Domingo 21.07.2024

ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA

El imperativo de no encerrarse en el templo

Por: P. Guillermo Marcó

Una Iglesia “en salida”. El sínodo que se está haciendo este año en Buenos Aires busca partir de una escucha de integrantes de los ámbitos más variados de la ciudad para potenciar su labor misionera.
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La Iglesia en Buenos Aires está revisando su camino evangelizador haciendo memoria agradecida de sus raíces para entender mejor su modo de ser. La ciudad que nos alberga muestra los rostros de hombres y mujeres que nos recuerdan que descendemos tanto de los toldos como de los barcos, aunque por momentos no parecemos reconocernos como parte de una identidad común. La diversidad cultural es riqueza y ofrece a la Iglesia un desafío que el Evangelio es capaz de iluminar.

El sínodo que se está realizando este año en nuestra arquidiócesis tiene que mirar su historia para comprender su presente y sacar de sus reservas las fuerzas que nos permitan salir al encuentro de nuevas realidades humanas que nos toca evangelizar. Es oportuno recordar que la palabra “sínodo” significa “hacer juntos el camino”. Inspirada en ella, la Iglesia hizo una opción por los pobres entendida como una “forma especial de primacía en el ejercicio de la caridad cristiana, de la cual da testimonio toda la tradición de la Iglesia”.

Convencidos de que no hay realidad urbana –social, cultural, laboral, deportiva– a la que el Evangelio no pueda acudir, acompañar, iluminar y redimir, el sínodo de la Iglesia que peregrina en Buenos Aires quiere transitar todos los caminos del hombre y la mujer que comparten la vida y la fe en Dios, encontrarnos siquiera en los cruces de las calles y paseos y recordar la Buena Noticia. Pero también nos interesa escucharlos.

Decía nuestro arzobispo, el cardenal Mario Poli, en el documento que publicó hace tres años : “Es interesante el aporte hecho por las comunidades eclesiales y las reuniones de sacerdotes, pero permítaseme un aporte, para no caer en lo que alguna vez he llamado: ´la pastoral del rulero´. El entonces cardenal Bergoglio se reía cuando le decía que en las parroquias solíamos practicarla, tomar a nuestra única oveja y hacerle distintos tratamientos, ponerle ruleros, dejarle el pelo lacio o teñirla. Claro que las 99 seguían su vida afuera”.

Además de la realidad social, y en particular, la situación de los pobres, la ciudad que nos toca evangelizar concentra una actividad educativa y cultural enorme. Contiene la mayor concentración de estudiantes universitarios de América latina: cerca de medio millón entre las públicas y las privadas, muchos de ellos extranjeros. Tiene una gran cantidad de artistas y teatros, entre ellos el Colón. Aquí residen los tres poderes del Estado. Cuenta con los principales clubes y equipos de fútbol. Aqui se asientan todas las academias. Es la ciudad que concentra la mayor cantidad de eventos y conferencias y donde se desempeñan los principales medios de comunicación del país.

Podría seguir con esta lista interminable de actividades en Buenos Aires. Lo que quiero decir es que los católicos deberíamos reflexionar también sobre estas realidades que están en nuestra ciudad y no solo sobre la realidad de las parroquias, que son una parte muy pequeña de este rebaño que nos fue destinado.

Nos decía también el cardenal Poli: “El sínodo en Buenos Aires quiere sumarse al sueño del Papa Francisco: ‘Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación’. Eso implica adelantarse, tomar la iniciativa sin miedo, salir al encuentro, buscar a los lejanos y llegar a los cruces de los caminos para invitar a los excluidos”.

¡Allá vamos!