ANIMAR EN LA FE, UNA TAREA DE TODO DOCENTE

Nuevos escenarios para educar evangelizando

Por: María Montero

Las escuelas religiosas asumen el desafío de presentar a Dios y formar en valores en un año con limitaciones.
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Después de un año sin clases presenciales, los colegios abrieron sus puertas con los debidos protocolos sanitarios y con nuevos desafíos tanto para alumnos como docentes. Mientras que algunos permiten el ingreso total del alumnado, otros van haciéndolo en forma escalonada o con un sistema mixto (presencial-virtual), según la cantidad de alumnos y la realidad edilicia que poseen.

La continuidad en la educación generó mucha preocupación el año pasado debido a que muchos chicos no pudieron mantener sus clases por la falta de medios tecnológicos o su conectividad. Los alumnos de las escuelas católicas instaladas en sectores vulnerables se vieron afectados especialmente, a pesar del esfuerzo de todo el personal educativo que de alguna manera les hizo llegar el material, incluso acercándose a las casas.

Pero la preocupación de la Iglesia, expresada en un reciente documento de la Comisión Episcopal de Educación Católica, no solo pasa por la instrucción, sino por la formación integral de los chicos, la evangelización y los valores que van incorporando en todo el proceso de socialización. Virtudes como la solidaridad, la tolerancia, el respeto, la paciencia y el saber compartir se despliegan en la relación con los otros, en el encuentro con sus pares y sus docentes.

Para Santiago Cabrera, rector del colegio San José del barrio porteño de Villa del Parque, “la llegada de la cuarentena marcó un antes y un después en todo el escenario educativo y la escuela parroquial, que tiene como misión educar evangelizando, se encontró con un desafío nunca antes visto. Es por eso que todo el dispositivo escolar propuso ir al encuentro del estudiante y de sus necesidades y buscamos estrategias para hacer presente a Dios en esa realidad tan desafiante”. Junto al equipo pastoral, la escuela comenzó una campaña solidaria llevando productos de higiene, lavandina y pañales a un taller de la villa 31. A esta iniciativa se le sumaron otras, como un encuentro virtual para que los adolescentes -tan afectados por el encierro- pudieran descubrir el paso de Dios en sus vidas y en esa situación particular.

Por su parte el grupo misionero, que ya trabajaba en el Proyecto Escuelas Hermanas del arzobispado que une a escuelas de la ciudad con otras de distintas diócesis del país, invitó a planear la acción misionera. “Así –describe Santiago-, se realizó un servicio de armado de bolsones para las personas que atendía Cáritas parroquial, visitas a los vecinos del barrio para llevar la palabra de Dios, rezar por sus intenciones y escuchar las necesidades de quienes se encontraban solos. Cerca de fin de año hasta pintaron un mural con el pesebre”. “Antes –afirma María Fernanda Manzanelli, directora del colegio Dulcísimo Nombre de Jesús, de Saavedra-, eran los abuelos y los padres quienes animaban en la fe a los niños y niñas pero hoy, más que nunca, la escuela tiene la tarea de evangelizar no solo a los chicos sino también a las familias”. En los colegios católicos la espiritualidad es transversal a todas las actividades, donde la pastoral educativa cruza las planificaciones de los docentes y cada integrante tiene la tarea de animar en la fe desde el lugar que desempeña.

“El dispositivo de vuelta a clases de nuestra escuela –explica Santiagoles permite a nuestros estudiantes estar todos los días cuatro horas con todos sus compañeros de curso. Esa presencia es la que debemos aprovechar: celebrándola, realizando actividades y dinámicas grupales que permitan que los estudiantes compartan sus emociones y descubran a un Dios que se hace presente allí, en su interioridad. Y también –agrega-, promoviendo campañas solidarias para favorecer un espíritu de caridad y la capacidad de ayudar al que más sufre”. Reconoce que acompañar a los chicos en la fe sin los retiros o campamentos será todo un desafío este año porque “son verdaderos escenarios que provocan un encuentro con uno mismo, con los demás, con la naturaleza y a través de ellos, con Dios”. “El espacio al aire libre es muy importante –dice Fernanda- pero también sabemos que este año se pueden generar otro tipo de encuentros”. Y como sostiene Santiago: “Si pudimos hacer tantas cosas el año pasado, ¡cuánto más podremos hacer ahora!”