ISLAM - autor: Fethullah Gulen

El pilar de la sociedad

Nada hay más sano para una nación que la fundación de familias. Por ellas fluyen la felicidad material y espiritual. Pero también implican continuar la especie y formar con esmero las nuevas generaciones.
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Para el pueblo musulmán, el propósito del matrimonio no es el placer, sino formar una familia, asegurar la permanencia y continuidad de la nación, salvar al individuo de los pensamientos y sentimientos dispersos y controlar los placeres físicos. Tal como en otros temas que se relacionan con la naturaleza 
básica que Dios le ha dado a cada ser, el placer es un pago por adelantado, invitando y alentando al matrimonio.
La fundación más sana para una nación es una familia en la cual fluyen la felicidad material y espiritual, pues tal familia sirve como un colegio sagrado que cultiva estudiantes virtuosos. Si la nación  puede hacer sus hogares tan iluminadosy prósperos como sus escuelas y sus escuelas tan cálidas como sus hogares, ha hecho la más grandiosa reforma y ha garantizado la satisfacción y felicidad de generaciones futuras.
Con respecto a la crianza de los niños, se puede decir que el futuro de cada individuo se relaciona estrechamente con las impresiones e influencias que se experimentaron durante la niñez y la juventud. Si los niños y los jóvenes son criados en un clima donde su entusiasmo se estimula con sentimientos 
más elevados, tendrán mentes vigorosas y desplegarán buenas virtudes y morales.
La primera escuela para los niños, cuyas almas son tan resplandecientes como los espejos y capturan tan rápido la imagen como las cámaras, es el hogar. Sus primeras educadoras son sus madres. Así, es fundamental para la existencia y la estabilidad de una nación que las madres crezcan y se 
eduquen de tal manera que sean buenas educadoras de sus hijos. Los niños deben reverenciar y obedecer a sus padres lo más posible. Y los padres deben dar tanta importancia a la educación moral   espiritual de sus hijos como le dan a su crecimiento físico y a su salud; y encomendarlos a los mentores y maestros más honorables. La durabilidad de una nación depende de la educación de las generaciones jóvenes, de que ellas se despierten al espíritu y la  conciencia nacional, y a la conciencia y a la perfección espiritual. Si las naciones no pueden levantar generaciones perfectas, a las cuales se les pueda entregar confiadamente el futuro, éste será ciertamente oscuro. No hay duda alguna de que la principal responsabilidad para crear tales generaciones cae en manos de los padres. Por eso el respeto hacia los padres es una obligación elemental y sagrada.
Si los padres dan aliento a sus niños, para que desarrollen sus habilidades y sean útiles a sí mismos y a sus comunidades, le han dado a la nación un nuevo y fuerte sostén. Si, al contrario, no cultivan los sentimientos humanos de sus hijos, habrán soltado escorpiones dentro de la comunidad.
Porque un niño significa para la continuidad de la humanidad lo que una semilla para el crecimiento continuo y la multiplicación de un bosque. La gente que descuida a sus hijos decae gradualmente y aquellos que los abandonan a una cultura extranjera se arriesgan a la pérdida de su propia identidad. Aquellos que quieran asegurarse el futuro deberían aplicar igual energía a la crianza de los niños como la que le dedican a otros problemas. Mientras que la energía
que se consume en muchos objetivos resulta ser en vano, la que se dirija a criar una joven generación los elevará al rango de “humanidad”.  Esa generación será como una fuente de recursos inagotables. Las familias son el fundamento de la sociedad. El respeto recíproco de derechos y obligaciones dentro de la familia da como resultado una sociedad saludable y fuerte. Cuando tales relaciones familiares desaparecen, la sociedad pierde su compasión y su respeto
hacia los demás.