Miércoles 27.05.2020

MUSULMANES

Los primeros médicos del Islam, precursores de la medicina moderna

Por: Ricardo Elía

En los medievales centros hospitalarios se procuraba aliviar tanto los dolores físicos como los espirituales
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Entre los siglos VIII y XIII, tuvo lugar en el mundo islámico una verdadera revolución de la medicina que adelantó la ciencia moderna.

El Primer Renacimiento, la Primera Ilustración y la Primera Modernidad no tuvieron lugar en la Florencia del siglo XV, el París del siglo XVII o el Londres del siglo XVIII, sino en el Bagdad, el Cairo, Damasco y Córdoba de los siglos VIII al XIII.

La labor científica, filosófica, cultural y humana de rescatar la luz y la verdad la realizaron los intelectuales musulmanes que llevaron a la práctica las sabias recomendaciones del Generoso Corán y los lúcidos consejos del Profeta Muhammad sobre la búsqueda del conocimiento y la ciencia “desde la cuna hasta la tumba”.

La cultura científica del Islam es una sabiduría práctica, concreta, basada en las necesidades de la vida, adquirida mediante la observación y la experiencia que tiene como meta el estudio de la naturaleza creada por la Generosidad de Dios.

El concepto y la estructura de lo que conocemos como hospital moderno es una creación de la cultura islámica en la Edad de Oro. El hospital islámico no era confesional. Era una institución secular, que atendía a todos, fueran ricos o pobres, creyentes o incrédulos. El primer hospital que se fundó fue en el Damasco de los Omeyas, en el año 706 por el califa alWalid. Contaba con varios médicos estables y tenía sectores especiales donde se aislaba a los leprosos y se atendía a los ciegos.

La primera farmacia se abrió en Bagdad en el año 754, donde los boticarios utilizaron una serie de remedios de origen árabe y el conocimiento médico griego para llevar adelante una serie de tratamientos.

El hospital más importante en la Edad de Oro del Islam se fundó en Bagdad en 982. Tomó el nombre de ‘Adudi’, por el emir buyí gobernante por entonces, Adud ad-Daula (r. 949 - 983). Tuvo 25 médicos, entre ellos cirujanos, oculistas y quiroprácticos que componían los huesos. Los pacientes que se internaban debían dejar sus ropas al entrar, y recibían vestimentas limpias. Se los hacía bañar y mudarse de ropa con frecuencia. Estas prácticas eran inimaginables en la Europa latina de entonces donde la higiene era mal vista por tratarse de “cosas de paganos”.

Los médicos musulmanes no sólo progresaron en el diagnóstico de enfermedades o el empleo de cierto instrumental quirúrgico, sino que extendieron su interés a todos los aspectos que contribuían al bienestar corporal y anímico, desde el baño hasta los perfumes.

Por ejemplo, Al-Razi (865-925) se destacó como médico, farmacólogo, químico y filósofo. Este gran erudito ofrece primera descripción clásica de la viruela y el sarampión. Según alRazi, la observación, el sentido clínico, siempre superará el saber libresco: “La verdad en medicina es una meta difícilmente alcanzable: todo lo que puede leerse en los libros tiene mucho menos valor que la experiencia de un médico que piensa y razona”. Al-Razi presta atención a los cuidados psíquicos del enfermo hasta el extremo de afirmar que es imprescindible para encaminar cualquier tipo de tratamiento. Además, sus numerosas invenciones, el alcohol medicinal y el ácido sulfúrico por ejemplo, transformaron la ciencia química. Al-Razi fue el primer médico humanista y liberal, y el primero en utilizar la casuística con perspectiva empírica, promoviendo así una interesante orientación clínica.

Se considera a Abulcasis (936-1013), nacido en Córdoba, el predecesor de la cirugía endoscópica, por usar espéculos para reflejar la luz en el interior de la vagina, permitiéndole cauterizar las verrugas del cuello uterino. La enciclopedia médica de Abulcasis ofrece un gran número de esquemas de más de doscientos instrumentos quirúrgicos, muchos de ellos desarrollados por él mismo. Abulcasis fue el inventor del fórceps y el catéter de plata. Operaba utilizando la «esponja soporífera», empapada de una mezcla líquida que incluía opio, mandrágora, beleño, hiedra y euforbio, y que se aplicaba a la nariz del paciente hasta que se dormía.

Ibn Nafís (1210-1288) describe por primera vez la circulación pulmonar, tres siglos antes de que lo hiciera el aragonés Miguel Servet: la sangre pasa del corazón a los pulmones y vuelve al corazón por la arteria venosa. Se ha descrito a este médico sirio como “el que no receta una medicina cuando bastará con la dieta”.