ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA - AUTOR: PBRO. GUILLERMO MARCO

Felices los que trabajan por la paz

Por: P. Guillermo Marcó

El reciente documento de los obispos traza un crudo diagnóstico sobre la inseguridad y la violencia en el país. Pero a al vez es un llamado a no perder la esperanza y a comprometernos en la edificación de una sociedad mejor.
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La asamblea de obispos acaba de señalarnos un camino a transitar ante la ola de delitos y violencia. En su declaración -titulada "Felices los que Trabajan por la Paz"- nos advierten acerca de situaciones a las que nos hemos ido acostumbrando: "Son numerosas las formas de violencia que la sociedad padece a diario. Muchos viven con miedo al entrar o salir de casa, o temen dejarla sola, o están intranquilos esperando el regreso de los hijos de estudiar o trabajar. Los hechos delictivos no solamente aumentaron en cantidad, sino también en agresividad. Una violencia cada vez más feroz y despiadada provoca lesiones graves y llega en muchos casos al homicidio. Es evidente la incidencia de la droga en algunas conductas violentas y en el descontrol de los que delinquen, en quienes se percibe escasa y casi nula valoración de la vida propia y ajena". Y redondean: "el país está enfermo de violencia". Hasta hace poco toda esta situación se vivía solo en las grandes ciudades, no en el interior, menos aún en el campo. Hoy está generalizada como lo testimoniaron los obispos de todo el país en su encuentro.
Nuestro pueblo, en general, es paciente, pero esta paciencia está empezando a agotarse: "La reiteración de estas situaciones alimenta en la población el enojo y la indignación, que de ninguna manera justifican respuestas de venganza o de la mal llamada "justicia por mano propia", dicen los obispos. Señalan también el rol que juegan los medios en este drama, al afirmar "que no siempre informan con objetividad y respeto a la privacidad y al dolor". Observan que "con frecuencia se promueve una dialéctica que alienta las divisiones y la agresividad". Y consideran que "hemos endurecido el cora- Muchas veces nos descorazonamos por ser testigos de la falta de justicia: "Frente al delito deseamos ver jueces y fiscales que actúen con diligencia, que tengan los medios para cumplir su función, y que gocen de la independencia, la estabilidad y la tranquilidad necesarias. La lentitud de la Justicia deteriora la confianza de los ciudadanos en su eficacia", señalan. A pesar del duro diagnóstico, los obispos nos exhortan a poner nuestra esperanza en Jesús. El nos enseñó que "Dios hace salir el sol sobre buenos y malos y hace llover sobre justos e injustos" (Mt 5, 45). No hay persona que esté fuera de su corazón. No hay una vida que valga más y otras menos: la del niño y el adulto, varón o mujer, TRABAJADOR O empresario, rico o pobre. "Toda vida debe ser cuidada y ayudada en todo su desarrollo desde la concepción hasta la muerte natural", concluyen los obispos. zón". Recuerdan que el Papa Francisco señala que "se ha desarrollado una globalización de la indiferencia ..." (Exhortación Evangelii Gaudium 54). Y que "no hay que culpabilizar a los pobres, que también padecen y a veces en mayor medida la inseguridad".
La corrupción - "pública y privada" dicen que es un "cáncer social"- es otro de los temas señalados, sobre todo el desvío de fondos públicos que causan la ineficiencia del sistema. En fin, es interesante que los obispos nos señalen el camino del apego a la ley porque los argentinos sabemos de derechos, pero somos flojos de deberes."La obediencia a la ley es algo virtuoso y deseable, que ennoblece y dignifica a la persona. Esto vale también para los reclamos por nuestros derechos, que deben ser firmes pero pacíficos, sin amenazas ni restricciones injustas a los derechos de los demás", afirman. Muchas veces nos descorazonamos por ser testigos de la falta de justicia: "Frente al delito deseamos ver jueces y fiscales que actúen con diligencia, que tengan los medios para cumplir su función, y que gocen de la independencia, la estabilidad y la tranquilidad necesarias. La lentitud de la Justicia deteriora la confianza de los ciudadanos en su eficacia", señalan.
A pesar del duro diagnóstico, los obispos nos exhortan a poner nuestra esperanza en Jesús. El nos enseñó que "Dios hace salir el sol sobre buenos y malos y hace llover sobre justos e injustos" (Mt 5, 45). No hay persona que esté fuera de su corazón. No hay una vida que valga más y otras menos: la del niño y el adulto, varón o mujer, trabajador o empresario, rico o pobre. "Toda vida debe ser cuidada y ayudada en todo su desarrollo desde la concepción hasta la muerte natural", concluyen los obispos.