Miércoles 24.07.2024

hacia donde va francisco - autor: Padre Ignacio Pérez del Viso

La Iglesia que viene

Por: P. Ignacio Pérez del Viso

Con sus gestos y conceptos, el Papa está señalando el camino hacia una “Iglesia pobre, para los pobres”, que muestre el rostro de Dios como padre, hermano y amigo, y que anuncie mejor el Evangelio, buscando que sea más transparente y participativa.
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El papa Francisco disfruta de su luna de miel que, para algunos, estaría llegando a su fin. Pero quizás todavía no. Acaba de publicar su primera encíclica, “a cuatro manos” con Benedicto XVI, que despertará reacciones. En pocos días más será aclamado por millones de jóvenes en Brasil y en octubre se reunirá con el grupo ocho cardenales, para escuchar propuestas llegadas de los cinco continentes, con vistas a una reforma del gobierno de la Iglesia, en particular de la curia romana, para lograr más eficacia y transparencia. Cuando fue elegido papa, a los 76 años, los cardenales comprendieron que no sería para un pontificado de 20 años, como sí lo imaginaron al elegir a Juan Pablo II, de 58 años. Francisco no puede patear la pelota hacia delante, cajoneando expedientes. Lo que no resuelva en ocho años, el tiempo de dos presidencias democráticas, no lo resolverá en  veinte. Hay objetivos que se alcanzan en un cierto plazo, como la transparencia en las finanzas del Vaticano o la descentralización de la curia. Otros objetivos, en cambio, son permanentes, como la mejor formación de los sacerdotes y catequistas. Ahora bien, la meta englobante que se propuso Francisco, “una Iglesia pobre, para los pobres”, es permanente. Dentro de 100 años, otro Papa dirá lo mismo. No obstante, pareciera que va hacia una meta inalcanzable. Sin embargo, Francisco ha logrado que ese deseo evangélico se refleje en los objetivos escalonados.
El padre Francisco
Todo gobernante tiene que conducir el aparato del Estado, que es inmenso, con empresas, hospitales y escuelas. No podemos pedirle que se ocupe de uno que duerme en la calle. Pero el Papa no es un gobernante dedicado al aparato de la Iglesia. Es un papá y una
mamá, que lava los pies de sus hijos, como en aquella cárcel, el Jueves Santo. No se siente atrapado por la institución sino por la mirada de cada chico, de cada anciano, de cada enfermo. Los gobiernos deben proteger las fronteras y controlar a los inmigrantes. Ahora bien, con su viaje a la isla de Lampedusa, a donde llegan miles de migrantes desde África, en embarcaciones que a veces naufragan, Francisco nos recuerda que pertenecemos todos a la gran familia de Dios. Esos miserables son los huérfanos de la humanidad. Pero Francisco
desea adoptarlos como hijos, así como la Madre Teresa de Calcuta adoptó a los parias de la India. La palabra Papa viene de papá.
El hermano Francisco
Al sentirse padre de todos, no nos considera menores de edad que debamos ser protegidos. Se comporta también como un hermano, en todo caso un hermano mayor. No nos mira desde arriba. Su deseo de una mayor colegialidad o gobierno conjunto con todos los obispos, no responde a una habilidad del buen político sino a un sentimiento de fraternidad.
Y es tan hermano de un obispo cristiano como de un rabino o un dirigente del Islam. No achica la familia humana al ámbito de los católicos. “Católico” significa “universal”.
Como discípulo de san Ignacio de Loyola, Francisco siente que su misión no es construir murallas sino tender puentes. El Estado Vaticano tiene como razón de ser la libertad de la Iglesia. Pero no puede ser un muro que proteja a delincuentes de sotana. Por eso el Papa se siente ayudado por la justicia italiana cuando ésta investiga a sospechosos de la curia.
Tiempo atrás, el Vaticano defendía celosamente su autonomía. Hoy Francisco se siente más autónomo y más libre de mostrar que no tiene nada que ocultar.
El amigo Francisco
Cada uno de nosotros posee sólo dos o tres amigos, a los cuales pueda contarles todo lo que  le ocurre y siente. Luego vienen los compañeros, socios, vecinos, conocidos, etc. Pero en  un sentido amplio, podemos hablar de una actitud amistosa hacia todos. Y ésa es la de Francisco. Creo que esto repercutirá en el modo de tratar a los teólogos, en particular a los de la Teología de la Liberación, no como un inspector que señala errores sino como quien  desea ayudarlos para que no sean mal interpretados. Un sector importante de católicos
se siente mirado con cierta animosidad. Es el de los divorciados y vueltos a casar. Reconocen que no emprendieron el camino correcto, pero no ven por dónde seguir, máxime cuando tienen hijos. Y no les mostramos ninguna salida. No creo que Francisco mire para otro lado, como diciendo “hay cosas que yo no puedo cambiar”.
Pienso que alguna solución encontrará, pero no él solo sino escuchando el parecer de obispos y teólogos.
¿A dónde va Francisco?
—Voy a donde deseamos llegar todos, a una sociedad donde haya paz y mayor justicia social. Que nos sintamos todos importantes en esta nave espacial que es el planeta Tierra. No fui elegido para empujar un rebaño sino para acompañarlo y llevar en brazos a la pequeña oveja que no puede seguirnos. Es lo que hacen espontáneamente las mamás y los  papás. —Voy hacia una Iglesia que anuncie mejor el Evangelio. Vamos hacia la casa del Padre. “Nos hiciste para Ti, exclama san Agustín, e inquieto está nuestro corazón hasta que descanse en Ti”. —Vamos hacia un Dios con rostro de Hermano, siguiendo nosotros a Jesús, el hermano universal. Y vamos hacia Dios, nuestro Amigo. “¿Qué tengo yo que mi  amistad procuras?”, cantaba el poeta Lope de Vega. Los cristianos creemos en la Trinidad, pero la explicamos mal. En el fondo es lo más sencillo de la fe: un Dios que es Padre, Hermano y Amigo nuestro. Un solo Dios que nos da un triple abrazo. * Profesor en la Facultad de Teología de San Miguel