Miércoles 20.10.2021

Nota del suplemento Valores Religiosos

El valiente cura argentino que tiende puentes entre israelíes y palestinos

Como párroco en Gaza, el padre Gabriel Romanelli arriesga su vida para asistir espiritual y materialmente a la población. Y promueve la fraternidad interreligiosa. "La mayoría de la población de Israel y Palestina quiere la paz", afirma.
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Sergio Rubín

Las bombas caían implacables sobre Gaza. Pero el padre Gabriel Romanelli no se paralizaba. Iba igual a llevarle la comunión a un enfermo, a un anciano. En la parroquia, la única de la zona, estaba alojando a seis familias que corrían mayor peligro y con muchos hijos pequeños que estaban aterrorizados. Tampoco suspendía la misa, el rezo del Rosario y la adoración al Santísimo. Y como en todas partes del mundo debido a las restricciones sanitarias por la pandemia, apelaba a las nuevas tecnologías para transmitir los oficios. Claro que en este caso la imposibilidad de concurrir no estaba dada por el coronavirus, sino por los bombardeos.

Pero el papel del padre Gabriel -con todo lo arriesgado que fue hasta se logró la tregua como su mejor regalo de cumpleaños, ya que estaba alcanzando los 52 años- trasciende el reciente enfrentamiento bélico entre el ejército israelí y Hamas.  Es que hace más de 25 años que llegó a Medio Oriente procedente de la Argentina tras ordenarse sacerdote y en los últimos 14 años, desde que fue destinado a Palestina -aunque también prestando servicios cada tanto en Israel- se convirtió en un incansable constructor de puentes entre israelíes y palestinos, sin enredarse en las cuestiones políticas, y asistiendo espiritual, material y anímicamente a todos.

“Acá el diálogo interreligioso se traduce en acción concreta”, dice en diálogo telefónico con Valores Religiosos, en referencia a los servicios que presta su parroquia en sintonía con musulmanes y, cuando traspasa su radio de acción, también con judíos. “Nosotros no hacemos política y, de hecho, cada vez que estalla un conflicto la gente quiere más a la Iglesia católica porque abre sus puertas a todos, ayudando a miles de personas”, señala. Admite, sin embargo, que quienes ven toda esta obra desde afuera afirman que “estamos de la nuca” que “estamos locos”.

El padre Gabriel nació en el barrio porteño de Villa Luro, estudió en el seminario del Instituto del Verbo Encarnado en San Rafael, Mendoza. Su primera escala en Medio Oriente fue Egipto para estudiar árabe e islamología. Luego estuvo cuatro años destinado en Jordania hasta que fue a Italia a completar su licenciatura en filosofía. Actualmente es en Gaza párroco de la iglesia La Sagrada Familia, que lleva su nombre porque por allí pasaron José, María y el Niño Jesús cuando huían hacia Egipto de las amenazas de rey Herodes y volvieron a hacerlo a su regreso.

Su comunidad es muy pequeña: suma apenas 133 fieles. Los cristianos en general son unos 1.700, en su mayoría ortodoxos griegos con los que la parroquia trabaja intensamente. Más unos pocos evangélicos y un puñado de anglicanos. Y en medio de una población de dos millones, la mayoría musulmana. Eso no significa que la obra católica sea mínima. Por lo pronto, la Iglesia cuenta con tres escuelas con 2.400 alumnos, la mayoría musulmanes. “Allí se respeta la religión de cada uno, no se habla de política y es un verdadero oasis”, subraya.  

De mucha mayor envergadura es el servicio de salud que se presta. Posee una clínica y varios puestos sanitarios móviles en los que, a raíz de la pandemia, y sumado a las visitas domiciliarias, se atendió a más de 40 mil personas (normalmente se atiende a 22 mil por mes). “La Iglesia asistió a más gente que el propio ministerio de Salud de Palestina”, señala el padre Gabriel. Aclara que este servicio se prestó por pedido de las autoridades palestinas ante la falta de recursos suficientes. “Esto es diálogo interreligioso en acción”, insiste.

La parroquia -aparte de contar con diez grupos de católicos y ortodoxos para su quehacer propiamente religioso- cuenta con una guardería. La congregación de la Madre Teresa atiende un hogar para 50 chicos discapacitados que fueron abandonados. Más un asilo para 25 ancianos, también abandonados. Además, el padre Gabriel creó un centro de formación espiritual y laboral para cristianos, dado que hay muchos de este tipo, pero para musulmanes. Y una fundación que atiende a chicos con una deformación genética llamada “pie mariposa”.

Ante cada conflicto bélico, Romanelli cuenta que la parroquia se mueve en tres líneas de acción: espiritual, existencial y material. En cuanto a la primera alude a todo el servicio religioso que no se interrumpe nunca. Con respecto a la segunda, cuenta que se realizan diversas actividades recreativas, especialmente con los niños y jóvenes, que quedan particularmente afectados. “Organizamos competencias de fútbol, de básquet, presentaciones de payasos, paseos por el mar y hasta, en términos argentinos, asados”, detalla.

Finalmente, en cuanto a lo material, la parroquia colabora en la reconstrucción de las casas de los cristianos más dañadas. Y, en fin, prepara comida para repartirla entre los más carecientes y distribuye leche entre los niños. Ahora bien, toda esta obra implica contar con no pocos recursos. “Somos unos grandes pedigüeños”, explica el padre Gabriel. Destaca que la Providencia actúa. Además, destaca que la Iglesia es muy creíble porque “la ayuda se ve, llega efectivamente a quien la necesita, gracias a Dios”.

Subraya, además, que más allá de Palestina, la Iglesia católica en Israel se ocupa de confraternizar con la comunidad judía. Pone un ejemplo actual: en la Casa Santa Ana, levantada donde nació la abuela de Jesús, en la localidad de Séforis, en Galilea, se está realizando un concierto organizado por los vecinos judíos. El lugar pertenece a los franciscanos, pero es atendido desde hace 15 años por el Instituto del Verbo Encarnado, “Lo cual muestra que también tenemos una óptima relación con la comunidad judía”, subraya.

Con todo, dice que tras cada conflicto bélico el desafío es -citando recientes declaraciones del patriarca católico de Jerusalén, Pierbattista Pizzaballa- “reconstruir el entramado social”. En ese sentido, considera que “hay que ser sinceros y no negar que entre israelíes y palestinos hay quienes no quieren ni saludarse, pero la convivencia en general es buena”. Destaca que “la mayoría de la población de Israel y Palestina quiere la paz y sabe que no será fácil alcanzarla, pero tampoco imposible”.

Hacia el final de la entrevista, el padre Gabriel hace una revelación impactante. El último conflicto lo transitó en la etapa final de seis meses de largas sesiones de quimioterapia debido a un cáncer de colon extirpado, sin metástasis, pero que preventivamente lo obligaron a someterse a esa terapia agotadora. Curiosamente, cuenta que la adrenalina de los bombardeos le provocaba una mejoría que le permitía brindar personalmente la asistencia, aunque cuando pasó “me vine abajo otra vez”.

Tras recuperar fuerzas aceptó la entrevista. Y aprovechó para subrayar lo que lo mueve. “Mi catolicidad no me lleva a apartarme del medio donde vivo, sino a integrarme con todos, a proclamar el mensaje de amor de Cristo a todos. Esto me da la fuerza para cumplir con mi misión y prestar un servicio”, afirma. Y expresar su gran anhelo: “Por eso, creo que no hay que bajar los brazos, seguir rezando y trabajando por la reconciliación, la justicia y la paz”.


Fuente: VR