El imponente fresco de El Juicio Final, pintado por Miguel Ángel entre 1536 y 1541 y ubicado sobre el altar mayor de la Capilla Sixtina, ha entrado en un nuevo proceso de limpieza extraordinaria, casi treinta años después de su última gran restauración.
Los trabajos, que se iniciaron este lunes con la instalación de los primeros andamios, tienen una duración estimada de tres meses y está previsto que concluyan a comienzos de mayo. Una vez finalizada la intervención, el público podrá volver a contemplar la obra con una renovada luminosidad y una recuperación del brillo original de sus colores.
Durante el desarrollo de la restauración, la Capilla Sixtina continuará abierta tanto a fieles como a visitantes. Sin embargo, el fresco no será visible, ya que quedará cubierto por una lona que reproduce en alta definición la imagen completa de El Juicio Final, una obra que ocupa aproximadamente 180 metros cuadrados. Las labores se realizarán detrás de esta pantalla protectora.
El responsable del laboratorio de restauración, Paolo Violini, explicó que, a diferencia de otras zonas de la Capilla Sixtina que reciben limpiezas periódicas nocturnas, esta obra requería una intervención específica. La razón es la aparición de una pátina blanquecina causada por la acumulación de micropartículas en suspensión, que con el paso del tiempo ha reducido los contrastes de luces y sombras y ha alterado la intensidad cromática ideada por el artista.
La directora de los Museos Vaticanos, Barbara Jatta, recordó que esta actuación tiene lugar casi treinta años después de la histórica restauración concluida en 1994 bajo la dirección de Gianluigi Colalucci. Aquel trabajo permitió redescubrir los colores originales del fresco, ocultos durante siglos por capas de humo, adhesivos y contaminación ambiental.
Según informaron los Museos Vaticanos, el objetivo principal de la intervención actual es eliminar los depósitos acumulados en la superficie pictórica y devolver a la obra la calidad cromática y lumínica buscada por Miguel Ángel, preservando al mismo tiempo su complejidad formal y expresiva.
Desde la gran restauración de finales del siglo XX, los frescos de la Capilla Sixtina han sido objeto de una vigilancia constante debido al elevado número de visitantes diarios. En este marco, se ha desarrollado un programa de mantenimiento preventivo que ha incluido las lunetas de Miguel Ángel, la serie de los Pontífices y las grandes escenas del siglo XV.
“El Juicio Final, que hasta ahora no había sido incluido en estas campañas, pasa hoy a ocupar un lugar central dentro de una intervención específica”, señaló Violini.
El proyecto cuenta con la colaboración de distintos departamentos especializados de los Museos Vaticanos, como el Gabinete de Investigaciones Científicas, la Oficina del Conservador y el Laboratorio Fotográfico. La financiación corre a cargo del Capítulo de Florida de los Patrons of the Arts in the Vatican Museums, una asociación internacional de mecenas dedicada a la conservación del patrimonio artístico de la Santa Sede.
Fuente: ACI