MISA POR EL 50° ANIVERSARIO

Mensaje de Francisco a los sobrevivientes

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El Papa Francisco les envió una carta a los sobrevivientes de la Tragedia de los Andes al cumplirse 50 años del accidente en la cordillera. Fue en respuesta a una invitación que le hizo uno de ellos, Gustavo Zerbino, a unirse a la misa que presidió el arzobispo de Montevideo, el cardenal Daniel Sturla, el 13 de octubre.

Francisco comienza afirmando que “en primer lugar, me gustaría invitarlos a rezar especialmente por los chicos y los familiares que no volvieron; recemos por ellos, por sus familias y dejemos que su recuerdo sea fuente de inspiración como ese que movilizó a esas madres a crear la Biblioteca Nuestros Hijos. Un dolor maternal desgarrador -añade- que, vivido en clave pascual, fue capaz de trascender y hacerse signo de una vida al servicio por amor”.

Luego les señala que “enfrentaron situaciones extremadamente difíciles, trágicas me animaría a decir, donde la hostilidad y la incertidumbre, la soledad y el abandono, el sinsentido y la privación, entre tantas otras cosas, se apoderaban de sus días poniéndolos continuamente a prueba. En esta situación de despojo, de carestía total -subraya- , pudieron hacer memoria y apelar a lo aprendido desde niños en sus casas y en la educación recibida. Se tenían entre ustedes -eran un equipo- y tenían la fuerza y el sostén de la oración. Se aferraron a lo más valioso que podían tener junto al deseo y a la voluntad de mirar hacia adelante y seguir viviendo”.

“Experimentaron, no como un slogan, que nadie se salva solo, que se necesitaban unos a otros y que la oración les daba mucha contención y fortaleza”, afirmó el pontífice. A la vez que sostuvo que “también el de ustedes es un testimonio pascual, donde el dolor y la incomprensión de lo vivido se transforma, para muchos, en signo de vida y esperanza”.

Hacia el final los invitó a que sigan siendo artífices y profetas de esperanza. “Que este hacer memoria ayude a abrir puertas de futuro, coraje y compromiso principalmente en aquellas zonas y situaciones donde las personas viven adversidades. Que su testimonio despierte el compromiso e invite a mancomunar esfuerzos para forjar un futuro mejor”.

La carta concluye con un compromiso y un pedido: “El jueves 13 rezaré la eucaristía por todos ustedes. Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide; y, por favor, no se olviden de rezar por mí que también tengo mis ‘montañas’ que atravesar”.