Domingo 21.07.2024

ISLAMICOS. PRINCIPIOS DE UNIDAD FAMILIAR

La familia, pilar de una sociedad sana

Para el Islam constituye la semilla de una comunidad virtuosa. El Corán propone los medios para que en cada hogar perdure la unión y la armonía. La protección y formación de los hijos está entre los objetivos sublimes.
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- Firas Elsayer -

La familia en el Islam constituye la semilla de una sociedad virtuosa, porque si se logra la piedad del individuo se logra la de la familia, y así la de la sociedad que conforma. Por eso, el Islam se preocupa por la salud y bienestar de ella y establece bases para conformarla. Propone medios para que perdure la unión y su armonía, para su convivencia en el amor y la misericordia.
Al respecto, dice el Corán: “Y entre Sus (Dios) signos está haberos creado esposas de entre vosotros para que encontréis en ellas sosiego, y puso entre vosotros amor y misericordia. Por cierto que en esto hay signos para quienes reflexionan” (30:21). Para que la familia viva en una unidad de sentimientos y ternura, el Corán continúa: “Ellas (Las mujeres) son vuestra protección (los hombres) y vosotros la suya (de ellas)” (2:187).
También explica la importancia de que los cónyuges se complementen entre sí: “Él es Quien os creó a partir de un solo ser (Adán), y del cual hizo surgir a su esposa (Eva) para que encontrase en ella sosiego” (7:189).
Es en verdad dificultoso el desarrollo de las personas si carecen de una familia. Porque el concepto de familia en el Islam se edifica sobre la mutua comprensión, la consulta, la aceptación del otro tal cual es y el deseo de satisfacer las necesidades del prójimo. Estas pautas están consideradas en el Corán cuando llega, por caso, la hora de la lactancia del hijo: “Las madres amamantarán a sus hijos dos años si desean completar la lactancia .... Y no in- curren en falta si el padre y la madre, de común acuerdo, deciden destetar al niño” (2:233).
La familia que busca la felicidad y la estabilidad, construye su vida en el respeto a los derechos del cónyuge, el buen trato, los buenos sentimientos, el amor y el cuidado de la unión. Cuando se vive con esta actitud, ambos esposos encuentran la paz y el sosiego que menciona el Corán. Pero si una familia se relaciona sobre lo opuesto a estas actitudes, rápido se irá desgastando y el amor se disolverá.
Alá, quien está enterado de todo, sabe que en ocasiones las familias pasan por momentos difíciles y discusiones, y allí Satanás encuentra una brecha para traer destrucción. Pero el Corán guía los sentimientos para que la familia alcance nuevamente la paz y la tranquilidad. Dios dice a través de Su libro: “Tratad bien a vuestras mujeres en la convivencia. Y si algo de ellas os disgusta, es posible que Alá haya decretado a pesar de esto un bien para vosotros” (4:19).
La familia, además tiene sublimes objetivos. Entre ellos está hacer que se respeten los límites establecidos por Dios y buscar la complacencia de Dios al construirla. La preparación para el cuidado, protección y formación de los hijos. Y brindarles una buena educación, ya que la familia es la primera escuela del niño donde aprende las bases de su creencia, los principios del Islam y los valores.
La familia musulmana también es responsable ante Dios por la crianza, resguardo, y desarrollo de sus hijos. Esto es clave porque todo descuido o negligencia en la educación traerá resultados negativos para los hijos y, por ende, en toda la sociedad. Hasta qué punto, el desmantelamiento de la familia o el quitar a cada miembro su rol específico en ella no es, en definitiva, un derrumbe sistemático de la sociedad. Por eso habría que preguntarse si la familia moderna cumple verdaderamente este rol, si está preparada para enfrentar los desafíos de una sociedad que contradice en muchos aspectos sus valores. O si los hijos reciben de sus padres una educación beneficiosa y un buen ejemplo. La familia se construye en la fe en Dios, aferrada a la buena moral que se mantiene relacionada a la mezquita. Este es uno de los objetivos principales: fortalecer la unión entre sus miembros, donde pueda surgir, con el permiso de Dios, seres inteligente, creyentes, piadosos, líderes sinceros, hombres y mujeres virtuosos, que escriban una página brillante en la historia de las sociedades en que vivimos.