrementar nuestro conocimiento espiritual y para elevar a los demás. Este viaje placentero y pintoresco sólo ocurre una vez y para aquellos que tienen sentimientos vigilantes y corazones despiertos es más que suficiente para establecer un jardín similar al Paraíso. Para aquellos que tienen velados los ojos todo desaparece en una exhalación. La perfección del espíritu, así como la madurez, significan ser justo en el trato con los demás, especialmente con los que han cometido una injusticia. Devolver el mal con mal indica una deficiencia en el carácter. Por eso no hay que dejar de hacer el bien, incluso a aquellos que hacen daño. Los que tienen el corazón vivo, aquellos que conquistan el pasado y el futuro, transcienden el tiempo. Son personas que nunca se sienten demasiado af ligidas por los pesares del pasado, ni demasiado ansiosas ante el futuro. Los que no son capaces de experimentar en su corazón la existencia en su forma más plena, aquellos que tienen vidas banales y superficiales, están siempre melancólicos y tienden a la desesperanza. Para ellos el pasado es una tumba y el futuro un pozo sin fondo. Viven de forma agónica, preguntándose si van a vivir o a morir.
Un signo de madurez y virtud es la humildad, mientras que la arrogancia y el  engreimiento indican un espíritu imperfecto. Los seres humanos más perfectos son los que están a gusto e intiman  con los demás. La humildad convierte a las personas en seres humanos de verdad. Una demostración de humildad es que la gente no cambie tras haber obtenido fama o conocimiento, rango o riqueza, o todo aquello que se admira públicamente. Si alguna de estas circunstancias hace que la persona altere sus ideas, sus actitudes y su conducta, no podrá considerarse que haya logrado la verdadera humanidad. En la relación con los demás hay que tener siempre como medida lo que a uno le gusta y lo que no. Desear para los demás lo que se quiere para sí y no olvidar que la conducta que a uno le desagrada causará el mismo efecto en los demás. Haciendo esto no se causará daño a nadie. El bien que se puede hacer a los demás no tiene límites. Hay muchos que llegan a sacrificar sus vidas por otros. Sin embargo, este tipo de altruismo solo será una gran virtud si surge de la sinceridad y de la pureza de intención. Los que consideran insignificante los mayores favores hechos, y agradecen
enormemente el más pequeño que se les hace, son los perfectos, que encarnan las pautas de conducta divinas y que encontraron la paz en sus conciencias. Del libro “Perlas de Sabiduría”