ISLAMICOS. EL VEREDICTO DE LA HISTORIA

El inmenso aporte cultural del Islam

Es muy profunda la huella que dejó la civilización musulmana durante ocho siglos en la Península Ibérica, que se extendió al resto de Europa y a Oriente. También fue modelo de convivencia y de libertad religiosa.
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Firas Elsayer

Recientes descubrimientos arqueológicos de tumbas musulmanas del siglo VII, en España, prueban la llegada pacífica de los musulmanes a ese territorio antes de la llamada por Europa “invasión del 711” que llevó una civilización de ocho siglos de presencia cultural enriquecedora en la Península Ibérica, como nunca antes en la historia.

Este período en el que se conoció en Europa una riqueza cultural inigualable para su época, un desarrollo industrial muy significativo y un avance tecnológico valioso para el progreso de la humanidad, también fue un modelo de respeto, convivencia y libertad religiosa, que brilló a través de todo “Al Ándalus” [España y Portugal] hasta 1492, año en el que cae Granada y con ello finaliza una de las etapas más importantes y prodigiosas de la historia de ese continente. No siempre bien reconocida y escasamente difundida en los actuales programas de educación y manuales de historia. Sí en cambio la historia feudal de un viejo continente y sus principales familias por su importancia e influencia.

Recordemos que los musulmanes se expanden desde la península arábiga, después del nacimiento del último Profeta enviado por Dios a la humanidad, Muhammad (El Mensajero de Dios) [570 e.c.] cuando a partir del año 633 sus seguidores los Jalifas “Ar-rashidun” [“bien guiados”, en árabe] difundieron el Islam a regiones hasta el momento pocas veces visitadas por los exploradores y descubridores de la época, forjando ante los viejos imperios Romano y Persa una nueva epopeya, llevando pacíficamente el modo de vida delIslam, las enseñanzas del Corán, libro sagrado de los musulmanes, a cada rincón donde hubiera posibilidad de propalarlo. Transmitiendo a través del conocimiento la sabiduría del monoteísmo de Abraham.

Esa misma motivación que llevó a beduinos pastores -hasta ese entonces- compañeros del Profeta Muhammad, llegar hasta China para llevar las enseñanzas del Islam, lugar en el que actualmente existen mezquitas en pie de más mil años de antigüedad, y a quienes el emperador chino les permitió predicar libremente el Islam, fue también la que motivó a que otros musulmanes, tiempo después, llegaran a los confines del lejano oriente, en regiones como Malasia e Indonesia, dando a conocer el monoteísmo islámico a través del comercio, al mismo tiempo que su población aumentaba y desarrollaba una cultura e interacción comercial con un occidente creciente.

Las primeras generaciones de musulmanes seguidores del Profeta Muhammad que llegaron a China, India, y todo el sudeste asiático, son las mismas que con vitalidad llevaron a otros musulmanes a través del oeste de la ciudad sagrada de La Meca a explorar el Norte de África, todo el Mar Mediterráneo hasta su llegada a la península ibérica.

Sin ninguna coacción a los adeptos de las demás religiones y sin ningún intento de difundir la arabización, la gente abrazó el Islam y procuró aprender la lengua árabe por propia iniciativa; no solamente por ser el idioma oficial del gobierno, sino por ser el idioma de la civilización de aquel entonces. El aporte que conoció occidente no fue solo a través de la maravillosa contribución a la lengua y literatura sino también a las matemáticas, la astronomía, la medicina, la óptica, la náutica y la ingeniería, entre muchas otras materias.

Según el psicólogo social y escritor francés Gustav Le Bon: “la tolerancia de Muhammad hacia cristianos y judíos fue tan grande, que no hay igual por parte de los fundadores de otras religiones que aparecieron con anterioridad y en especial el cristianismo y el judaísmo, y sus seguidores siguieron la misma tradición; algunos sabios europeos, estudiosos o investigadores, que estudiaron con profundidad la historia árabe lo atestiguaron” [Civilización de los Árabes].