La Fiesta Católica de la Candelaria, conmemorada cada 2 de febrero, tiene profundas raíces históricas y religiosas. Esta celebración recuerda la obediencia de la Virgen María a la ley judía al presentarse en el Templo para su purificación 40 días después del nacimiento de Jesús, así como la redención del primogénito varón ofrecida por San José, según la ley de Moisés. Según el Evangelio de Lucas (2:22-38), María y José se encontraban en el Templo al mismo tiempo que el anciano Simeón y la profetisa Ana. Simeón, quien había recibido la promesa de ver al Mesías antes de morir, reconoció a Jesús y pronunció el cántico conocido como Nunc Dimittis, describiendo al niño como “luz de revelación para las naciones”.
La misa de la Candelaria enfatiza la luz, símbolo de Cristo, y ese día se bendicen las velas que se utilizan en los hogares. La bendición de las velas representa a Cristo como luz en un mundo de tinieblas. San Anselmo, en el siglo XI, interpretó los elementos de la vela bendita: la cera simboliza la carne de Cristo, la mecha representa su alma y la llama su divinidad. La bendición incluye además la cera proveniente del trabajo de las abejas, símbolo de pureza, y se invoca la protección para la salud del cuerpo y el alma de los fieles. En algunas regiones, estas velas se emplean al día siguiente, en la festividad de San Blas, para bendecir las gargantas.
El primer registro de la Fiesta de la Candelaria data del año 380 en Tierra Santa, cuando una visitante documentó una procesión con velas, indicando que era una tradición establecida. Posteriormente, el Papa Sergio, en el año 701, instituyó una procesión con velas como rito penitencial. La práctica de bendecir velas para el hogar comenzó a finales de ese siglo y se mantiene hasta la actualidad.
En épocas pasadas, los arrendatarios agrícolas pagaban sus rentas el día de la Candelaria, y los peones y criadas se trasladaban con sus nuevos empleadores al día siguiente. En Polonia, se conserva la leyenda de María, Madre de Dios del Bendito Cirio, que protege a los pueblos del ataque de lobos durante las noches de invierno. En algunas regiones, las verduras sobrantes de Navidad se quemaban y sus cenizas se esparcían para garantizar una buena cosecha.
En Escocia, los niños llevaban velas y dinero al aula para celebrar la fecha. El alumno que reunía más dinero era coronado “Rey” o “Reina” durante seis semanas y podía determinar actividades especiales.
En Francia y entre los acadianos de Canadá, es tradicional preparar crepas o panqueques, llamados candleurs, que simbolizan la luz de Cristo. Algunas costumbres incluyen lanzar los panqueques al aire, una práctica asociada con la prosperidad o la previsión de bodas durante el año. Las velas bendecidas en la misa también se decoran con símbolos cristianos como la cruz, la paloma, el pez, o el Alfa y Omega, y se utilizan en la mesa durante la celebración familiar.
La Candelaria ofrece además la oportunidad de enseñar a los niños sobre la fe: se les puede pedir leer el Nunc Dimittis, recitar el Rosario y reflexionar sobre cómo llevar la luz de Cristo al mundo. Las festividades se acompañan con canciones, panqueques y momentos de convivencia en los hogares, manteniendo viva una tradición que combina historia, devoción y cultura.
Fuente: NCR