Martes 23.07.2024

ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA

La cuarentena como oportunidad

Por: P. Guillermo Marcó

Propuestas para enfrentar el aislamiento. Las restricciones ante la pandemia son una ocasión para la introspeccción, la creatividad, la solidaridad y hasta el arte. Pero lo primero es aceptar la realidad.
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La realidad en la que estamos inmersos parece sacada de una película de terror, Lo que le está sucediendo al mundo y a nuestra vida cotidiana tiene un aire surrealista. Es más, si fuese a ver una película en donde un señor en China se prepara una sopa de murciélago y a causa de eso se desata la peor pandemia mundial, saldría del cine pensando: ¡Que disparate!

Pero es así y para cerciorarme de que los medios no inventan tantos disparates llamé a amigos que viven en otras latitudes y me confirmron las dimensiones del drama que se desata con un vértigo increíble cuando la gente toma la pandemia a la ligera y no se queda en su casa, ni se cuida como la gravedad del momento lo exige. Desde el aislamiento voluntario al que estamos confinados quisiera proponer algunos consejos que me sirvieron, más allá de todos los que escuchamos a diario y que no es mi intención repetir.

El primero es la aceptación. No está en nosotros modificar lo que nos pasa por más que nos desesperemos por querer que sea distinto. Hay que aceptar que esto es lo que nos pasa y que debo moverme mentalmente dentro de los límites que se me impusieron, sin que pueda modificarlos. Esta es la cancha en donde puedo y debo jugar.

Lo segundo es la creatividad. Los griegos dedicaban el mayor tiempo a pensar. Y al tiempo que le quitaban a esa actividad esencial -el ocio-, lo llamaban negativamente neg-ocio. Es decir, el negocio era el tiempo que le quitaban a pensar. Mucha gente está angustiada por cómo subsistirá y es una preocupación válida. La creatiividad ayuda a buscar salidas y -gracias a Dios- somos un pueblo solidario como para no desatender al que lo necesita en estos momentos.

El tercer es la solidaridad. Todos los lunes antes de que los jóvenes de la Pastoral Universitaria de Buenos Aires a mi cargo saliesen a acompañar y llevarles algo de comer a la gente de la calle, rezábamos una oración que escribió Santa Teresa de Calcuta:

“Señor, cuando tenga hambre, dame alguien que necesite comida; cuando tenga sed, dame alguien que precise agua; cuando sienta frío, dame alguien que necesite calor; cuando sufra, dame alguien que necesita consuelo; cuando mi cruz parezca pesada, déjame compartir la cruz del otro; cuando me vea pobre, pon a mi lado algún necesitado; cuando no tenga tiempo, dame alguien que precise de mis minutos; cuando sufra humillación, dame ocasión para elogiar a alguien; cuando esté desanimado, dame alguien para darle nuevos ánimos; cuando quiera que los otros me comprendan, dame alguien que necesite de mi comprensión; cuando sienta necesidad de que cuiden de mí, dame alguien a quien pueda atender; cuando piense en mí mismo, vuelve mi atención hacia otra persona. Haznos dignos, Señor, de servir a nuestros hermanos. Dales, a través de nuestras manos, no sólo el pan de cada día; también nuestro amor misericordioso, imagen del tuyo”.

Quizás sea desde casa, con una llamada, con un gracias, con paciencia, cada uno verá, pero siempre hay ocasión de hacer el bien, aún desde las cuatro paredes del encierro.

La última es el arte. De chicos todos fuimos escultores y dibujantes; en la adolescencia, escritores. Es buen momento para recuperarlo. Pascua es paso, es cambio de la esclavitud a la libertad; también de estar muertos a estar vivos, y la vida merece ser vivida y honrada, sobre todo en los momentos en que nos pone a prueba.