Tras un 2020 con una buena relación

La Iglesia y evangélicos endurecen críticas al Gobierno en año electoral

El Episcopado y ACIERA -la mayor institución evangélica- comienzan a formular cuestionamientos severos a la gestión de Alberto Fernández. El último, por la vacunación VIP. El cambio se produce tras la legalización del aborto. El análisis de Sergio Rubín.
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Sergio Rubin

El Gobierno atraviesa sus días más difíciles. Para su mayor pesar un frente que consideraba bajo control empieza a serle crítico. Es que la Iglesia católica y la mayoría de las comunidades evangélicas están comenzando a formular cuestionamientos severos que prometen ir en aumento, nada menos que en un año electoral en el que el oficialismo necesita imperiosamente salir airoso de los comicios legislativos.

El crédito que merece toda administración en sus primeros meses y la pandemia le posibilitaron a la Casa Rosada un primer año de comprensión de parte de los clérigos. Pero la legalización del aborto -en particular, el empeño que puso el presidente Alberto Fernández para lograrla en medio de la crisis sanitaria y el agravamiento de la situación económica- modificó el clima de la relación.

La principal demostración del cambio de actitud se produjo ante las vacunaciones VIP. Para una Iglesia como la católica que suele tomarse su tiempo para reaccionar ante cuestiones de voltaje político y hacerlo casi siempre de un modo elíptico, fue sintomático que cuando aún no habían pasado 24 horas del estallido del escándalo se pronunciara y de un modo contundente.

Fue a través del presidente de la Conferencia Episcopal -que agrupa a los obispos del país-, monseñor Oscar Ojea, quien afirmó que “vivimos perplejos la politización de la vacuna”, advirtió que “tenemos que tener una gran delicadeza porque se trata de la vida y la muerte.

Un par de días después se pronunció de modo aún más crítico la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina (ACIERA), el mayor conglomerado evangélico, que cobró notoriedad en 2018, durante el debate del primer proyecto sobre el aborto, al realizar una multitudinaria concentración en la avenida 9 de Julio.

ACIERA no solo dijo que el hecho fue “una vergüenza” mundial, sino que señaló que ello es coherente con el hecho de que "quienes deberían obrar como servidores públicos se muestran más preocupados en conseguir espacios de impunidad que en el bien común, aunque consideró estas actitudes “no son patrimonio de un solo sector”.

Ya la cúpula del Episcopado no había concurrido en diciembre -en vísperas de la aprobación de la legalización del aborto en el Senado- a la Casa Rosada para transmitirle al presidente los saludos navideños, rompiendo una tradición de décadas. En cambio, le envió una carta a Alberto Fernández, cuyo contenido se mantiene en reserva.

A comienzos de febrero, con ocasión de una reunión informativa dirigida a las diversas confesiones religiosas sobre el Consejo Económico y Social que se aprestaba a lanzar el Gobierno, el Episcopado no envió a ningún miembro de su conducción; delegó el cometido a su jefe de prensa.

Poco después los 14 obispos del noroeste emitieron una dura declaración en la que advierten que tanto en su región como en general en el país “la democracia se ve amenazada por la falta de respeto a la división de los tres poderes y por la falta de independencia de la justicia”.

Difundido luego de su encuentro anual, el documento -que subraya que también la democracia “se viene debilitando progresivamente por la falta de escucha diálogo y encuentro”- constituyó un reflejo de la preocupación eclesiástica por el deterioro institucional.

Precisamente este como otros aspectos críticos se volcarían en un documento de todos los obispos del país durante su primer plenario del año que celebrarán en abril en Pilar. Confirmaría así que otros aires menos amicales surcan el vínculo con el Gobierno.

Fuente: Clarín y VR