Miércoles 24.04.2019

Los límites de una eventual intervención del Papa

Por: Sergio Rubin

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No suelen atribuirle a Nicolás Maduro gran sagacidad política, pero hay que reconocerle el aprovechamiento que hace de cada intento de diálogo con la oposición para ganar tiempo huyendo hacia adelante y permanecer en el poder. El Papa Francisco lo sufrió hace dos años cuando procuró un entendimiento enviando como delegado al experimentado arzobispo Claudio Celli, que fue y vino varias veces de Caracas, siempre con las manos vacías. Todo terminó con una dura carta a Maduro del secretario de Estados vaticano, el cardenal Pietro Pareolín, en la que el reprochaba el fracaso de las tratativas.

Ahora Maduro, acorralado por buena parte de la comunidad internacional y asfixiado económicamente por el cerco a los beneficios económicos de la petrolera PDVESA que Donald Trump dispuso en EE.UU., decidió apelar otra vez al pontífice. El propio Francisco había manifestado en el vuelo de regreso a Roma, tras su visita a Panamá, su disposición a volver a intervenir ante la profundización de la crisis y el temor a un derramamiento de sangre mucho mayor. Sin embargo, sería fatal para Francisco –que viene siendo acusado de debilidad hacia el régimen- que fuese usado por segunda vez.

En principio, hay que aclarar que una intervención del Papa exige un pedido de las dos partes. Y hasta ahora solo fue hecho por Maduro a través de una carta que tiene varios días y que la Santa Sede no reveló, acaso, precisamente, porque no le otorga relevancia en la medida en que la oposición institucional que encabeza Juan Guaidó no la solicite. ¿Y lo hará? Habrá que ver porque los cuestionamientos al Papa pesan, más allá de que la Iglesia venezolana está muy enfrentada a Maduro y que sus principales referentes dicen sentirse acompañados por el pontífice.

El argumento repetido del Vaticano es que el Papa es un actor de última instancia que debe preservarse ante la eventualidad de tener que intervenir. Y porque, como lo dio a entender Francisco cuando volvía de Panamá, una bendición a la oposición podría derivar en situaciones de violencia de mayor magnitud. Sin embargo, esta postura –que sigue una línea tradicional de la Santa Sede- no convence a los sectores más opositores a Maduro, dentro y fuera de Venezuela. Dicho con todas las letras: ¿El Papa es visto por ellos con la suficiente imparcialidad?

¿Cuál sería el resultado al que debería arribar una gestión de buenos oficios o facilitación de un diálogo? Elecciones anticipadas con supervisión internacional, amnistía a los militares y asilo para Maduro y su administración, cabría aventurar. Ya en el pasado, con intervención del Vaticano, se había explorado la posibilidad de que Cuba alojara a los popes del régimen. ¿Aceptaría esta vez Maduro claudicar? ¿O son objetivos demasiado ambiciosos los que tendría la negociación?

¿Conllevarían un riesgo de fracaso extremadamente alto para Francisco? El Papa parece dispuesto a asumirlo.

Fuente: VR y Clarín