JUDAISMO - AUTOR: TZVI BAR ITZJAK

Tiempo de meditación

Concluido el Pésaj, los judíos transitan un período para reflexionar especialmente sobre cómo desarrollar sus características más positivas.
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Hace pocos días, acompañando al adagio de la tradición judía que enseña que "en cada generación todo individuo debe verse a sí mismo como si hubiese salido de Egipto", terminamos el festejo del Pésaj, la fiesta de la libertad. Un detalle interesante vincula el calendario con la educación y tiene que ver con el hecho de que la ley hebrea ordena que desde la segunda noche de la Pascua se comienzan a contar los días que faltan para la festividad de Shavuot en la que conmemoramos la revelación de los 10 Mandamientos que Dios otorgó a la humanidad. Acorde con la tradición judía todo padre debe enseñar a su hijo el amor a Dios a través del estudio e interpretación de estas 10 máximas que son la base de convivencia de la sociedad.
La enumeración de esos días se denomina "la cuenta del Omer" y constituye el lazo espiritual que inicia la práctica de la libertad y la ejercitación de ella para recibir el sustento que será La Torá, que significa educación. Para el judaísmo existe una amalgama inalienable de libertad y educación, como caras de una misma moneda, ya que se arriba a la libertad plena mediante el crecimiento del alma y del intelecto para construir un mundo con paz y justicia.
En el período en el que se hace la cuenta del Omer, se observan las costumbres del duelo hebreo, ya que también se rememora la época en la que una plaga mató a 24.000 alumnos del gran maestro Rabi Akiva, sabio de la época talmúdica. Pero al día 33 de esta cuenta se festeja el Lag Baomer, la jornada en el que la calamidad llegó a su fin.
Este día coincide en el calendario gregoriano con el domingo 18 de mayo. Por eso, esta fecha es de alegría y las reglas del duelo son suspendidas.
El período del Omer en general es considerado una etapa de crecimiento interno, destinado a que cada uno desarrolle sus características positivas, a través de un camino donde los puntos fuertes son la meditación y la reflexión. Se me ocurre pensar que el modoen como el ser humano puede seguir siendo dinámico y creativo es continuar madurando y creciendo. Perder esa capacidad, sea la edad que sea, es trágico.
Crecer y cambiar significa vivir, y no simplemente existir. Y la diferencia es grande.