Un caso que dividió a la Iglesia

Por: Sergio Rubin

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Por Sergio Rubin

El caso Grassi siempre dividió a la Iglesia entre los que lo consideraron culpable y los que creían en su inocencia. Como la cuestión era tan polémica, la cúpula del Episcopado decidió encargarle a un destacado penalista, Marcelo Sancinetti, un estudio del caso tras lo cual concluyó que el sacerdote era inocente.

Fuentes eclesiásticas dijeron que el pedido a Sancinetti -que volcó su trabajo en cuatro voluminosos tomos- nunca tuvo el propósito de defender la inocencia de Grassi, sino de hacer un aporte a la justicia ante un caso tan resonante por la repercusión que tuvo la denuncia.

Acaso por lo controvertido internamente que resultaba el tema llevó al obispo de Morón, Luis Eichhorn, del cual depende Grassi, a dilatar el juicio eclesiástico, cuyo veredicto es determinante para disponer o no la expulsión expulsión del sacerdote del ejercicio de su ministerio.

Eichhorn apeló al argumento de que no era conveniente avanzar decididamente en el juicio eclesiástico mientras estaba actuando la justicia para no aparecer interfiriendo, un criterio aceptado por los canonistas, aunque no necesariamente de observancia obligatoria.

Ahora, con el fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, las instancias judiciales se cumplieron y todo indica que el proceso interno se acelerará, Por el bien de la Iglesia, es importante que concluya rápidamente.