Tiempos de oportunidades y desafíos

Por: Consejo de Pastoral Educativa

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En las Sagradas Escrituras, existe una frecuente relación entre el número 40 y los periodos de preparación, espera y cambio.

Empezamos las clases presenciales junto al tiempo litúrgico que llamamos Cuaresma. La palabra “cuaresma” viene del latín “quadragesima dies”, que literalmente significa “cuadragésimo día” y hace referencia al periodo de 40 días entre el Miércoles de Ceniza y el Domingo de Ramos, en que comienza la Semana Santa.

El Papa Benedicto XVI decía: “Se trata de un número que expresa el tiempo de espera, de purificación, del regreso al Señor y de la conciencia de que Dios es fiel a sus promesas”. Por lo cual, podemos vivir el regreso a la presencialidad con coordenadas cuaresmales, como un tiempo en el que el Señor nos invita a “Escucharlo” y a tener una especial ductilidad para llevar a cabo los “cambios” necesarios para acompañar pastoralmente a los jóvenes de nuestras escuelas de una manera nueva y creativa.

El año pasado la virtualidad permitió, en el caso de los más pequeños que se conectaban junto con sus padres, llevar adelante una pastoral familiar en donde los niños participaban de los encuentros catequísticos junto con sus padres. Así fue que una dificultad se convirtió providencialmente en una oportunidad.

Este año nos esperan desafíos para la catequesis y la pastoral educativa. Seguramente muchos agentes pastorales escolares estén discerniendo como acompañar a los alumnos en su vida de Fe sin espacios como campamentos, retiros o misiones que solíamos llevar a cabo. Sin embargo, podemos encontrar en las limitaciones oportunidades para creativamente ayudarlos a encontrar en la espiritualidad cristiana las respuestas a las más hondas preguntas y búsquedas que cada uno lleva en su vida.

Quizás la tentación que debamos evitar es la de una “pastoral de mantenimiento”, haciendo un “mínimo” hasta que esta coyuntura pase y volvamos a lo que estábamos acostumbrados.

De la pandemia podemos salir mejores, nos dice el Papa Francisco, también en lo que respecta a la evangelización de nuestras escuelas replanteando y repensando “lo mismo de siempre” por “la novedad” que el Espíritu Santo puede suscitarnos y que sinodalmente podemos encontrar.