ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA - AUTOR: PBRO. GUILLERMO MARCO

¿Shankar desafía a la Iglesia?

Por: P. Guillermo Marcó

El paso por Buenos Aires del gurú en el marco de unas mega jornadas abrió interrogantes sobre si sus técnicas son compatibles con la doctrina cristiana. Para el autor, el cristiano puede emplearlas si facilitan el encuentro con Dios.
Comparte

A propósito de la visita a Buenos Aires de Ravi Shankar en el marco de un mega encuentro de cuatro días englobado como de espiritualidad que se acaba de realizar en la ciudad, surgen algunas preguntas. De hecho, mucha gente, sobre todo católicos, me las  hicieron en estos días. Fundamentalmente dos: ¿Es bueno este tipo de prácticas? ¿Son compatibles con la fe cristiana? Me permitiré opinar sobre lo primero y después intentar aclarar lo segundo.
Las actividades que cualquier persona desarrolla, sumado al estrés que la vida produce, generancon frecuencia en el hombre moderno una sensación de vacío. La persona pretende llenar este agujero interior echándole más cosas materiales. Con frecuencia atribuye su infelicidad a que “no tiene” determinados objetos, cosas o personas. Por lo tanto enfoca su energía en obtener “aquello” que ve como “necesario”. El problema es que una vez obtenido “eso” causa una felicidad momentánea para luego dejar lugar al aburrimiento y al acostumbramiento. Quien no percibe este círculo vicioso a menudo cae en excesos, ya sea en el alcohol, la droga o el sexo, necesitando cada vez  másestímulos para saciar la sed de ese agujero insaciable en que vuelve su interior cuando no se responde adecuadamente a las auténticas necesidades del alma.
He aquí el meollo de la cuestión: el hombre fue creado para volar y en lugar de eso se arrastra mirando al suelo, pretendiendo llenar su “vacío existencial y espiritual” con cosas materiales que no lo sacian, sino que lo dejan más hambriento. Es por eso que mucha gente busca caminos alternativos para “parar la pelota”, entrar en el propio ser y relajarse; sentir que a través de prácticas de respiración puede encontrarse  consigomismo, sentirse mejor y llenar así su vacío espiritual. Desde este punto de vista, esto es bueno. Para responder a la segunda cuestión sobre la relación de estos métodos con la oración cristiana vamos a recurrir al magisterio de la Iglesia. La congregación para la Doctrina de La Fe del Vaticano publicó en 1989 un documento titulado: “Sobre algunos aspectos de la meditación cristiana”. Allí se plantea lo siguiente: “¿No se podría enriquecer nuestro patrimonio espiritual a través de una nueva educación en la oración, incorporando también elementos que hasta ahora eran extraños? La oración cristiana está siempre determinada por la estructura de la fe cristiana, en la que resplandece la verdad de Dios y de la criatura. Se configura, como un diálogo personal, íntimo y profundo, entre el hombre y Dios. En esta comunión, que se funda
en el bautismo y en la eucaristía, fuente y culmen de la vida de Iglesia, se encuentra contenida una  actitud de conversión, un éxodo del yo del hombre hacia el Tú de Dios. La oración cristiana es siempre auténticamente personal, individual y al mismo tiempo comunitaria; rehúye técnicas impersonales o centradas en el yo, capaces de producir automatismos en los cuales, quien la realiza, queda prisionero de un espiritualismo intimista, incapaz de una apertura libre al Dios trascendente. En la Iglesia, la búsqueda legítima de nuevos métodos de meditación deberá siempre tener presente que el encuentro de dos libertades, la infinita de Dios con la finita del hombre, es esencial para una oración auténticamente cristiana”. A modo de conclusión: un cristiano puede usar métodos de meditación, pero solo para buscar en esa paz el encuentro con Dios, que a su vez lo invita a salir y a comprometerse para mejorarse y mejorar el mundo que lo rodea.