El papa León XIV continuó su ciclo de catequesis sobre la constitución conciliar Sacrosanctum Concilium durante la audiencia general de este miércoles 3 de junio.
Sacrosanctum Concilium fue el primer texto que se promulgó en el Concilio Vaticano II e introdujo cambios importantes en la liturgia, como permitir que se celebrara en lenguas vernáculas y fomentar una participación más activa de los fieles.
Con miles de fieles reunidos en la Plaza de San Pedro, a pesar de la lluvia en la Ciudad Eterna, el pontífice reflexionó sobre "algunos elementos constitutivos de la sagrada liturgia, como el rito, el signo y el símbolo".
"En nuestras vidas agitadas, marcadas por el ajetreo y el bullicio, el rito de la liturgia, junto con sus signos y símbolos, nos ayuda a hacer una pausa y conectar con nuestra vida espiritual interior, acercándonos así a Cristo y a su amor", dijo León XIV en su catequesis.
"Con la solemne sencillez de sus ritmos, el rito interrumpe nuestras actividades frenéticas, devolviéndonos a lo esencial", subrayó el Papa.
"Descubrimos así otra dimensión de la acción, no guiada por cálculos de productividad, y otra experiencia del tiempo y el espacio. En el rito experimentamos una lógica de la gratuidad, encontramos una pausa que regenera el corazón, reconocemos que nos precede la gracia divina, aprendemos a vivir en un ritmo habitado por el Espíritu Santo."
En este sentido, el Papa explicó que el Concilio, partiendo del Movimiento Litúrgico que impulsó estos cambios, ayudó a destacar cómo los ritos de la liturgia cristiana no son "una mera cubierta externa del misterio sacramental, una colección de ceremonias arbitrarias, sino la mediación eclesial a través de la cual nos llega el don divino".
"El rito da forma a la acción litúrgica" y, por lo tanto, a nuestras vidas, "generando en nosotros una sensibilidad espiritual que nos capacita para saborear la presencia de Dios a través de Jesucristo", explicó el Papa León.
Sin embargo, señaló que esto solo puede ocurrir si participamos activamente en la liturgia "con todo nuestro ser -cuerpo, mente y corazón-" y evitamos ser "extraños o espectadores silenciosos".
También subrayó que, a través del rito sagrado, somos "formados en la escucha de la Palabra de Dios, en la acción de gracias y en la adoración, en la comunión fraterna y en la comunión eclesial", lo que nos lleva a reconocer que somos una sola asamblea, compuesta por personas diferentes, pero unidas por la misma fe.
El Santo Padre reconoció que el rito se compone de una "secuencia bien definida de gestos y oraciones, que a veces puede estar en desacuerdo con nuestra tendencia individual hacia la espontaneidad".
Sin embargo, insistió en que su lógica "no consiste en limitar la libertad dentro de marcos rígidos", sino más bien en conectarnos con nuestra dimensión espiritual interior, llevándonos a lo esencial.
A continuación, el Papa se refirió a los signos y símbolos de la liturgia que están entrelazados con el rito, que ayudan a sustentar "la santificación del hombre" y que también tienen sus raíces en la creación y la cultura humana.
León XIV explicó que "signo" y "símbolo" se usan a menudo como sinónimos, pero en realidad "un signo es simbólico cuando es capaz de referirse no solo a una idea, sino a todo un sistema de significados y valores".
Por ejemplo, "cuando nos rocían con agua bendita, se reaviva nuestra conciencia del don recibido en el Bautismo y nuestro compromiso con una nueva vida en Cristo".
El sucesor de Pedro también destacó el significado especialmente emblemático del símbolo del agua, tal como se representa en la Biblia: "desde los orígenes de la creación hasta el Diluvio, desde el cruce del Mar Rojo hasta el Jordán, hasta el agua que brota del costado de Cristo, que se convierte en un signo sacramental de inmersión en su muerte y resurrección".
Los símbolos, continuó, son en realidad acciones prácticas y ante todo acciones, "como arrodillarse e intercambiar el signo de la paz" o "los actos constitutivos de cada sacramento".
"Sobre todo, los símbolos tienen una dimensión performativa y transformadora única", dijo, "tanto en relación con los elementos materiales de los que están compuestos como con quienes entran en contacto con ellos, generando un sentimiento de pertenencia, tocando el corazón y la mente, y dando lugar a auténticas relaciones eclesiales".
El Papa terminó su catequesis exhortando a todos a "dejarse educar por los ritos de la liturgia, cuidando la belleza de nuestras celebraciones con delicadeza y sin arbitrariedad".
"La experiencia de una liturgia viva y devota, acompañada de una catequesis mistagógica adecuada, es el mejor recurso para reavivar en cada persona esa apertura al encuentro con Dios que, en la lógica de la Encarnación, solo puede tener lugar involucrando a la persona en su totalidad: espíritu, alma y cuerpo", concluyó.
Fuente: AICA y RD