entre el cielo y la tierra

La Iglesia, el árbol y el bosque

Por: P. Guillermo Marcó

Es frecuente que los propios católicos critiquen a su institución. Y que muchas veces opinen sobre los escándalos que la sacuden sin suficiente información. Olvidan el enorme y silencioso aporte que ella hace al país .
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Una encuesta realizada el año pasado por el CONICET arrojó que tres de cada cuatro argentinos se declara católico. O sea, sumamos unos 30 millones de ciudadanos. Sin embargo, es común que muchos católicos critiquen ante propios y extraños a su Iglesia -para que, ciertamente, los escuchen sus hermanos en la fe y los que miran desde afuera- sin conocer más que los escándalos que salen en los diarios y la rozan. Para ellos, escribo especialmente estas líneas, con amor y respeto.
 Veamos: ¿qué hace la Iglesia por la gente?-Millones de personas visitan nuestros santuarios y parroquias cada año, allí piden por la ayuda de Dios, la Virgen o los santos para sus necesidades y acuden prontamente cuando están enfermos, sin trabajo y tienen una causa urgente. Otros buscan acercarse a través de los sacramentos y encuentran la paz en la vida espiritual.
- El Papa Juan Pablo II evitó una guerra con Chile que hubiese costado innumerables muertos y una herida abierta en el cono sur. La Iglesia prestó un “servicio de reconciliación” tras la guerra de Malvinas para facilitar el retorno a la democracia. Todos los políticosque dicen no necesitarla, terminan golpeando nuestras puertas. De hecho, obispos y sacerdotes mediamos en incontables conflictos sociales en las provincias desde la vuelta a la democracia. Durante la presidencia de Menem, mientras periodistas prestigiosos de aquel momento alababan los despidos y las privatizaciones, fue la Iglesia la que levantó su voz contra el “capitalismo salvaje”, que dejaba a miles de trabajadores en la calle.
Cuando sobrevino la crisis del 2002 y la gente gritaba “que se vayan todos”, el conjunto de la sociedad le pidió ayuda al Episcopado, que tendió una “Mesa del Diálogo”empeñando su altísima imagen positiva. El principal fruto fue el Plan Jefas y Jefes de Hogar que contuvo la protesta social. Fue mayoritariamente la Iglesia católica la que organizó en las calles porteñas “la noche de la caridad” para asistir a los desamparados con comida caliente cada noche y lo sigue haciendo en la actualidad.
Sólo Caritas, cuenta con más de 32.000 voluntarios y asiste de modo directo a tres millones de personas, no solo con ayuda inmedia - ta -comida y ropa- sino con programas de promoción. Para los discapacitados que la sociedad abandona, tenemos los cotolengos de Don Orione; la atención pastoral en las cárceles, en los
hospitales; el servicio a los migrantes; los grupos misioneros que visitan todo el interior del país; la asistencia a las madres solteras; a los menores en riesgo; a los adictos; la pastoral aborigen… son algunas de nuestras obras. En la ciudad de Buenos Aires no visitamos a los villeros para las campañas; ellos saben que la única institución que estuvo desde el principio allí donde no entra ni la ambulancia, ni la policía, fueron los sacerdotes de la Iglesia católica, porque allí hay varias parroquias, con curas viviendo adentro. Poseemos, además, más de 2.500 centros educativos, la mayo ría gratuitos, o con una cuota muy baja. Contamos con varias universidades. Vale recordar que el sistema universitario fue un invento de la Iglesia y el primer rector de la UBA, un sacerdote. Contamos a lo largo y a lo ancho del país con 6000 sacerdotes, 10.000 monjas e innumerable cantidad de laicos comprometidos que se entregan admirablemente en 2700 parroquias y 9000 iglesias y capillas. Son números, pero que reflejan actitudes y obras para que lo tengas en cuenta a la hora de lanzar tus criticas. Siempre es bueno poner
en la balanza lo positivo y lo negativo.