Miércoles 26.06.2019

En el prefacio de un libro

Francisco redimensiona el carisma evangelizador de Don Bosco

El Papa lo define como “portador sano" de la alegría del Evangelio. "Los salesianos me ayudaron a crecer sin miedo y sin obsesiones, a ir adelante con la alegría y la oración", destaca al recordar su paso por las aulas de un colegio de la congregación.
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El periódico italiano “Avvenire” publica el prefacio del papa Francisco al libro “Evangelii gaudium con Don Bosco”, a cargo de Antonio Carriero, en el que la Familia Salesiana retoma en clave educativa-pastoral el mensaje de la exhortación apostólica del pontífice.

El Santo Padre recuerda a los salesianos “la medida alta de la vida cristiana” que el santo fundador de esta familia puso en práctica en la periferia social de Turín. Y añade que “son afortunados”, porque su fundador, Don Bosco, no era un santo con rostro de “viernes santo”, triste o huraño. Sino que tenía cara “de Domingo de Pascua”. Estaba siempre alegre – escribe el Papa – y siempre era acogedor, a pesar de las tantas fatigas y dificultades que lo asediaban cotidianamente.

El Obispo de Roma también recuerda que como se lee en sus memorias biográficas, “su rostro radiante de alegría” manifestaba, como siempre, la satisfacción que le producía encontrarse con sus hijos”. Y no es casual que, para él, la santidad consistiera en el hecho de “estar muy alegres”. De ahí que se lo pueda definir como un “portador sano” de esa “alegría del Evangelio” que propuesto a su primer gran alumno, San Domingo Savio (quien, recordamos, quiso llegar a la santidad y murió tres semanas antes de cumplir los 15 años de edad, siendo uno de los santos no mártires más jóvenes de la Iglesia católica) y a todos ustedes salesianos, como estilo auténtico y siempre actual de la “medida alta de la vida cristiana”.

El pontífice no duda en afirmar que Don Bosco propuso un “mensaje revolucionario” en un tiempo en el que los sacerdotes vivían con desapego la vida del pueblo. De ahí que su “medida alta de la vida cristiana” la ponga en práctica entrando en la “periferia social y existencial” que aumentaba en Turín, entonces capital de Italia y ciudad industrial que atraía a centenares de jóvenes en busca de trabajo.

En efecto – escribe el Papa – “el sacerdote de los jóvenes pobres y abandonados”, siguiendo el consejo clarividente de su maestro San José Cafasso, iba por las calles, entraba en las obras, en las fábricas y en las cárceles, y allí encontraba a muchachos solos, abandonados, a la merced de los patrones del trabajo, carentes de todo tipo de escrúpulos. Y recuerda que Don Bosco llevaba la alegría y el cuidado del verdadero educador a todos los chicos que arrancaba de las calles, y que encontraron en Valdocco un oasis de serenidad y el lugar en el que aprendían a ser “buenos cristianos y honestos ciudadanos”.

“Es el mismo clima de alegría y de familia” – recuerda el pontífice – que también yo tuve la fortuna de vivir y de gustar cuando era un muchacho y cursaba el sexto grado de la escuela primaria en el Colegio Wilfrid Barón de los Santos Ángeles, en Ramos Mejía. “Los salesianos – afirma – me han formado en la belleza, el trabajo y en el estar muy alegre, y esto es un carisma de ustedes”.

Francisco también destaca que los salesianos lo han ayudado “a crecer sin miedo” y “sin obsesiones”. “Me han ayudado a ir adelante con la alegría y la oración” – les escribe –, y vuelve a recordarles, tal como lo hizo durante su visita a la basílica de María Auxiliadora, el 21 de junio de 2015, los “tres amores blancos de Don Bosco”: la Virgen, la Eucaristía y el Papa. Y les recomienda que se planteen un interrogante: “¿Qué salesiano de Don Bosco es necesario ser para los jóvenes de hoy?”.

“Yo diría – responde Francisco – un hombre concreto, como su fundador, que siendo un joven sacerdote a la carrera de preceptor en las familias de los nobles, prefirió el servicio entre los jóvenes pobres y abandonados. Un salesiano que sabe mirar a su alrededor, ve las situaciones críticas y los problemas, los afronta, los analiza y toma decisiones valerosas”. Que también está “llamado a salir al encuentro de todas las periferias del mundo y de la historia, a las periferias del trabajo y de la familia, de la cultura y de la economía, que tienen tanta necesidad de ser curadas”.

Naturalmente, el pontífice les dice asimismo que el salesiano ideal debe saber acoger, con el espíritu del Resucitado, las periferias en las que viven los jóvenes y sus familias, puesto que así el Reino de Dios comienza a estar presente y “otra historia se hace posible”. Sí, porque “el salesiano es un educador que abraza las fragilidades de los chicos que viven en la marginación y sin futuro, se inclina sobre sus heridas y las cura como un buen samaritano”.

Tras recordar que el salesiano también “es optimista por naturaleza”, porque sabe ver a los chicos con realismo positivo; el Papa los llama a ser testigos del Evangelio, en el binomio de la sencillez y complejidad como misión cotidiana. Y les manifiesta su convicción de que la lectura de las páginas de esta obra que analiza su exhortación apostólica, podrá servir a todos los hijos e hijas de Don Bosco esparcidos por el mundo, y a cuantos comparten el carisma educativo salesiano que encontrarán allí muchas ideas de interpretación de la realidad y de renovación de la práctica educativa al servicio de los chicos y de los jóvenes de nuestro tiempo.

Fuente: Vatican News